Un hombre de verdad

1 Mar

Post 199 - Un hombre de verdad

“Ser hombre es un lugar de sufrimiento inútil”.
(Gunter Grass)
 

“Pelea como un hombre”, “Los hombres no lloran”, “No seas maricón”, “Los hombres sólo quieren sexo”, “Pórtate como un hombre”, son sólo algunas de las frases más comunes que los varones, desde temprana edad, escuchan constantemente como parte del entrenamiento social y cultural que hará de ellos unos representantes de ese modelo de masculinidad que el sistema patriarcal ha establecido como única posibilidad para ser hombre.

Hace unas semanas atrás, en la entrada de una estación de bus, vi a un niño que lloraba ruidosamente mientras su mamá trataba de calmarlo. Luego ella se acercó a la taquilla, ubicada a unos metros, para realizar un pago y el niño siguió llorando aún después de que el vigilante de la estación, que estaba parado a su lado, le dijo con una sonrisa incómoda: “No llores porque los hombrecitos no lloran”. En ese momento no pude evitar cierta molestia al notar el terrible significado de esa frase tan común y aparentemente inofensiva, pero no por eso menos atroz, que muestra cómo, desde pequeños, los varones viven día a día, durante todas sus vidas, un aprendizaje duro, agotador y doloroso, que busca convertirlos en hombres de verdad.

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Se busca un hombre masculino y viril

Es común pensar que la virilidad es una característica innata en el hombre, es decir, que ellos, por el solo hecho de tener pene y hormonas sexuales masculinas son dueños de rasgos tales como agresividad, fortaleza, poder, potencia o valor, los cuales, según el diccionario, son sinónimos de lo viril.

Sin embargo, la virilidad es, al igual que el género, una construcción histórica, ya que no existe un componente esencial en el interior del hombre, sino que la forma de serlo está determinada socialmente y va cambiando con el tiempo o varía de acuerdo a cada cultura.

Por un lado, esto explicaría por qué en las últimas décadas, han comenzado a aparecer grupos de hombres que critican el patriarcado y van creando formas alternativas, más justas y equitativas, de ser varón (repartición de las tareas del hogar, relaciones de pareja igualitarias y no violentas, participación activa en la crianza de los hijos, etc).

Por otro lado, un ejemplo de la masculinidad como creación cultural podría encontrarse en los rituales homosexuales que se practican en Melanesia en los que varones púberes mantienen contacto sexual con otros hombres adultos como parte de una ceremonia de iniciación. Al recibir el semen en sus cuerpos, son reconocidos como hombres, es decir, poseedores de una masculinidad que en su entorno es admirada, mientras que algo semejante en una cultura occidental sería asociado inmediatamente con la feminización del púber y descartado como un ritual de masculinización.

Según el sociólogo Michael S. Kimmel, esta nueva perspectiva con respecto a la virilidad, entendida como construcción histórica, abre una posibilidad que sigue siendo considerada imposible para muchos, pero que a nosotras nos resulta prometedora: “los hombres pueden cambiar, tanto individual como colectivamente”.

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Cómo ser un hombre de verdad en cuatro pasos

A pesar de los avances sociales y culturales que han abierto la posibilidad de nuevas formas de actuar y pensar para muchos representantes del sexo masculino, el modelo predominante de cómo ser hombre en nuestra cultura –es decir, la llamada masculinidad hegemónica occidental- sigue estando vigente en pleno siglo XXI.

¿Pero cuáles son esas características que debe poseer uno para ser considerado un hombre de verdad? Según el psicólogo Robert Brannon el modelo de masculinidad hegemónica se puede resumir en base a cuatro características:

1) La masculinidad es un repudio de lo femenino.

2) La masculinidad se mide por el poder, el éxito, la riqueza, la posición social y las mujeres atractivas (quienes también son vistas como bienes o posesiones) con las que uno se relaciona.

3) La masculinidad prohíbe mostrar emociones o sentimientos.

4) La masculinidad se basa en la osadía varonil y en la agresividad.

Aunque parezca increíble todos estos rasgos podemos encontrarlos repetidamente en productos de la cultura popular y la industria del entretenimiento como comerciales, series de televisión, canciones, y demás.

