¿Hombrecito o mujercita?

29 Jun

Sobre una cama, una mujer embarazada y un hombre conversan acerca del futuro sexo del bebé por nacer: él, con una sonrisa en los labios, cree que su hijo será varón y ya está pensando cuál sería el nombre ideal; mientras que ella, con seguridad, afirma que su vástago será mujer.

Pero de pronto, el bebé elige lo que quiere ser y aunque esta elección no revele su género sino más bien su profesión, este comercial fue el punto de partida para ponerme a pensar en esa famosa pregunta que todo futuro padre o madre, en algún momento, escucha: ¿será hombrecito o mujercita?

Parece ser que cuando te acercas a los 30 años eres presa de una nueva moda (que nunca pasa de moda): tener hijos. Sino díganmelo a mí que, últimamente y cada vez con más frecuencia, veo cómo, una a una, amigas o personas que conozco usan las redes sociales para anunciar sus embarazos o presentar a sus flamantes bebés en innumerables fotografías.

Pero mientras los demás a mi alrededor se reproducen, yo comienzo a preguntarme qué es ser mujer y qué es ser hombre y qué rol cumplen nuestros padres en la formación de nuestra identidad de género.

Y la pregunta del millón es…

Hace unos meses atrás fui por primera vez a un baby shower y poco después, en un almuerzo, fui testigo de una conversación que para muchos futuros padres debe ser bastante común. Luego de que un compañero de trabajo comentara que su esposa estaba embarazada, alguien le hizo la pregunta del millón: ¿y qué va a ser: hombrecito o mujercita? Él respondió que no sabía, que era muy pronto todavía para que pudiera verse el sexo del bebé en una ecografía.

En un principio, la definición del género de cada persona se basaba en ciertas características sexuales y corporales, como por ejemplo, la presencia de determinados órganos genitales (pene o vagina), lo cual daba como resultado que el bebé sea denominado hombre o mujer, según fuese el caso; asignándosele así el género masculino o femenino, respectivamente. Se consideraba entonces que, por naturaleza, estas son las dos únicas opciones genéricas.

Sin embargo, las teorías contemporáneas de género, que surgieron poco antes de la segunda mitad del siglo XX, proponen algo diferente: para ellas, ser hombre o ser mujer no es una cualidad natural sino más bien una categoría histórica. Es decir que, no porque tengamos un cuerpo de mujer, nuestro destino natural es ser madres, hacer las labores domésticas y ejercer un rol pasivo en nuestra vida sexual, ideas estas, entre otras, que han predominado en culturas como la nuestra.

El género, lo femenino y lo masculino, es construido a lo largo de la historia y en cada cultura, a partir de las características sexuales: los seres humanos son clasificados y de acuerdo a sus cuerpos se les otorga roles sociales y formas de comportamiento que deben cumplir. Pero nada de esto es natural, sino que es una creación sociocultural.

Si en la actualidad predomina la idea de la existencia de dos únicos géneros (masculino y femenino) es porque en sociedades donde existían más diversidad de géneros se impuso la organización social en torno a esos dos. Pero que este sistema genérico se haya generalizado y sea el dominante en todas o casi todas las culturas del mundo, no significa que sea producto de la naturaleza: ser hombre o ser mujer no es un hecho natural, es algo que nos enseñan a ser desde que nacemos y abrimos los ojos por primera vez.

¿Yo puedo ser lo que quiera ser?

Desde que nace, (tu hijo) ya puede ser lo que quiera, es el eslogan de este comercial sobre un seguro para fondo universitario, pero luego de leer a Marcela Lagarde, me pregunto una y otra vez en qué medida la influencia familiar, social y cultural ha influenciado en mi identidad de género. Porque si en realidad no nacemos mujer u hombre sino que aprendemos a serlo, el rol que cumplen nuestros padres es fundamental: ellos son los primeros que nos enseñan cuál es nuestro género y cómo debemos comportarnos de acuerdo a él.

Esto último queda ejemplificado en la importancia que tiene para los futuros padres saber el sexo del bebé antes de su nacimiento. Muchos dirán que conocer este dato sirve para ir eligiendo el nombre o para comprar la ropa adecuada para cada uno. Así, si es niña será todo rosa y si es varón todo azul, aunque también se pueden emplear colores unisex (amarillo y verde, por ejemplo), tal como indican las páginas web especializadas en bebés.

Precisamente, este tema de la ropa cobró una importancia trascendental cuando fui a comprar el regalo para el baby shower. Al acercarme a la zona de bebés de un supermercado, habían dos estantes separados: por un lado, estaba la ropa de hombrecito, que  tenía trencitos y avioncitos y predominaba el azul; mientras que al otro lado, estaba la ropa de mujercita, la cual tenía maripositas y florecitas y predominaba el rosado.

Parece que las marcas de ropa de bebé tienen muy claro que solo existen dos géneros y que a cada uno de ellos le corresponde determinados colores y figuras con los cuales se van a identificar sí o sí. Y los padres, primeros maestros en el arte de encasillarnos en uno de estos dos géneros, siguen pensando que a sus hijos, naturalmente, les gustará esto o aquello.

+ Identidad de género. Marcela Lagarde. Curso ofrecido en Managua (Nicaragua), 1992.

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3 comentarios to “¿Hombrecito o mujercita?”

  1. Damian D'mon 4 julio, 2012 a 7:23 pm #

    Ahahaha excelente, y maravilloso el propio cuestionamiento que te haces, si sigues analizando te darás cuenta que no eres mujer, ni hombre, pues las definiciones de éstas son bastante estrictas y casi nadie calza del todo en ellas. Habemos quienes nos arrancamos del género, siendo todos y ninguno, teniendo todas las posibilidades de ser en las manos y en el gusto. El placer de existir no debe nunca ser regido por polos: a une niñe hay que enseñarle a ser libre y respetuosx con el resto, en vez de obligarlo a ser hombre o mujer.

    • Nina Nin 8 julio, 2012 a 1:24 pm #

      Damian, interesante todo lo que dices, me quedo con dos cosas: eso de que nadie calza completamente en lo que los roles de género implican y la posibilidad de liberarse del género y poder ser uno y ninguno al mismo tiempo.

      De hecho, este el primer artículo de muchos otros que pienso escribir mientras me sigo cuestionando a mí misma.

      Gracias por tu comentario! 🙂

Trackbacks/Pingbacks

  1. Jugando a ser mamá « Chicas Malas - 28 septiembre, 2012

    […] la condición de género femenino. Este es un concepto relacionado con un tema que abordamos en un post anterior: al nacer se nos otorga un género (femenino o masculino) y el pertenecer a este implica que […]

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