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Un hombre de verdad

1 mar

Post 199 - Un hombre de verdad

“Ser hombre es un lugar de sufrimiento inútil”.
(Gunter Grass)
 

“Pelea como un hombre”, “Los hombres no lloran”, “No seas maricón”, “Los hombres sólo quieren sexo”, “Pórtate como un hombre”, son sólo algunas de las frases más comunes que los varones, desde temprana edad, escuchan constantemente como parte del entrenamiento social y cultural que hará de ellos unos representantes de ese modelo de masculinidad que el sistema patriarcal ha establecido como única posibilidad para ser hombre.

Hace unas semanas atrás, en la entrada de una estación de bus, vi a un niño que lloraba ruidosamente mientras su mamá trataba de calmarlo. Luego ella se acercó a la taquilla, ubicada a unos metros, para realizar un pago y el niño siguió llorando aún después de que el vigilante de la estación, que estaba parado a su lado, le dijo con una sonrisa incómoda: “No llores porque los hombrecitos no lloran”. En ese momento no pude evitar cierta molestia al notar el terrible significado de esa frase tan común y aparentemente inofensiva, pero no por eso menos atroz, que muestra cómo, desde pequeños, los varones viven día a día, durante todas sus vidas, un aprendizaje duro, agotador y doloroso, que busca convertirlos en hombres de verdad.

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Se busca un hombre masculino y viril

Es común pensar que la virilidad es una característica innata en el hombre, es decir, que ellos, por el solo hecho de tener pene y hormonas sexuales masculinas son dueños de rasgos tales como agresividad, fortaleza, poder, potencia o valor, los cuales, según el diccionario, son sinónimos de lo viril.

Sin embargo, la virilidad es, al igual que el género, una construcción histórica, ya que no existe un componente esencial en el interior del hombre, sino que la forma de serlo está determinada socialmente y va cambiando con el tiempo o varía de acuerdo a cada cultura.

Por un lado, esto explicaría por qué en las últimas décadas, han comenzado a aparecer grupos de hombres que critican el patriarcado y van creando formas alternativas, más justas y equitativas, de ser varón (repartición de las tareas del hogar, relaciones de pareja igualitarias y no violentas, participación activa en la crianza de los hijos, etc).

Por otro lado, un ejemplo de la masculinidad como creación cultural podría encontrarse en los rituales homosexuales que se practican en Melanesia en los que varones púberes mantienen contacto sexual con otros hombres adultos como parte de una ceremonia de iniciación. Al recibir el semen en sus cuerpos, son reconocidos como hombres, es decir, poseedores de una masculinidad que en su entorno es admirada, mientras que algo semejante en una cultura occidental sería asociado inmediatamente con la feminización del púber y descartado como un ritual de masculinización.

Según el sociólogo Michael S. Kimmel, esta nueva perspectiva con respecto a la virilidad, entendida como construcción histórica, abre una posibilidad que sigue siendo considerada imposible para muchos, pero que a nosotras nos resulta prometedora: “los hombres pueden cambiar, tanto individual como colectivamente”.

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Cómo ser un hombre de verdad en cuatro pasos

A pesar de los avances sociales y culturales que han abierto la posibilidad de nuevas formas de actuar y pensar para muchos representantes del sexo masculino, el modelo predominante de cómo ser hombre en nuestra cultura –es decir, la llamada masculinidad hegemónica occidental- sigue estando vigente en pleno siglo XXI.

¿Pero cuáles son esas características que debe poseer uno para ser considerado un hombre de verdad? Según el psicólogo Robert Brannon el modelo de masculinidad hegemónica se puede resumir en base a cuatro características:

1) La masculinidad es un repudio de lo femenino.

2) La masculinidad se mide por el poder, el éxito, la riqueza, la posición social y las mujeres atractivas (quienes también son vistas como bienes o posesiones) con las que uno se relaciona.

3) La masculinidad prohíbe mostrar emociones o sentimientos.

4) La masculinidad se basa en la osadía varonil y en la agresividad.

Aunque parezca increíble todos estos rasgos podemos encontrarlos repetidamente en productos de la cultura popular y la industria del entretenimiento como comerciales, series de televisión, canciones, y demás.

#1: No seas maricón

La masculinidad dominante podría resumirse en una consigna básica y elemental: ser hombre significa no ser una mujer, esto quiere decir no actuar, pensar o hablar como alguien del mal llamado “sexo débil” lo haría. Por supuesto, bajo esta perspectiva, una mujer es identificada en base a un estereotipo según el cual ella es dueña de una sensibilidad a flor de piel, capaz de brindar ternura y cuidados, un ser modesto y cortés, tímido y limpio.  Si el mandato fundamental para todo hombre es no ser como una mujer, él no debe mostrar, bajo ninguna circunstancia, estas cualidades pues de hacerlo pondría en duda su masculinidad.

 

De este repudio de lo femenino, se deriva la homofobia porque el hombre gay es asumido como un ser feminizado, o alguien que siente deseo por otros hombres y que quisiera ser mujer, por lo tanto se comporta como tal y por ende, debe ser repudiado por los hombres ya que encarna todos los miedos de éstos.  Aquí encontramos nuevamente que el estereotipo domina la percepción masculina: el gay es amanerado o afeminado y su existencia es una amenaza que atenta contra la hombría colectiva de los hombres de verdad.

La homofobia, el miedo de verse como una mujer o como un hombre gay, está presente de manera constante y latente en las relaciones que los hombres establecen entre ellos. Cada uno de los representantes del sexo masculino necesita sentir que sus pares lo reconocen como un hombre de verdad, por eso la masculinidad es una aprobación homosocial, es decir que se desarrolla entre hombres en su interacción social, por ejemplo, entre los amigos, los compañeros de trabajo y las figuras de autoridad como los padres y los jefes. Es así que los hombres cumplen un rol de “policía de género” y ponen a prueba, todo el tiempo, la hombría de sus pares.

 

#2: Hombre todopoderoso

Otro de los requisitos esenciales de la masculinidad se basa en el poder, el éxito, la riqueza, la posición social y las mujeres atractivas que uno conquista.

Pero el poder de un hombre de verdad, con respecto a otros hombres, también se mide por cuán cerca se está del modelo ideal masculino: blanco, heterosexual, joven o adulto de clase media. En sólo 32 segundos, este comercial de Paco Rabanne resume al hombre todopoderoso en su máxima expresión.