#1: No seas maricón

La masculinidad dominante podría resumirse en una consigna básica y elemental: ser hombre significa no ser una mujer, esto quiere decir no actuar, pensar o hablar como alguien del mal llamado “sexo débil” lo haría. Por supuesto, bajo esta perspectiva, una mujer es identificada en base a un estereotipo según el cual ella es dueña de una sensibilidad a flor de piel, capaz de brindar ternura y cuidados, un ser modesto y cortés, tímido y limpio.  Si el mandato fundamental para todo hombre es no ser como una mujer, él no debe mostrar, bajo ninguna circunstancia, estas cualidades pues de hacerlo pondría en duda su masculinidad.

 

De este repudio de lo femenino, se deriva la homofobia porque el hombre gay es asumido como un ser feminizado, o alguien que siente deseo por otros hombres y que quisiera ser mujer, por lo tanto se comporta como tal y por ende, debe ser repudiado por los hombres ya que encarna todos los miedos de éstos.  Aquí encontramos nuevamente que el estereotipo domina la percepción masculina: el gay es amanerado o afeminado y su existencia es una amenaza que atenta contra la hombría colectiva de los hombres de verdad.

La homofobia, el miedo de verse como una mujer o como un hombre gay, está presente de manera constante y latente en las relaciones que los hombres establecen entre ellos. Cada uno de los representantes del sexo masculino necesita sentir que sus pares lo reconocen como un hombre de verdad, por eso la masculinidad es una aprobación homosocial, es decir que se desarrolla entre hombres en su interacción social, por ejemplo, entre los amigos, los compañeros de trabajo y las figuras de autoridad como los padres y los jefes. Es así que los hombres cumplen un rol de “policía de género” y ponen a prueba, todo el tiempo, la hombría de sus pares.

 

#2: Hombre todopoderoso

Otro de los requisitos esenciales de la masculinidad se basa en el poder, el éxito, la riqueza, la posición social y las mujeres atractivas que uno conquista.

Pero el poder de un hombre de verdad, con respecto a otros hombres, también se mide por cuán cerca se está del modelo ideal masculino: blanco, heterosexual, joven o adulto de clase media. En sólo 32 segundos, este comercial de Paco Rabanne resume al hombre todopoderoso en su máxima expresión.

 

Otro ejemplo más local es el caso de muchos videos musicales de reggaeton, como este de Wisin y Yandel, en donde ambos ostentan todas las cualidades que un hombre todopoderoso posee.

 

#3: Los hombres no lloran

Un verdadero representante del sexo masculino jamás muestra debilidad, flaqueza o fragilidad, ya que eso sería comportarse como una mujer, es decir, ser un afeminado. Así que por más que se encuentren ante eventos de gran tensión emocional, como una ruptura amorosa, es preferible fingir una sonrisa para ocultar las lágrimas, tal como ocurre en esta popular canción de The Cure.

 

#4: Pórtate como un hombre

La osadía, la agresividad y la competitividad son las características fundamentales de la virilidad. Sin ellas, cualquier hombre corre el riesgo de ser visto por sus pares como gay. Por eso un verdadero hombre, por ejemplo, debe ser atrevido en su acercamiento a las mujeres (como se muestra en este comercial de Brahma) y además debe competir de manera agresiva contra cualquier otro hombre que se cruce en su camino (como podemos ver en los comerciales de Burger King y Coca Cola).

 

 

 

+ Homofobia, temor, vergüenza y silencio en la identidad masculina. Michael S. Kimmel. Theorizing masculinities, editado por Harry Brod y Michael Kaufman. California (Estados Unidos), 1994.

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19 comentarios to “Un hombre de verdad”

  1. Dede Lamar (@dedelamar) 2 marzo, 2013 a 9:22 am #

    Excelente artículo! Sobre estos temas también vale la pena leer vocesdehombres.wordpress.com Ellos denuncian todo el peso que supone nacer con pene en nuestras sociedades.
    Muy bueno el post, saludos!

