Nació ella
cuando se inventaron las flores.
El jardín anunciaba la rosa
esculpida por las gotas de rocío
y las hojas aprendían a mirar
en el vaivén repentino de sus ojos.
Fue en otro hemisferio
al pie de cordilleras no nacidas
donde las estrellas
cambian sus nombres
y las estaciones
viven con intensidad sus climas.
Creció ella
con el signo espiritual de la nieve
marcada en las fronteras de su piel.
Nieve que sería derretida más tarde
por el fragor de mis manos toscas.
Fue en este hemisferio
donde aprendió a volar libremente
hasta alcanzar el beso del ave
en su propio espacio natural
donde el amor le dio otros ojos
y una nueva vida para amar.
Luis Campó
(Perú, 1962)







