El amor después del amor

11 Feb

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Mientras que, desde hace varios años, las comedias románticas hollywoodenses siguen llenando la cartelera de historias color de rosa en donde el amor eterno y el final feliz son ingredientes obligatorios; un drama protagonizado por Ryan Gosling y Michelle Williams nos muestra el transcurso entre el enamoramiento y la ruptura amorosa y qué es lo que pasa cuando el amor de pareja no basta para ser felices por siempre.

Triste San Valentín es una de las pocas películas que he visto que, si bien parece tener todos los elementos propios de las comedias románticas, es diferente, principalmente por tres razones: primero, los personajes se alejan de los estereotipos de género (chica soñadora en busca del amor y chico mujeriego que huye del amor) tantas veces repetidos en filmes como  El diario de Bridget JonesLa cruda verdad y Contando a mis ex; en segundo lugar, la historia expone los problemas cotidianos en los que se puede ver envuelta una pareja (conflictos familiares, embarazos no deseados y encuentros sexuales fallidos); por último, y una de las cosas que más llamó mi atención, es que esta cinta no cree en finales felices ni en amores eternos.

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Realmente amor

Las comedias románticas del cine mainstream norteamericano tienen una fórmula sencilla que repiten una y otra vez, con leves variaciones, hasta el hartazgo: chica conoce chico, se enamoran, surge alguna dificultad que los separa, y en la escena final se reúnen para vivir felices y comer perdices. Triste San Valentín comienza a la inversa, en las primeras escenas del filme somos testigos de las discusiones cotidianas de un joven matrimonio y luego, en saltos al pasado, vamos descubriendo cómo se conocieron y se enamoraron, por qué se casaron y, sobre todo, cómo es que ahora parecen estar a punto de separarse. La historia regresa al presente y vuelve al pasado revisando los momentos más importantes de la relación de ambos para mostrarnos  cómo las consecuencias de sus decisiones han provocado que hoy se encuentren en crisis.

Dean (Ryan Gosling) es un muchacho que, aburrido de estudiar, ha abandonado la escuela secundaria para ponerse a trabajar en cualquier oficio que no requiera de preparación académica alguna. Es así cómo se convierte en embalador de mudanzas y, al realizar el traslado de un anciano a un asilo conoce a Cindy (Michelle Williams), una adolescente que está ahí visitando a su querida abuela. La atracción entre ambos es inmediata, aunque por más que él intenta invitarla a salir, Cindy parece estar preocupada por un incidente ocurrido con su enamorado.

Pero el carisma y la ternura de Dean no tardan en hacer que Cindy comience una relación con él. Rodeados de la música que él interpreta y los bailes que ella realiza en plena calle, ambos dan rienda suelta a su alegría compartida. Hasta ahí todo nos hace pensar que se trata de una comedia romántica más, pero la historia cambia cuando ella descubre que está embarazada. A partir de ese momento, Triste San Valentín se aleja del esquema típicamente romántico y aborda temas más complejos como el aborto, las familias disfuncionales y los desacuerdos y diferencias en la pareja.

Pero otro de los aspectos, además de las muy buenas actuaciones de Gosling y Williams, que logra una representación más cercana a la realidad, es que ambos personajes rompen con los esquemas: Dean es un hombre sensible que cree en el amor a primera vista, es un padre cariñoso y tiene una relación muy cercana con Frankie, la hija de ambos, no tiene interés alguno en ser exitoso económicamente y antes de conocer a su esposa era un chico solitario, lo más alejado del mujeriego empedernido que suele protagonizar las comedias románticas.  Por otro lado, Cindy no tenía como máximo sueño casarse y formar una familia, ella, desde muy joven, estuvo sumamente interesada en su desarrollo profesional. Ambos no concuerdan con el estereotipo masculino y femenino que las historias de amor cinematográficas replican una y otra vez.

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Final infeliz             

A través de escenas que tienen cierta conexión, la película logra una narración efectiva en la que un evento del presente trae a la memoria un suceso del  pasado y poco a poco vamos entendiendo mejor qué ocurre con este matrimonio en el que se percibe una tensión constante y una falta de contacto afectivo. Después de cinco años juntos, Dean es pintor de casas, Cindy trabaja como enfermera en un hospital y ambos se encargan de la crianza de su pequeña hija Frankie.

Para escapar de la rutina familiar, él decide invitar a su esposa a un motel y elige  una habitación que ofrece una decoración futurista. Este detalle resulta curioso, pues de alguna manera se muestran los tres tiempos: los recuerdos del pasado, las tensiones del presente y los conflictos que determinarán el futuro de la pareja. Entre las cuatro paredes de esa oscura habitación, saldrán a la luz los problemas que existen entre ambos y que irremediablemente harán que la separación sea la única salida para una relación que ya ha llegado a su fin.

+ Título: Triste San Valentín (Blue Valentine). Director: Derek Cianfrance. Guión: Derek Cianfrance, Cami Delavigne y Joey Curtis. Género: Drama.  País: Estados Unidos.  Año: 2010.

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Una respuesta to “El amor después del amor”

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  1. FeminiCine: películas y documentales feministas | Chicas Malas - 1 abril, 2015

    […] Triste San Valentín (Blue Valentine, 2010): Derek Cianfrance, Estados Unidos. […]

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