 

Otro ejemplo más local es el caso de muchos videos musicales de reggaeton, como este de Wisin y Yandel, en donde ambos ostentan todas las cualidades que un hombre todopoderoso posee.

 

#3: Los hombres no lloran

Un verdadero representante del sexo masculino jamás muestra debilidad, flaqueza o fragilidad, ya que eso sería comportarse como una mujer, es decir, ser un afeminado. Así que por más que se encuentren ante eventos de gran tensión emocional, como una ruptura amorosa, es preferible fingir una sonrisa para ocultar las lágrimas, tal como ocurre en esta popular canción de The Cure.

 

#4: Pórtate como un hombre

La osadía, la agresividad y la competitividad son las características fundamentales de la virilidad. Sin ellas, cualquier hombre corre el riesgo de ser visto por sus pares como gay. Por eso un verdadero hombre, por ejemplo, debe ser atrevido en su acercamiento a las mujeres (como se muestra en este comercial de Brahma) y además debe competir de manera agresiva contra cualquier otro hombre que se cruce en su camino (como podemos ver en los comerciales de Burger King y Coca Cola).

 

 

 

+ Homofobia, temor, vergüenza y silencio en la identidad masculina. Michael S. Kimmel. Theorizing masculinities, editado por Harry Brod y Michael Kaufman. California (Estados Unidos), 1994.

Abajo el amor (romántico)

14 feb
Abajo el amor.

Abajo el amor.

El amor romántico nos ha invadido. Desde hace más de dos siglos se inmiscuye en nuestras relaciones de pareja y no nos permite establecer vínculos más libres.  Nos impone roles represivos (tanto para mujeres como para hombres), nos incita a abandonar lo que somos y en lo que creemos, nos ata a una sola persona para toda la vida, nos obliga a creer en los cuentos de hadas y en el final feliz, cuando en realidad las relaciones humanas son mucho más complejas y presentan infinitos matices.

Pero, ¿cuáles son las características del amor romántico? ¿Cuáles son los mitos que los fundamentan? ¿Cómo es que llegó a convertirse en el modelo de amor más aceptado hoy en día?

Estas dudas que rondaban en mi cabeza se resolvieron cuando leí a Coral Herrera y rápidamente me convertí en una de sus seguidoras desde que tuve la suerte de tropezar con su blog El rincón de Haika.

Nunca me he enamorado antes y creo que soy una persona bastante afortunada por eso, pues cuando era adolescente el único modelo de amor que conocía es el romántico. Realmente creía que esa era la única forma de amar y que definitivamente así es cómo debía ser el amor, tal como lo describían las canciones, las películas y las novelas que consumí en mi niñez y en mi adolescencia.

Ahora, que ya soy adulta, el feminismo y los estudios de género me han ofrecido una percepción más clara del amor romántico y una visión más amplia de las relaciones humanas. Poco a poco me siento más preparada para poder llevar una relación igualitaria y libre. Me siento capaz de disfrutar más el momento, sin ataduras. Mi mirada se ha agudizado, y ahora es más sencillo para mí reconocer ciertos patrones de conducta fomentados por el amor romántico y por los mitos en los que éste se basa, los cuales abordaré en este artículo.

Estar enamorado es…

Princesa y principe

Si bien el amor romántico se establece como modelo ideal recién en el siglo XIX, ya en el siglo XII se podían observar sus primeros indicios como una variación del amor cortés. Éste se caracteriza por estar protagonizado por miembros de la nobleza, es decir, sólo los aristocráticos podían aspirar al amor. Usualmente el enamoramiento se iniciaba de manera unilateral por parte del caballero: él admiraba a la distancia a su amada, quien comúnmente estaba casada.

Varios siglos después, en el XIX, cuando surge el romanticismo se comienza a ligar el amor,  la sexualidad y el matrimonio como elementos inseparables entre sí.  El amor romántico es una mezcla de deseo emocional y sexual, y se caracteriza por la renuncia  y el olvido de uno mismo, la exclusividad emocional y sexual, y el carácter incondicional y de durabilidad (es para toda la vida). Cabe mencionar que el amor romántico influenció de manera más intensa a las mujeres, porque les ofrecía una forma de liberación dado que representaba la promesa de la felicidad eterna al lado de la pareja perfecta.

Aunque ambos tipos de amor mantienen algunos puntos en común me gustaría centrarme en uno de ellos: la pasividad de la mujer. En el amor cortés, ella es una noble quien representa la perfección física y moral, la que espera que su caballero realice hazañas para ganar sus afectos. En el amor romántico, ella es la princesa sumisa, débil y dulce, cuyo mayor sueño es casarse y ser feliz para siempre.

Los ingredientes mágicos del amor

Para Herrera el amor romántico se ha configurado de acuerdo a ocho mitos, que han resistido el paso del tiempo y en la actualidad se utilizan como “reglas” para establecer nuestras relaciones de pareja. Para analizar este tema pensé en utilizar diversos tipos de material artístico (series, películas, novelas, etc.), pero al final me decidí por las baladas y el pop en español que escuchaba en mi niñez y en mi adolescencia. Los invito a escuchar atentamente estas canciones e identificar cuántos mitos logran hallar en cada una de ellas.

1. Mito de la media naranja

Es uno de los mitos más difundidos, se basa en la creencia de que hay alguien predestinado para cada uno de nosotros y que sólo con esa persona nos sentimos completos.

En este tema de los 90, Fey nos enseña algunos de los sinónimos para referirse a su media naranja (mi complemento, mi otra mitad). Aunque le faltaron un par: alma gemela y el indicado para mí, supongo que no podía emplear tantos sinónimos en el estribillo de esta canción.

Tú, mi complemento, mi media naranja.
Yo te quiero sin cruzar palabra.
Si esto no es un sueño, eres mi otra mitad.
 

2. Mito de la exclusividad

Es la creencia de que el amor sólo se puede sentir por una sola persona pues vemos a nuestras parejas como propiedades privadas.

En esta canción, Paulina Rubio sabe que comparte un hombre con otra mujer, pero a pesar de esto aclara que él le pertenece, aunque sea a medias. Lo más sabio aquí sería aplicar la ley salomónica. ¿Qué mitad de tu amante prefieres, Paulina?

