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Ella baila sola

18 Ago
Post 253 - Ella baila solaCuando corría no tenía que hablar con nadie ni que escuchar a nadie.
Bastaba con contemplar el paisaje que me rodeaba y mirar hacia mi interior.
Eran momentos preciosos e insustituibles.
(Haruki Murakami, De qué hablo cuando hablo de correr).
 

Acabo de descubrir que la palabra soltera, además de significar “no casada”, también significa “suelta o libre” y desde hace varios meses –luego de haber terminado una larga relación de pareja- yo ando suelta y libre disfrutando de lo mejor de estar soltera: el haber recuperado y redescubierto mi soledad.

Quizás a veces sólo hace falta mirar las mismas cosas con otros ojos para tener una nueva perspectiva de lo que ocurre dentro y fuera de nosotras. Digo esto porque si bien mi triste soledad –acompañada de literatura, música y cine- durante mi adolescencia fue sinónimo de refugio contra el mundo exterior; ahora mi alegre soledad –acompañada de literatura, música y cine- es sinónimo de hogar en el que exploro mi mundo interior.

La idea de escribir acerca de estar sola vino a mí de repente en las últimas semanas, y es que sucede que –mientras meditaba al amanecer, corría por el parque de mi casa, escribía poemas en el microbús, leía a Murakami echada en mi cama, disfrutaba de mis encuentros sexuales conmigo misma, caminaba por las calles vespertinas, bailaba como loca en el baño o paseaba en bicicleta bajo la lluvia nocturna- la soledad me asaltaba de pronto y fue entonces cuando comencé a preguntarme qué significaba para mí estar sola ahora y por qué, para sorpresa mía, lo disfrutaba tanto.

Creo que tiene que ver esencialmente con la época que estoy viviendo, una en la que, luego de la tormenta propia de una ruptura sentimental, he encontrado la calma que me ha permitido enfocarme nuevamente en mis tres autos favoritos: el autoconocimiento, la autoestima y la autonomía. Ahora el eje de mi vida es la creación artística y el desarrollo de mis dos proyectos (Chicas Malas y otro blog -lleno de amor propio femenino- que pronto estrenaré) y la prioridad de mis días es, como diría Murakami, “repartir ordenadamente el tiempo y las energías” para hacer realidad mis sueños y, por supuesto, para darle a mi cuerpo, mi mente y mi espíritu todo el cuidado y cariño que se merecen.

Tal vez ese sea el motivo por el cual las actividades que realizo acompañada de mí misma se multiplican a medida que me doy cuenta de cuánto disfruto estando sola. El silencio y la ausencia de otra persona alrededor me da el poder de conectarme con mis pensamientos, mis deseos y mis emociones sin testigo alguno: libre de otras miradas puedo desnudarme en cuerpo y alma ante mí misma. Y aunque parezca contradictorio, a medida que disfruto más de mi soledad, me gustan más los momentos que comparto con otras personas. Y es que me gusta bailar sola a mi propio ritmo, pero también me gusta danzar con otros y aprender nuevos pasos.

Soy feliz

26 Jul

Post 242 - Soy felizMi vulva guarda un tesoro oculto, entre sus labios se encuentra una pequeña perla que al tocarla me hace explotar de placer.

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Hoy tengo ganas de mí. 7 historias de masturbación femenina

 

Mi grito no es de dolor

21 Jul

Post 241 - Mi grito no es de dolor

Con amor para todas las mujeres que están aprendiendo a amarse a sí mismas.

“Yo no sufro, no se crea,
mi grito no es de dolor,
voy a agarrar a las penas
y voy a cambiarles el color”.
(Paloma del Cerro)
 

No es la primera vez que al conversar con algún amigo sobre mi reciente ruptura sentimental (con una persona con la que compartí mi vida durante los últimos seis años), note cierto tono condescendiente o incrédulo en él cuando le digo que el término de esa relación fue lo mejor que pudo pasarme. Esto ocurre cuando hablo con hombres sobre el tema, mas no cuando lo hago con mujeres, quienes usualmente -quizás inspiradas en sus propias experiencias- suelen creer en mi palabra.

Esta actitud masculina me hizo pensar en que quizá el motivo de la desconfianza de ellos esté relacionado con la razón de la ruptura: la infidelidad de mi ex pareja. Y es que en una sociedad machista como la nuestra se premia socialmente la infidelidad masculina -cosa muy opuesta a lo que ocurre con la femenina-, se valora positivamente al hombre infiel por su supuesta capacidad viril para estar con dos mujeres al mismo tiempo o por la facilidad con que -una vez puesto al descubierto- parece reemplazar a una por otra, como si nosotras fuésemos objetos o trofeos que determinan el valor que él tiene ante la mirada de sus pares masculinos.