    • Nina Nin 2 marzo, 2013 a 12:13 pm #

      Dede:
      ¡Qué bueno que te haya gustado! Y gracias por compartir el link de ese blog con nosotras. A ver si lo recomendamos en nuestra sección “Malaslenguas”. 😉

  2. Maite 2 marzo, 2013 a 2:12 pm #

    muy bueno excelente se lo he compartido a cuanto hombre q me importe conosco, esta super

    • Nina Nin 2 marzo, 2013 a 10:16 pm #

      Maite:
      Se nota que te ha gustado este artículo, gracias por compartirlo. 😉

  3. Fiore 5 marzo, 2013 a 2:35 pm #

    Tengo un bb varón de 3 meses. Cuando quedé embarazada pensé que sería mujer y que juntas lucharíamos por un mundo más justo para nosotras pero cuando me enteré que sería hombrecito me di cuenta de lo difícil pero hermoso que será construir juntos un lugar mejor y más justo para ellos que son victimas también. Me encanta ser una chica mala criando un chico bueno http://www.facebook.com/pages/LA-TETA-ALTERADA/116626861693627?ref=hl

    • Nina Nin 5 marzo, 2013 a 4:51 pm #

      Fiore:

      Hermoso comentario el tuyo y difícil pero maravillosa tarea la que te propones en cuanto a la crianza de tu hijo. Tu rol es importante en cuanto a la transmisión de una perspectiva equitativa e igualitaria entre los géneros.

      A nosotras nos interesan mucho los temas relacionados a las masculinidades, así que estaremos publicando próximamente más posts al respecto.

      Tu blog lo he visitado alguna vez, es más, figura entre los que nos tienen como sus favoritas: https://soyunachicamala.wordpress.com/2013/01/02/a-quienes-les-gustan-las-chicas-malas/

  4. Valentina Rosselli 5 marzo, 2013 a 5:07 pm #

    ¿donde esta el comentario de “Almasyaf”?

    • Nina Nin 5 marzo, 2013 a 9:21 pm #

      Valentina:

      El comentario de Almasyaf no lo he aprobado debido a los insultos que contenía. Te aseguro que no te pierdes de nada, es el típico discurso iracundo y sin fundamento alguno de un machista.

  5. Miguel G. Lázaro 6 marzo, 2013 a 3:23 pm #

    Hola.

    Me ha gustado mucho el artículo, y me vienen a la cabeza bastantes reflexiones sobre el tema.

    La primera es que me da cierta pena que este tipo de escritos suelan provenir de plumas femeninas; no me sorprende, pero echo de menos a más varones escribiendo sobre el entorno en el que crecemos y se nos educa. Me apunto la web que has indicado y la visitaré, pero no puedo dejar de comentar que hace un par de años entré en contacto con una asociación de hombres por la igualdad de género, con intención de colaborar con ellos, pero al final lo dejé porque el proceso de inscripción era largo y tedioso, pedían una cuota que me pareció exagerada, y no terminé de ver para qué querían tanto dinero de los socios. Así que mi gozo en un pozo, y de momento sigo llevando mi cruzada en solitario 😉

    He vivido fuera de España durante un montón de años, y es curioso observar cómo en sociedades del Este tremendamente sexistas, o en el mundo árabe, los varones se besan, se cogen del brazo o de la mano y pasean así tan tranquilamente. En nuestra sociedad parece que el contacto físico entre hombres heterosexuales está prohibido, pero no deja de ser llamativo ese contraste entre los valores de una sociedad y los procesos de socialización, que a pueden parecer contradictorios.

    Desde luego, tenemos que ser valientes para que nuestros rebuznos se oigan en el ruido del rebaño, y luchar contracorriente contra esos comportamientos grupales que tanto contribuyen, sobre todo entre adolescentes, a generar esas actitudes machistas. Y lo que me deja alucinado, y ya termino, es esa corriente de opinión que se extiende sobre todo en ambientes “liberales” que considera que la igualdad ya está más que alcanzada y que el feminismo es poco más o menos que una pataleta “roja”. Es alucinante, pero prueba de que hay que seguir trabajando.

    Un saludo!

    • Nina Nin 6 marzo, 2013 a 7:37 pm #

      Miguel:

      Es cierto lo que mencionas: sería interesante escuchar (o leer) a hombres hablando de temas relacionados a masculinidades, desde su propia experiencia, quizás a manera de testimonio (es una buena idea para próximos posts).

      Por otro lado, esa idea de que la igualdad ya ha sido alcanzada y que el feminismo resulta obsoleto es bastante común y creo que se basa en la ignorancia con respecto a lo que este movimiento propone o quizá es producto de una mirada superficial a nuestra realidad: la violencia de género, en sus diferentes formas, está presente hoy en día a pesar de todos los logros alcanzados por las luchas de hace varias décadas.