Mío, ese hombre es mío.
A medias pero mío, mío, mío.
Para siempre mío.
Ni te le acerques, es mío.
Con otra pero mío, mío, mío.
Ese hombre es mío.
 
3. Mito de la fidelidad
 

Tal como lo define Coral Herrera, este mito se basa en la “creencia de que todos los deseos pasionales, románticos y eróticos deben satisfacerse exclusivamente con una única persona”.

En esta balada, una sufrida Alejandra Guzmán lamenta haber mantenido relaciones sexuales con un muchacho paliducho y escuálido, todo lo contrario a su antiguo amante, quien por lo visto era un típico ejemplo del macho latino. Según ella, sólo su ex puede satisfacerla sexualmente.

 

Hacer el amor con otro, no, no, no.
No es la misma cosa, no hay estrellas de color rosa.
No destilan los poros del cuerpo,
ambrosía salpicada de te quiero.
Hacer el amor con otro no, no, no.
Es como no hacer nada, falta fuego en la mirada,
falta dar el alma en cada beso
y sentir que puedes alcanzar el cielo.

4. Mito de la perdurabilidad

Este mito se basa en la creencia de que el amor es eterno y que resiste el paso del tiempo.

Ricardo Montaner está tan enamorado que cree que seguirá amando a su pareja hasta después de la muerte. Su amor incluso va en contra de las leyes del  tiempo y del espacio.

Y te haré compañía
más allá de la vida,
yo te juro que arriba
te amaré más.
 

5. Mito del matrimonio o convivencia

Este mito se fundamenta en la idea de que el matrimonio es la última y la más grande prueba de amor. Si realmente estás enamorado no tienes otra opción más que casarte.

En este tema, Reyli nos muestra de manera explícita cómo el mito del matrimonio abarca varios de los ya mencionados antes (fidelidad, exclusividad y perdurabilidad). No hay duda de que Reyli cree en el amor romántico como base para el matrimonio tal como lo expresa en esta canción en la que el romanticismo está presente en todo su esplendor.

Cásate conmigo, amor. 
Caminemos de la mano,
cásate conmigo hoy,
quiero estar siempre a tu lado.
Eres el amor de mi vida,
cásate conmigo. 

6. Mito de la omnipotencia

Según este mito, el amor lo puede todo. A menudo se utiliza este recurso en las películas clásicas de Disney: la princesa sólo podrá ser salvada de una terrible maldición si recibe un beso de “verdadero amor”.

Laura Pausini está convencida de que su amor incondicional es lo único que necesita para regresar con su ex. Aunque en ningún momento sepamos cómo se siente el susodicho al respecto, ella sabe que volverán a ser pareja.

Volveré junto a ti, pues te quise y te quiero.
Volveré junto a ti, para siempre hasta el fin,
volveré porque en ti queda parte de mí.
 
7. Mito del libre albedrío
 

Este mito se fundamenta en la creencia de que nuestros sentimientos no son influenciados por la sociedad en la que vivimos, como si el amor no fuese una construcción cultural. Establece además el amor como un sentimiento incontrolable que sobrepasa la voluntad humana.

Para Alejandro Sanz no hay fuerza más grande que la del corazón, la cual se clava en el pecho de los enamorados cual flecha de Cupido: el sentimiento amoroso es espontáneo, inevitable e inmediato.

Y es la fuerza que te lleva,
que te empuja y que te llena,
que te arrastra y que te acerca a Dios.
Es un sentimiento, casi una obsesión
si la fuerza es del corazón.
Es algo que te lía, una descarga de energía
que te va quitando la razón,
te hace tropezar, te crea confusión,
seguro que es la fuerza del corazón.

8. Mito del emparejamiento

Mediante este mito se establecen las relaciones de pareja, es decir, de dos en dos, como algo natural.

El amor que siente Gianmarco es tan grande que sólo tiene ojos para su pareja, como si no existiese nadie más en el mundo.

Somos dos:
yo, el mar; y tú, la luna,
descubriendo
amor en la penumbra.
Somos dos
en un mismo universo,
compartiendo los dos el mismo sueño.
 

+ Los mitos del amor romántico en la cultura occidental. Coral Herrera Gómez.

Madre antes que mujer

25 ene

Post 174 - Madre antes que mujer

“Se nos dice que como tenemos ovarios,
haremos la sopita de fideos
o lavaremos el excusado,
y que además lo haremos por instinto”.
Marcela Lagarde.
 

“Madre solo hay una”, “El amor de una madre es incondicional”, “Primero soy madre antes que ser mujer” son sólo algunas de las frases más populares en torno a la maternidad. Y es que en la construcción del género femenino se ha establecido que las dos cosas más importantes en la vida de una mujer son ser madre y ser esposa, es decir, vivir para los otros.

Cocinar, limpiar, cuidar, planchar y lavar son tareas que a lo largo de la historia se han asumido como instintivamente femeninas, como si las mujeres lleváramos este saber en nuestros genes, y muestra de ello son los innumerables comerciales de televisión protagonizados por una mujer, madre y ama de casa, que está dedicada física, emocional y mentalmente al cuidado de sus hijos, de su esposo y de su hogar.  Envuelta en un ambiente ideal y dueña de una ternura y una paciencia infinitas, las mamás de la televisión son nuestro punto de partida para analizar el mito de la maternidad en los anuncios publicitarios.

Por un lado, padres, familiares y amigos, ante mi negativa o mi falta de entusiasmo  por convertirme en madre, han argumentado más de una razón a favor de la maternidad y una de las más repetidas es: “dejarás de ser egoísta porque tu prioridad será tu hijo”.

Este argumento sobre la maternidad, tan arraigado en el imaginario popular, forma parte de la idealización que existe acerca de este rol femenino, y un buen ejemplo de ello son los comerciales de detergente, aceite, electrodomésticos y otros productos relacionados con las tareas del hogar. Pero si lo que quieren los demás es animarme, al ver estos anuncios publicitarios que muestran ese excepcional amor maternal, el efecto es el contrario: me quedo siempre con una sensación de fastidio y horror.

Mujeres esclavizadas a las tareas domésticas, que siempre realizan con una sonrisa extasiada en el rostro; adictas a la limpieza, llenas de una satisfacción orgásmica ante la blancura perfecta de la ropa de su familia; esposas y madres que necesitan, por sobre todas las cosas, la aprobación de sus esposos y de sus hijos.