En esta dinámica, las mujeres que somos engañadas pasamos a ser las víctimas: las que han sido lastimadas, abandonadas y reemplazadas; y por ello el paternalismo suele aflorar en los hombres, quienes nos ven como las que lo perdieron todo. Es verdad que el descubrir que él me era infiel fue algo doloroso y yo opté por hablar de mis pensamientos y sentimientos al respecto una y otra vez con las personas más cercanas a mí; es cierto que al inicio reprimí mi rabia por un tiempo hasta que decidí liberarla, corriendo el riesgo de convertirme en una histérica, ya que según el modelo patriarcal en el que vivimos es mejor que nosotras callemos y que experimentemos el dolor a solas y en silencio. Pero cuando por fin me di permiso para sentir lo que sentía, pude expulsar de mí la rabia contenida y llamar así a la calma que hoy siento.

Hablar sobre experiencias como ésta no nos hace más vulnerables, nos hace más honestas: verbalizamos nuestros pensamientos y le damos voz  a nuestras emociones. Hablar de ello no tiene nada de malo, el pasado es nuestro punto de referencia: de él aprendemos en qué nos equivocamos y qué cosas no queremos repetir en el futuro y, sobre todo, en el presente. Hablar abiertamente sobre el tema, si es que alguien lo pregunta o lo menciona, es aceptar que mi ex pareja traicionó mi confianza y que eso me dolió, pero que mi vida continúa y que mi historia de amor (propio) recién comienza.

Teniendo en cuenta que es la honestidad la cualidad que más valoro en mí y en los demás, yo no he perdido a nadie -o al menos no a nadie que valga la pena tener en mi vida- por el contrario, me he recuperado a mí misma. Él, con su traición, escribió el último capítulo de nuestra historia; pero yo, con mi amor propio, le puse el punto final.

En la filosofía zen se cree que cada persona que se cruza en nuestro camino es nuestro maestro, está ahí para enseñarnos algo. Al engañarme él me ha dado una gran lección -sobre la confianza y la honestidad- que me ha ayudado a fortalecerme y a madurar. Por eso, quizás algún día deba decirle: gracias por enseñarme lo que es la traición.

Ahora mi tiempo y mi espacio son míos y los empleo, entre otras cosas, en conocerme, disfrutarme y amarme, en dejar fluir mi energía creativa y en conectarme emocionalmente con las personas que me rodean.  Soy yo otra vez, llena de sonrisas, de buen humor, de proyectos que me entusiasman día y noche.  Ahora sé que esa persona honesta, inteligente, divertida, talentosa, guapa y maravillosa que me dijeron que iba a conocer después de él, soy yo.

Hoy, en la mitad de mi vida, puedo decir que soy consciente -ahora más que nunca- que he venido a este mundo para reír, para llorar, para amar, para luchar, para aprender y para crecer pero, sobre todo, para gozar hasta que me ausente.

Por eso si me oyes gritar, escucha bien: mi grito no es de dolor, es un grito de libertad.

Pasajeras de segunda categoría

30 Jun

Post 229 - Pasajeras de segunda categoría

Hace unas semanas atrás, luego de una agotadora jornada laboral  y de varias horas de clases universitarias, regresaba a casa cerca de medianoche. Luego de bajar en el paradero final de la estación de buses, cansada y somnolienta, supe que no tendría otra opción que subirme a una combi para recorrer el último tramo de mi viaje diario.

Desde la década de los 90, la combi (conocida en otros países como furgoneta o van) es el transporte público más común y numeroso en Lima. Su reducido espacio, en el que los pasajeros suelen viajar sentados y de pie, apretados unos contra otros; es compensado por la gran velocidad de tan ligero vehículo y por la facilidad que estos tienen para sortear cualquier obstáculo que se les presente, ya que gracias a las maniobras de muchos de sus conductores -quienes inspirados quizás en la saga de Rápidos y furiosos-, suelen pasar por alto veredas, semáforos en rojo y, por supuesto, peatones.

Combi asesina

Es tan notoria su colorida y ruidosa presencia en las calles de la capital peruana, que  ha dado paso al nacimiento de la llamada cultura combi, que en el transporte público de este tipo se manifiesta principalmente en la falta de respeto hacia las señales de tránsito y hacia los pasajeros, lo cual genera no sólo un caos vehicular permanente en las avenidas principales de la ciudad sino una constante tensión entre el chofer o el cobrador -empleados a cargo de este servicio de transporte- y los usuarios del mismo.