      Gracias por contribuir, desde tu experiencia y en tu vida diaria, a que la igualdad se vaya construyendo de a pocos, nosotras estamos en eso también.

      Un abrazo,

      N.

      • Cecilio Morales 11 marzo, 2013 a 9:43 am #

        Tendré que bloguear sobre esto un día desde el punto de vista de un hombre. Mientras tanto, tomaría nota que ver la masculinidad como “repudio” es una percepción autoreferente de una mujer. A mi manera de ver, tanto la femineidad como la masculinidad son artefactos sociales, no biológicos, y responden a los papeles asumidos por una y otra parte en la mayoría de las sociedades desde hace como 20 mil años.

        Es decir, esa agresividad, por ejemplo, es lo que necesita el buen cazador si no quiere morirse de hambre (tanto él como los suyos). No es que los hombres se sentaron a complotar contra las mujeres.

      • Nina Nin 11 marzo, 2013 a 11:07 am #

        Cecilio:

        Ojalá te animes a escribir un artículo sobre este tema, y si lo haces, sería bueno que lo compartieras con nosotras para difundirlo a través de nuestra página de Facebook.

        Coincido contigo en que la masculinidad y la feminidad son construcciones sociales, y la primera es un repudio de la segunda, es decir, una se construye en comparación con la otra, ocupando ambas puntos opuestos o formando una dualidad contraria. Sin embargo, luego agregas que esa agresividad es una respuesta biológica del hombre y que ha estado presente desde los inicios de los tiempos, y ahí me parece que te contradices: primero la masculinidad era una cuestión social (o cultural) y luego se trata de puro instinto biológico. Quizás puedas aclararnos ese punto.

      • Cecilio Morales 12 marzo, 2013 a 12:21 pm #

        Nina:

        No hay contradicción. Dije que es una adaptación al menester de cazar; eso no es “una respuesta biológica” (la frase es tuya, no mía) sino un efecto social. Antecede a esa adaptación la decisión de que el hombre caza y la mujer planta. Eso es antropología, no biología. Hay quienes dice que hubieron otras divisiones de trabajo anteriormente.

  6. Frank Hooker 14 marzo, 2013 a 2:53 pm #

    Excelente artículo … permite atocuestionar ese modelo en el cuál hemos sido formado para ser hombres prefabricados, donde aquel que se salga de ese tradicional esquema ya es sometido a la discriminación … dejar de ser lo que el sistema obliga … ahí el principal reto ….

  7. Frank Hooker 14 marzo, 2013 a 2:56 pm #

    De paso, comparto una reflexión sobre este tema de qué nos hace ser hombres … http://frankhooker90.blogspot.com/2013/02/porque-soy-hombre.html

  8. rolandj 17 enero, 2015 a 4:21 pm #

    Por tradición los hombres desde siempre se habían vestido con faldas, solo hace 300 años que los obligaron a usar pantalón.
    El pantalón es la prenda menos adecuada para un hombre; el calzoncillo bóxer, hace las veces de férula en los genitales, (propiciando mal funcionamiento, y discapacidades), la costura central del pantalón maltrata, magulla e incomoda todo el tiempo los genitales; la correa o cinturón hace las veces de torniquete, y obliga al corazón a bombear la sangre con mayor esfuerzo, (para vencer la contracción que hace el torniquete), y por mala irrigacion sanguínea afecta: el aparato digestivo, el sistema urinario, el aparato reproductor. Ademas con el uso del pantalón el hombre ha terminado orinando de pie lo cual es totalmente antinatural. Las Faldas y los vestidos con faldas para los hombres son suprema-mente SALUDABLES, CÓMODOS Y CONFORTABLES. El pantalón, el calzoncillo ajustado, la costura central del pantalón, y la correa o cinturón, están promoviendo las enfermedades modernas de los hombres: IMPOTENCIA, ESTERILIDAD, PROBLEMAS DE LA PRÓSTATA Y POSIBLEMENTE CÁNCER DEL TESTÍCULO.
    Ninguna parte del cuerpo del varón se maltrata mas que los genitales.
    Por salud y comodidad mejor usar FALDAS O VESTIDOS CON FALDA
    Por cultura nativa y autóctona los hombres colombianos deberían vestirse con faldas; como los indígenas guambianos del cauca, que usan una falda azul a la rodilla; o como los wayuu de la guajira

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