 Pero, ¿qué pasa si yo no quiero vivir para los otros?

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El mejor trabajo del mundo

Según la antropóloga mexicana Marcela Lagarde, la vida de las mujeres está regida por dos ejes fundamentales: lo materno y lo conyugal, dos funciones íntimamente relacionadas y que determinan los roles de género (madre y esposa) que ellas usualmente realizan.

Como ya explicamos en un post anterior ser madre implica no sólo tener la capacidad para reproducirse, sino también la aptitud innata para  realizar una serie de labores consideradas propias de nuestra naturaleza, gracias al supuesto instinto maternal que habita en cada una de nosotras.

Es así que el trabajo doméstico, al ser asumido como una labor para la cual las mujeres están dotadas de manera natural, pierde su valor o carece de él y no es considerado un oficio propiamente dicho. Como Lagarde afirma,  “si el trabajo doméstico lo realizo en mi casa, es amor, instinto maternal, cuidado de los hijos, entrega obligada, buena educación o feminidad. Pero si realizo ese mismo trabajo en otra casa, como una actividad pagada, inserta en el mercado de trabajo y legitimada como tal, este genera una relación social diferente que en ningún caso es parte de mi cuerpo, de los instintos o de la naturaleza”.

Irónicamente,  un reciente comercial de Procter & Gamble nos muestra que ser mamá es, por un lado, el trabajo más difícil del mundo, y por el otro, es el mejor trabajo del mundo, aunque no sea remunerado, no ofrezca vacaciones, su horario completo supere las 8 horas al día, y no sea reconocido por la sociedad como tal. Pero su cualidad de “mejor” radica en la mayor recompensa que la madre recibe: la felicidad de su hijo.

Apelando al lado emocional, este anuncio busca realzar la figura de las madres como base fundamental del desarrollo de sus hijos, pero si miramos un poco más allá no es difícil darse cuenta que ellas viven por y para sus hijos, entregando su tiempo, su esfuerzo y su dedicación para que ellos puedan lograr sus metas. ¿Pero es que acaso el único propósito de una madre es que sus hijos alcancen sus objetivos?  ¿Y dónde están las metas de ella, sus sueños? ¿Cuándo los realizará si solo se dedica a servir a sus hijos?

En otro anuncio publicitario, en este caso un afiche realizado por el aniversario de la Universidad de San Martín de Porres, se emplea una idea similar: bajo el lema “cumplimos 50 años siendo testigos de que el éxito de nuestros alumnos también es el de sus padres”, la imagen nos muestra a una madre, vestida con toga y birrete, sirviéndole café a su hijo, quien se ha quedado dormido mientras estudiaba.

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Este es otro ejemplo de cómo en el mundo patriarcal en el que vivimos, ser madre significa que la mujer deja de ser un sujeto para convertirse en un objeto al servicio de otros, sus hijos.  Ella es solo una proyección de su hijo, los logros de él son los suyos, ella no necesita tener metas ni sueños propios, ¿para qué? Si tiene un hijo que anhela, sueña, actúa y realiza sus metas personales: él es un sujeto pleno capaz de realizarse, ante la mirada orgullosa de una madre satisfecha.

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Nada como el amor de mamá

En los comerciales de televisión el estereotipo de mamá es llevado al extremo: usualmente se trata de una mujer joven, atractiva, vestida impecablemente a pesar de dedicarse a la limpieza constante de su hogar. Siempre sonriente, amable y cariñosa, su mayor dilema es cómo lidiar con las tareas de la casa y el cuidado de sus hijos. Por eso, productos como este suavizante para ropa, le dan lo que ella necesita.

También es común que el amor maternal sea comparado con que tan bien realiza la mamá tal o cual tarea doméstica: mientras más blanca quede la ropa, más le demuestra ella a sus hijos que los quiere, porque ella “lava con potente cariño”.

En algunos casos, esta representación es idealizada a través del empleo de frases en las que la labor de cocinar y servir la mesa es disfrazada bajo expresiones como “llevar la felicidad a la mesa”, o el aprendizaje y esfuerzo al cocinar no requiere de trabajo alguno, es el amor el que la guía hasta el sabor perfecto.

En este otro comercial podemos encontrar nuevamente esta idealización de la mamá como una persona servicial, cuyo único interés es hacer feliz a su familia. “Mi mamá puede hacerlo todo”, dice el niño del anuncio, sí, puede hacer todo para los demás y hasta le queda tiempo para crear versos sin mucho esfuerzo como este: “en la cocina y en la mesa, siempre La Danesa”.

 

+ Identidad de género. Marcela Lagarde. Curso ofrecido en Managua (Nicaragua), 1992.

(*) Este post fue escrito por Nina Nin y Ren Murasaki.

Sólo ellas en el escenario

16 ene

En el año 1603, en el lejano Japón, la sacerdotisa Izumo no Okuni comenzó a realizar un nuevo estilo de danza dramática a orillas del río, marcando así la pauta para la creación de lo que se conocería como teatro Kabuki. Éste se popularizó con rapidez y comenzaron a surgir muchos grupos, todos compuestos por mujeres expertas en este arte que interpretaban tanto roles masculinos como femeninos.

Sin embargo, en el año 1629, el shogun Tokugawa Iemitsu prohibió que las mujeres participaran del teatro Kabuki para combatir la prostitución, debido a que gran parte de ellas se dedicaban a ofrecer servicios sexuales fuera de escena. Aunque la intención inicial era destruir esta forma de arte, su popularidad ya se había extendido, es por ello que desde esta fecha el elenco para las obras del teatro Kabuki está compuesto únicamente por hombres.

Casi tres siglos después, en el año 1914, Ichizo Kobayasahi, dueño de una importante compañía de ferrocarriles, funda el Takarazuka Revue -y más adelante, la escuela de música adjunta a ésta -modo de atracción para los turistas. Contraponiéndose al tradicional teatro Kabuki, Ichizo decide fundar esta compañía musical compuesta solo por mujeres.

Cada año la Escuela de Música Takarazuka acoge exclusivamente a jovencitas de 15 a 18 años y las entrena rigurosamente para que brillen en el escenario. Durante dos años se les instruye en diversos tipos de danza y demás artes escénicas. Al finalizar sus estudios se les asigna a una de las cinco compañías según sus habilidades (Flor, Luna, Nieve, Estrella y Cosmos).

