Y disfruta contigo misma.
«Tus juegos al despertar»
21 sep
Ilustración de Sheila Alvarado
Sí, te gusta. Mientras te secas el cabello y las gotas de agua fría caen por tu cuerpo desnudo, la ves: aún en cama, cubierta hasta el mentón. Ha puesto un codo sobre las costillas y la palma de la mano bajo un pómulo. Sus párpados cerrados se mueven, como si estuviera en un sueño ligero. Coges la toalla y la frotas sobre tus hombros, despacio, crees que una fricción mayor podría despertarla. El reloj dice que son las 6:57, en tres minutos sonará la alarma y al abrir sus ojos podrás posar tu aliento fresco en sus labios, humedeciéndolos suavemente, decirle buenos días y alguna frase elegante, y quitarle las frazadas para calentar tu cuerpo mientras despiertas el suyo.
«Hardcore»
20 ago
Chambre Close (Bettina Rheims,1991)
Desde aquí puedo decir:
estoy lamiendo tus nalgas con desenfreno.
Y las tías, puaj, y las muchachas, puaj,
y nadie sabe qué sentir.
Entonces te volteo
y continúo
lamiendo
con desenfreno.
Rocío Silva Santisteban
(Perú, 1963)
«Me hice el amor a mí mismo…»
14 may
Vali Myers (Ed van der Elsken, 1953)
Me hice el amor a mí mismo
en el espejo, besando mis labios,
me dije: «Me quiero,
te quiero, más que a nadie».
Allen Ginsberg
(Estados Unidos, 1926-1997)
Secretos femeninos made in Japan
9 abr
Confieso que nunca antes había leído literatura japonesa, y ha sido todo un placer haber comenzado con Yasunari Kawabata. El gran maestro de las letras niponas me ha dado la bienvenida y de su mano he entrado lenta y silenciosamente en cada una de las historias que forman parte de «Primera nieve en el Monte Fuji», un libro de cuentos que, en las últimas semanas, me ha acompañado durante largas horas de viaje en el bus y que ha sido una especie de curso básico de la contemplación.
Dueño de un lenguaje impregnado de poesía y creador de una intensidad que logra cautivar desde las primeras líneas, Kawabata dibuja imágenes en donde la naturaleza es mucho más que un simple elemento decorativo: después de leerlo es imposible caminar por la calle sin observar con detenimiento el movimiento de las hojas de los árboles a un lado de la vereda, la belleza de las flores en el jardín de las casas vecinas o el suave murmullo del viento que entra por la ventana del bus. Ese es uno de los rasgos que más me impresionó del maestro; el otro tiene que ver con la manera sutil y acertada en que dibuja el mundo femenino de las mujeres de su país.

La vida íntima de las mujeres japonesas
Una ama de casa solitaria y sensible que se siente atraída por su vecino, una ex pareja que se reencuentra después de varios años y una mujer que tiene una aventura con un estudiante mucho menor que ella, son sólo algunos de los personajes que protagonizan los cuentos de «Primera nieve en el Monte Fuji».
Son los primeros años de la década de los 50, los japoneses han perdido en la Segunda Guerra Mundial y la cultura occidental, representada por los Estados Unidos, comienza a influenciar la vida nipona. Teniendo como telón de fondo este contexto histórico, Kawabata se adentra en varios hogares de su país para mostrarnos no sólo cómo las costumbres japonesas se van transformando debido a la presencia norteamericana, sino también para retratar con agudeza la soledad de las mujeres, esposas y amas de casa, cuyos deseos son mucho más grandes que las cuatro paredes en las que viven.

Deseos silenciosos y secretos escandalosos
En estas historias, de aparente sencillez, se oculta un mundo interior femenino de gran riqueza, en donde el silencio y el secreto son las mejores armas para las mujeres casadas, cuya labor obligatoria como amas de casa parece sofocarlas y la única vía de escape posible es la pasión, el deseo oculto y latente que les inspiran otros hombres, que no son sus esposos, obviamente.
A través de simples escenas de la vida cotidiana, como salir a pasear por el jardín o viajar en tren, mezcladas con detalles aparentemente sin importancia, como la lectura de una noticia en el periódico o la caída de la nieve en un monte, los personajes de Kawabata, en este caso los femeninos, inspirados por la contemplación de la naturaleza -rasgo constante a lo largo de todos los cuentos del libro- dan inicio a conversaciones, se sumergen en recuerdos o prolongadas meditaciones. Su silencio se extiende y en sus palabras se ocultan bajo siete llaves sus sentimientos.
Como sucede en el relato En aquel país. En este país, donde Takako, una mujer casada siente una intensa atracción hacia su vecino, la cual es disfrazada por una correcta amabilidad que se apega a las costumbres sociales japonesas. Algo similar ocurre en el cuento que da nombre a este libro, en el cual Utako y Jiro se encuentran después de varios años y luego de mantener una charla acerca de cosas triviales, no pueden evitar recordar con dolor el motivo de su separación. Cuando el silencio interno se rompe y por fin logran expresar lo que sienten descubren la imposibilidad de su amor. Pareciera que sólo las palabras no dichas mantuvieran los sentimientos vivos.
Quizá el afán, de los personajes femeninos de Kawabata, por mantener en secreto sus deseos se explique en palabras de la señora Kiriko, protagonista del cuento Lo que su esposo no hacía, cuando le explica a su joven amante, un estudiante mucho menor que ella, porqué mantiene una aventura con él: “Tú no comprendes las restricciones y responsabilidades que tienen las mujeres de mi edad. Y ese sufrimiento contiene un secreto”.
+ Título: Primera nieve en el Monte Fuji. Autor: Yasunari Kawabata. Género: Narrativa. País: Japón. Año: 1959.
«Ceremonia solitaria en compañía de tu cuerpo»
21 dic
Fotografía de Alberto García-Alix
Penetro tu cuerpo tu cuerpo
de carne penetro me hundo
entre tu lengua y tu mirada pura
primero con mis ojos
con mi corazón con mis labios
luego con mi soledad
con mis huesos con mi glande
entro y salgo de tu cuerpo
como si fuera un espejo
atravieso pelos y quejidos
no sé cuál es tu piel y cuál es la mía
cuál mi esqueleto y cuál el tuyo
tu sangre brilla en mis arterias
semejante a un lucero
mis brazos y tus brazos son los brazos
de una estrella que se multiplica
y que nos llena de ternura
somos un animal que se enamora
mitad ceniza mitad latido
un puñado de tierra que respira
de incandescentes materias
que jadean y que gozan
y que jamás reposan
Jorge Eduardo Eielson
(Perú, 1924-2006)