Con trajes coloridos, maquillaje extravagante y bailes al más puro estilo de Hollywood, el Takarazuka Revue ha logrado capturar el corazón de muchas personas, mayoritariamente mujeres, tanto en su país natal como alrededor del mundo.

Jugando a ser mamá

28 sep
 
Vamos siendo preparadas y educadas,
desde que nacemos,
para la procreación y la maternidad”.
(Marcela Lagarde)
 

Bebés de plástico que hablan, parpadean, roncan, lloran y duermen, y niñas que corren a atenderlos mientras sus madres sonríen satisfechas, al ver cómo sus hijas se preparan para ser futuras mamás.

Eso es lo que nos muestra la publicidad dirigida a las niñas más pequeñas quienes, en algunas ocasiones, apenas llegan a los cinco años.  ¿Pero por qué las tareas de crianza se convierten en la diversión exclusiva de las niñas? ¿Jugar con estas muñecas, cada vez más parecidas a bebés reales, es acaso una manera de prepararte para cumplir con uno de los mandatos primordiales de tu condición como mujer: ser madre?

Nuestra niñez estuvo libre de muñecas, al menos de las que tenían forma de bebé. En cambio, los estantes de nuestro cuarto estaban llenos de animales de peluche o de plástico, compañeros de aventuras que salían con nosotras a la calle o que, sobre la cama, se convertían en valientes personajes capaces de volar por el cielo raso, navegar mares en barcos piratas hechos de cartón y estar listos para sentarse a nuestro lado, cuando mamá o papá gritaban: ¡Ya está lista la cena!

En vez de recluirnos en casa, arrullando a un bebé de mentira, paseábamos en bicicleta; en lugar de cambiar pañales vacíos, nos divertíamos corriendo y jugando con otros niños; en vez de preparar la comidita para nuestro pequeño, elaborábamos elíxires hechos en base a hojas y flores de colores.

Desde niñas nos negamos a ejercer el rol de mamá, y si bien en ese entonces no nos cuestionábamos por qué todos los juguetes para niñas tenían que ver con la crianza de bebés y con las tareas domésticas, ahora sabemos que tras la aparente inocencia de estos objetos infantiles, se esconden instrumentos de manipulación: armas que nos preparan para cumplir el rol de madres al que estamos destinadas las mujeres.

Las pequeñas mamás de hoy

No hay duda que, en el mercado de los juguetes para niñas pequeñas, las muñecas bebés ocupan un lugar privilegiado desde hace varias décadas. Cada tienda tiene reservado para ellas  un pasillo color de rosa, donde las muñecas aguardan silenciosas a que sus futuras dueñas-mamás las elijan y las lleven a casa para convertirlas en sus hijas.

Adiestradas por sus propias madres y motivadas por la publicidad dirigida a ellas, estas niñas aprenden que criar un bebé es divertido, aunque requiera cada minuto de su tiempo, incluso si esto las deja agotadas: la tarea de ser mamá nunca termina. Desde que se levantan hasta que se acuestan, el centro de su atención es su bebé y todos los cuidados que este requiere.

Bajo una apariencia inocente y tierna, los comerciales de muñecas hacen uso de melodías o canciones infantiles, cuyas letras en realidad revelan el objetivo oculto detrás de estos juguetes: enseñar a las niñas a cuidar a un bebé. Recluidas en una habitación, las pequeñas comparten sus primeros saberes maternos y aprenden juntas la función que cumplirán en el futuro.

Cada vez más sofisticados y con características que los asemejan a bebés reales, hoy en día estos juguetes requieren de mayores cuidados, por eso estas niñas tienen que seguir al pie de la letra el consejo de sus madres y cumplir con una rutina diaria que cada vez parece menos un juego.

¿Pero por qué los bebés son juguetes reservados para las niñas? ¿Acaso estas muñecas nos atraen porque activan el supuesto instinto maternal que llevamos dentro? ¿O será que ellas simplemente son herramientas para el adoctrinamiento de los roles de género que la sociedad nos inculca desde temprana edad?

 

Más que una muñeca: un bebé

Quizá para poder entender lo que estos comerciales reflejan sea necesario ahondar un poco en la condición de género femenino. Este es un concepto relacionado con un tema que abordamos en un post anterior: al nacer se nos otorga un género (femenino o masculino) y el pertenecer a este implica que tenemos ciertas cualidades y aptitudes innatas.

De acuerdo a esto, el género femenino ha sido determinado en base a su capacidad para reproducirse, por ello la maternidad es el rol primordial de una mujer. O al menos eso se creía hasta el surgimiento de las teorías contemporáneas de género, ocurrido hace poco más de medio siglo.

¿Pero qué implica ser mamá? Significa no solo producir otros seres en nuestro cuerpo, sino también ocuparnos del cuidado de ellos. Se supone que, para lograr esto, estamos dotadas de un instinto maternal que nos permite llevar a cabo la crianza de los hijos y las tareas domésticas de una manera que ningún hombre podría. Y es que supuestamente nosotras, tan solo por el hecho de ser mujeres, sabemos de manera natural barrer, cocinar, lavar, planchar, cuidar y otras actividades similares.

Sin embargo, y tal como afirma Marcela Lagarde, desde que nacemos las mujeres somos preparadas y educadas para la procreación y para la maternidad. Los comerciales de muñecas son una muestra tangible de ello.

Basta prestar atención a lo que dice este tipo de publicidad para darnos cuenta que estamos ante algo más que simples juguetes. Más que una muñeca, un bebé, afirma la voz en off del comercial de Baby bebé, mientras que la de Lucy La Le Lu entona dulcemente la frase Aprende a cuidar con amor a un bebé, y en el aún más explícito aviso publicitario de Little Mommy se usa el eslogan Para las pequeñas mamás de hoy.

Como podemos observar estos tres comerciales tienen varios puntos en común: todos ellos se desarrollan en las habitaciones de las niñas, espacios privados reservados únicamente para ellas y en donde la única presencia adulta es la de la mamá; los bebés requieren un cuidado intensivo que ocupa todo el tiempo disponible de estas niñas (tal como escuchamos en el aviso de Little Mommy: la diversión no tiene descanso); estas muñecas y sus accesorios son el único tipo de juguete que tienen estas niñas; la actitud de las pequeñas manifiesta una búsqueda obsesiva de la perfección: son mamás que viven pendientes de sus hijos.

Felizmente, frente a esta pesadilla publicitaria color de rosa, existen niñas como Riley, que no se dejan engañar por lo que los comerciales le dicen: ella elige lo que realmente le gusta.

+ Identidad de género. Marcela Lagarde. Curso ofrecido en Managua (Nicaragua), 1992.

(*) Este post fue escrito por Nina Nin y Ren Murasaki.

¿Hombrecito o mujercita?

29 jun

Sobre una cama, una mujer embarazada y un hombre conversan acerca del futuro sexo del bebé por nacer: él, con una sonrisa en los labios, cree que su hijo será varón y ya está pensando cuál sería el nombre ideal; mientras que ella, con seguridad, afirma que su vástago será mujer.

Pero de pronto, el bebé elige lo que quiere ser y aunque esta elección no revele su género sino más bien su profesión, este comercial fue el punto de partida para ponerme a pensar en esa famosa pregunta que todo futuro padre o madre, en algún momento, escucha: ¿será hombrecito o mujercita?

Parece ser que cuando te acercas a los 30 años eres presa de una nueva moda (que nunca pasa de moda): tener hijos. Sino díganmelo a mí que, últimamente y cada vez con más frecuencia, veo cómo, una a una, amigas o personas que conozco usan las redes sociales para anunciar sus embarazos o presentar a sus flamantes bebés en innumerables fotografías.

Pero mientras los demás a mi alrededor se reproducen, yo comienzo a preguntarme qué es ser mujer y qué es ser hombre y qué rol cumplen nuestros padres en la formación de nuestra identidad de género.

Y la pregunta del millón es…

Hace unos meses atrás fui por primera vez a un baby shower y poco después, en un almuerzo, fui testigo de una conversación que para muchos futuros padres debe ser bastante común. Luego de que un compañero de trabajo comentara que su esposa estaba embarazada, alguien le hizo la pregunta del millón: ¿y qué va a ser: hombrecito o mujercita? Él respondió que no sabía, que era muy pronto todavía para que pudiera verse el sexo del bebé en una ecografía.

En un principio, la definición del género de cada persona se basaba en ciertas características sexuales y corporales, como por ejemplo, la presencia de determinados órganos genitales (pene o vagina), lo cual daba como resultado que el bebé sea denominado hombre o mujer, según fuese el caso; asignándosele así el género masculino o femenino, respectivamente. Se consideraba entonces que, por naturaleza, estas son las dos únicas opciones genéricas.

Sin embargo, las teorías contemporáneas de género, que surgieron poco antes de la segunda mitad del siglo XX, proponen algo diferente: para ellas, ser hombre o ser mujer no es una cualidad natural sino más bien una categoría histórica. Es decir que, no porque tengamos un cuerpo de mujer, nuestro destino natural es ser madres, hacer las labores domésticas y ejercer un rol pasivo en nuestra vida sexual, ideas estas, entre otras, que han predominado en culturas como la nuestra.

El género, lo femenino y lo masculino, es construido a lo largo de la historia y en cada cultura, a partir de las características sexuales: los seres humanos son clasificados y de acuerdo a sus cuerpos se les otorga roles sociales y formas de comportamiento que deben cumplir. Pero nada de esto es natural, sino que es una creación sociocultural.

Si en la actualidad predomina la idea de la existencia de dos únicos géneros (masculino y femenino) es porque en sociedades donde existían más diversidad de géneros se impuso la organización social en torno a esos dos. Pero que este sistema genérico se haya generalizado y sea el dominante en todas o casi todas las culturas del mundo, no significa que sea producto de la naturaleza: ser hombre o ser mujer no es un hecho natural, es algo que nos enseñan a ser desde que nacemos y abrimos los ojos por primera vez.

¿Yo puedo ser lo que quiera ser?

Desde que nace, (tu hijo) ya puede ser lo que quiera, es el eslogan de este comercial sobre un seguro para fondo universitario, pero luego de leer a Marcela Lagarde, me pregunto una y otra vez en qué medida la influencia familiar, social y cultural ha influenciado en mi identidad de género. Porque si en realidad no nacemos mujer u hombre sino que aprendemos a serlo, el rol que cumplen nuestros padres es fundamental: ellos son los primeros que nos enseñan cuál es nuestro género y cómo debemos comportarnos de acuerdo a él.

Esto último queda ejemplificado en la importancia que tiene para los futuros padres saber el sexo del bebé antes de su nacimiento. Muchos dirán que conocer este dato sirve para ir eligiendo el nombre o para comprar la ropa adecuada para cada uno. Así, si es niña será todo rosa y si es varón todo azul, aunque también se pueden emplear colores unisex (amarillo y verde, por ejemplo), tal como indican las páginas web especializadas en bebés.

Precisamente, este tema de la ropa cobró una importancia trascendental cuando fui a comprar el regalo para el baby shower. Al acercarme a la zona de bebés de un supermercado, habían dos estantes separados: por un lado, estaba la ropa de hombrecito, que  tenía trencitos y avioncitos y predominaba el azul; mientras que al otro lado, estaba la ropa de mujercita, la cual tenía maripositas y florecitas y predominaba el rosado.

Parece que las marcas de ropa de bebé tienen muy claro que solo existen dos géneros y que a cada uno de ellos le corresponde determinados colores y figuras con los cuales se van a identificar sí o sí. Y los padres, primeros maestros en el arte de encasillarnos en uno de estos dos géneros, siguen pensando que a sus hijos, naturalmente, les gustará esto o aquello.

+ Identidad de género. Marcela Lagarde. Curso ofrecido en Managua (Nicaragua), 1992.

El amor romántico es una ficción

2 jun

Cuando en 1950, una revista norteamericana le pidió, a Robert Doisneau, imágenes que retrataran a parejas de enamorados en París, al fotógrafo francés no se le ocurrió mejor idea que hacer una colección llamada Besos.

Doisneau tampoco pudo imaginar que El beso, una de las fotos que componía esta serie, se convertiría en la más importante de su carrera, no sólo por la popularidad que trajo consigo sino también por el juicio que cuatro décadas más tarde el artista galo tendría que enfrentar debido a ella.

Una pareja de jóvenes enamorados besándose en los labios, en la mejilla, con pasión o con ternura, en medio de las calles parisinas y ante la mirada curiosa de los transeúntes; así son las imágenes que Doisneau fotografió por ese entonces y El beso contiene los mismos elementos: un par de muchachos que interrumpe su caminar para unir sus labios, él gira su cabeza hacia ella, quien inclina el rostro para recibir ese beso apasionado que pasaría a la historia como una representación del amor romántico y de París como la ciudad del amor.

Y es que el plus adicional de esta imagen era que todos pensaron que esta foto había sido espontánea y Doisneau no lo negó: él había tenido la habilidad de capturar ese instante, ese beso “espontáneo” protagonizado por dos estudiantes de arte dramático, a quienes el fotógrafo había conocido en un café y que habían aceptado posar para él.  Ese era su más grande secreto profesional, que quedaría al descubierto años más tarde, desmitificando así el amor romántico que esta imagen representaba a la perfección.

Fue en 1993, cuando Françoise Bornet, la chica que aparece en la famosa foto, reclamó parte de las ganancias que este retrato había generado a lo largo de cuatro décadas. Sólo entonces, Doisneau confesó todo: no sólo presentó, ante un jurado, la serie de fotos tomada a la misma pareja en diferentes lugares de París, sino que comprobó que les había pagado a ambos actores por su trabajo.

Isla, mujeres y poesía

9 mar

Safo (Amanda Brewster Sewell,1896)

Eran las primeras décadas del siglo V a. C.  cuando en la isla griega de Lesbos, la poetisa Safo fundó una escuela llamada Casa de las servidoras de las Musas y se convirtió en maestra de un grupo de jóvenes mujeres, a quienes les enseñaba poesía, música, danza y filosofía.

Inspirada por Afrodita, la diosa del amor, la poetisa, además de darles importantes lecciones a sus jóvenes alumnas, también se divertía con ellas enseñándoles el arte del placer.

A partir de los escritos poéticos que aún se conservan, en los que Safo hablaba, con intensidad y emoción, de la belleza de las mujeres y proclamaba su amor por ellas, se pudo deducir que la maestra mantenía relaciones íntimas con varias de sus discípulas.

Sensual, lírica y espiritual, hoy en día esta poetisa, dueña de una libertad creadora sin límites, es considerada la primera lesbiana de la Historia y un símbolo del amor entre mujeres.

Fue recién a finales del siglo XIX, cuando la palabra lésbico, lesbiano o lesbianismo, términos que derivan de Lesbos (el nombre de la isla), comenzó a emplearse para describir las relaciones sexuales o eróticas entre mujeres.

Cuando la Bella se enamora de la Bestia

14 feb

Bella es una humilde, hermosa y amable joven que, con tal de proteger la vida de su padre, sacrifica su libertad y sus sueños al convertirse en prisionera de la horrible, violenta y dominante Bestia. Pero la magia de Disney no tarda en convertir esta terrible historia en un cuento de hadas en el que ella, al parecer presa del síndrome de Estocolmo, se enamora de él.

Con el cine me pasa lo mismo que con la literatura: cuando vuelvo a ver una película o a leer un libro después de varios años encuentro cosas que antes ni siquiera había intuido que estaban ahí. Ahora que he vuelto a ver La Bella y la Bestia de Disney me ha pasado exactamente eso.

Hace más de dos décadas atrás mis ingenuos ojos de niña de 8 años sólo encontraron en esa historia la conocida moraleja que dice que la belleza está en el interior, pero ahora mi mirada de mujer al borde de los 30 años sólo encuentra algo inquietante que se repite a lo largo de toda la película: la violencia de género.

La belleza está en el interior

La Bella y la Bestia, al igual que otros cuentos de hadas tradicionales de Europa, posee muchas versiones, pero el filme de Disney se basa en una de las más difundidas, escrita por la francesa Jeanne-Marie Leprince de Beaumont en 1757.

Esta historia, aunque presenta ciertas variaciones, mantiene los elementos esenciales del cuento original: Bella es una joven de origen humilde y de espíritu soñador -que vive con Maurice, su padre, en un pequeño pueblo – y cuyos atributos más destacables son la gran belleza que posee y su gusto por la lectura.

Cierta noche, tras encontrarse perdido en medio del bosque, Maurice se refugia en un enorme castillo que parece estar abandonado.  Sin embargo, al entrar descubre que allí vive la Bestia, un horrible ser que de inmediato lo recluye en una celda. Bella no tarda en ir en busca de su padre y, al verlo encerrado en los calabozos del castillo, decide ofrecer su vida a cambio de la de él. Es así que ella se convierte en prisionera de la Bestia, que en realidad es un joven y apuesto príncipe, víctima de la maldición de una hechicera, que lo castigó por ser una persona egoísta y cruel.

La única manera de romper el hechizo es que el príncipe ame a alguien y que su amor sea correspondido, antes de que cumpla 21 años. ¿Pero quién podría amar a un ser tan monstruoso como él? ¿Quién podría ver que la belleza de la Bestia está en su interior? Pues nada más y nada menos que Bella, quien ha llegado justo a tiempo para convertirse en la salvación de la Bestia, y de paso para enseñarnos que el amor se forja en base a jaloneos, gritos, órdenes, amenazas y demás ejemplos de violencia verbal, física y psicológica.

La violencia está en el exterior

Sí, Disney nos vendió bien este cuento: La Bella y la Bestia era un ejemplo de que  la belleza está en el interior y -siendo niños-  creímos que esa era la gran moraleja oculta detrás de la película. Pero lo cierto es que no estábamos preparados para ver la violencia de género explícita que compone la base del argumento de esta supuesta historia de amor dirigida al público infantil. Ahora ya más grandes, podemos ver más allá de lo evidente, y encontrar escenas que se acercan más a las de un caso de abuso doméstico o de secuestro que a las de un cuento de hadas con final feliz.

Para comenzar, Bella es la representación de la mujer buena y sacrificada que siempre piensa en los demás antes que en ella misma: salva a su padre ofreciendo su propia libertad a cambio y luego, en un intento fallido por escapar del castillo, cura las heridas de la Bestia a pesar de los maltratos que ha sufrido por parte de este. Es decir, pierde la única oportunidad que tenía de huir para volver al encierro al que él la ha confinado. Es así que poco a poco, guiada por su irremediable bondad y su ilimitada paciencia, ella es capaz de ver en su captor la amabilidad y la generosidad que se esconden detrás de un ser malo y ruin, tal como lo expresa en esta canción:

¿Acaso Bella no es el ejemplo de muchas mujeres que creen que su amor es capaz de transformar a un ser brutal y agresivo, como sus parejas, en un ser bondadoso que aprende a amar?  Ella salva a la Bestia de la muerte, pidiéndole a gritos que no la abandone en un acto que parece guiado más por la necesidad de sentirse protegida -por la costumbre de ser maltratada o por el miedo a estar sola- que por amor.

Luego tenemos a la contraparte de esta historia: la Bestia, un ser iracundo y prepotente, cuya monstruosidad no se encuentra solo en su apariencia sino en su interior. ¿Cuál es la supuesta belleza que Bella tiene que encontrar en él si lo único que recibe de su captor –al menos durante la primera parte de la película- son agresiones de todo tipo, desde gritos hasta jaloneos y amenazas?

La Bestia es una representación acertada del hombre que, víctima de algún sufrimiento –en este caso una maldición- descarga su ira contra los demás -en especial contra su prisionera- y no se hace responsable por las consecuencias de su mal genio. Se supone que el público infantil debe sentir compasión y hasta simpatía por él. Porque después de todo, es un pobre príncipe convertido en monstruo, aislado del mundo y con graves problemas psicológicos.

La Bella y la Bestia no es más que una justificación de la violencia de género, tanto por parte del que la ejerce como de quien la sufre. Mientras el personaje masculino transforma su tristeza en una furia descontrolada, el carácter del personaje femenino raya en los extremos de la tolerancia y la devoción.

* Y si todavía no crees que La Bella y la Bestia es un ejemplo de violencia contra la mujer, después de escuchar esta canción de Porta -un rapero español que se inspiró en este cuento de hadas para contarnos una terrible historia de abuso y maltrato- prepárate para decirle adiós a una de las películas que marcaron tu niñez.

Aquí está la letra de la canción, que por cierto vale la pena leer.

+ Título: La Bella y la Bestia (Beauty and the Beast). Directores: Gary Trousdale y Kirk Wise. Guión: Linda Woolverton. Género: Animación/Infantil  País: Estados Unidos.  Año: 1991.

Rosario y sus tijeras vengadoras

30 ene

Fotograma de la película «Rosario Tijeras»

A Rosario la vida
no le dejó pasar ni una,
por eso se defendió tanto,
creando a su alrededor
un cerco de bala y tijera,
de sexo y castigo, de placer y dolor”.
 

Ella es la más brava del barrio, sus besos son mortales y nunca se enamora. Sabe disparar, pero sobre todo sabe usar las tijeras para vengarse del hombre que la violó.

Ella es Rosario Tijeras, protagonista de la novela que lleva su nombre.

Hace unas semanas, mientras paseaba por el Facebook, encontré la foto de una pared anónima en la cual alguien había escrito una frase que decía algo así como tijeretazo para el violador o tijeras contra el agresor, en referencia clara a la castración física como pena contra los violadores. Dicen que las paredes hablan y debe ser cierto, porque esta vez sentí que esa pared me estaba hablando a mí con el único fin de recordarme que tenía una deuda pendiente con Rosario Tijeras.

 Dos meses atrás me había prometido a mí misma que escribiría un artículo acerca de ella y sus tijeras vengadoras. Felizmente mi deuda con Rosario era literaria y no corría el riesgo de ser una de sus víctimas, porque si hay algo que ella sabe hacer bien es vengarse.

 

Fotograma de la película «Rosario Tijeras»

 

 Muñeca brava

 «Como a Rosario le pegaron un tiro a quemarropa mientras le daban un beso, confundió el dolor del amor con el de la muerte», con estas líneas el escritor colombiano Jorge Franco inicia la historia de uno de los personajes más conocidos de la literatura y la cultura popular colombiana: Rosario Tijeras.

 En medio de un barrio marginal de Medellín y teniendo como trasfondo la narcocultura y el mundo de los sicarios, Franco nos narra la historia de una niña como muchas otras, que en medio de la pobreza y la delincuencia es víctima de la violencia: primero es abusada sexualmente a los 8 años por su padrastro, para luego ser violada a los 13 por un par de vecinos. Pero esta vez, Rosario renuncia a su papel de víctima y decide tomar la justicia en sus propias manos. Pocos meses después del ataque, ella planea fríamente su venganza: con seductores engaños y aprovechando que uno de sus atacantes parece no reconocerla, invita a éste a entrar a su casa y luego de desnudarlo, coge las tijeras de costura de su madre y corta de raíz el mal para siempre, destruyendo el arma de su agresor.

 Es entonces cuando surge la leyenda y todos en el barrio comienzan a llamarla Rosario Tijeras, apodo con el que luego sería conocida también años más tarde al convertirse en sicaria.

 

Menos rosarios y más tijeras

 En épocas como las nuestras, en que las violaciones impunes contra niñas y mujeres parecen haberse convertido en cosa de todos los días, un personaje como Rosario Tijeras no puede ser otra cosa que una heroína.

 Ella es una mezcla explosiva de femme fatale -típica fantasía masculina- y asesina a sangre fría, pero su personalidad es mucho más compleja: también es frágil y firme, temerosa e impulsiva, salvaje y sensible. Rosario es puta, asesina y drogadicta, pero al mismo tiempo es valiente, fuerte e independiente, cualidades éstas últimas que suelen atribuírseles a los personajes masculinos.

 A medida que uno va conociéndola mejor, se da cuenta que la Tijeras estaba predestinada para el crimen, su terrible pasado la persigue y la envuelve en un círculo vicioso del cual parece imposible salir. Por eso es tan fácil quererla y admirarla, y perdonarle todos sus pecados porque ella no nació para ser santa.

 Con una fuerza a prueba de balas, día a día Rosario pelea con la vida y a veces ella misma se convierte en la muerte, una especie de parca violenta y compasiva, que antes de dispararle en el estómago a su víctima de turno, siempre le da un sensual beso de despedida en los labios.

*Rosario Tijeras es tan popular que además de la canción de Juanes, se han hecho una película y una serie en su honor.

+ Título: Rosario Tijeras. Autor: Jorge Franco. Género: Novela. País: Colombia Año: 1999. 

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