Después de esta breve presentación sobre lo que es una combi limeña, podemos regresar a la noche aquella en que me subí a uno de estos vehículos para regresar a casa y, al sentarme, me encontré cara a cara con un sticker (pegatina o calcomanía) pegado en la ventana que decía lo siguiente: Chicas feas pagan doble, chicas gorditas pagan por kilos, chicas bonitas no pagan. Atte: La empresa

Foto 4

No tardé en sentirme incómoda y molesta por el mensaje que supuestamente tendría que haberme parecido gracioso. Entonces le dije al cobrador: ¿No te parece que esto es una falta de respeto contra las mujeres? Él, desconcertado por mi pregunta, me dijo que no era su carro, que él no tenía nada que ver, a lo que yo le respondí: tú trabajas para esta empresa y mensajes como estos son ofensivos para las mujeres. Él no me quiso contestar, actitud común ya que, en la mayoría de casos, quienes trabajan en las combis no suelen ser conscientes de que están brindando un servicio, sino que creen que les están haciendo un favor a los pasajeros al dejarlos subir al vehículo.

Pero el uso de stickers con mensajes sexistas como éste es bastante común en las combis. Todos ellos apelan al humor para reducir a la mujer a un objeto sexual hecho para el deleite visual del chofer y del cobrador. En estos se nos clasifican en dos categorías: las feas y las bonitas (“Las feas pagan en dólares”, “Las feas al fondo”), o se nos diferencia entre jóvenes o viejas (“Sólo nenas”, pegado en la puerta del copiloto, el cual es como una invitación para poner a la presa lo más cerca posible de su victimario, el cual literalmente tiene al alcance de la mano -y de la vista- a las mujeres que se sientan adelante) o simplemente se nos cosifica sexualmente a tal punto que los mensajes se tornan aún más agresivos (“Señora, usted decide si la embarazo” o “La virginidad produce cáncer. ¡Vacúnate ya! Unidad móvil de vacunación”).

combi peruana las feas pagan en dolares latinfail

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Aquella noche, luego de bajar de la combi y caminar hacia casa en medio de la oscuridad de las calles solitarias, el silencio indiferente del cobrador me recordó que lamentablemente las mujeres, al ser consideradas ciudadanas de segunda categoría, somos también pasajeras de segunda categoría. Lo único que me alegró es que mientras yo protestaba por el sticker sexista, una adolescente que vestía su uniforme escolar me miró con curiosidad y se detuvo a leer el mensaje que tanto me había molestado. Entonces pensé que quizá a ella tampoco le había gustado y que ahora sabía que otras mujeres, como yo, no nos quedamos calladas.

No hables por mí

22 Jun

Post 228 - No hables por mí

Porque yo tengo mi propia voz y pienso por mí misma.

«Nació ella»

16 Jun

Post 226 - Nació ella

Nació ella

cuando se inventaron las flores.

El jardín anunciaba la rosa

esculpida por las gotas de rocío

y las hojas aprendían a mirar

en el vaivén repentino de sus ojos.

 

Fue en otro hemisferio

al pie de cordilleras no nacidas

donde las estrellas

cambian sus nombres

y las estaciones

viven con intensidad sus climas.

 

Creció ella

con el signo espiritual de la nieve

marcada en las fronteras de su piel.

Nieve que sería derretida más tarde

por el fragor de mis manos toscas.

 

Fue en este hemisferio

donde aprendió a volar libremente

hasta alcanzar el beso del ave

en su propio espacio natural

donde el amor le dio otros ojos

y una nueva vida para amar.

Luis Campó

(Perú, 1962)

Descubre tu clítoris

20 Abr
Post 210 - Descubre tu clítoris

Descubre tu clítoris

Y disfruta contigo misma.

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Hoy tengo ganas de mí. 7 historias de masturbación femenina

 

«Chonguitas: masculinidades de niñas»

13 Abr

Inquietudes, preocupaciones, pasiones compartidas y una foto alimentaron la idea de este proyecto que hoy llega a su concreción y se materializa en este libro virtual: Chonguitas, masculinidades de niñas.

Como dijimos en la convocatoria, nos interesada rememorar nuestras infancias “masculinas”; visibilizar, recuperar y exhumar esas infancias masculinizadas en cuerpos asignados como niñas. Queríamos celebrar nuestras infancias chonguitas, marcadas por la estigmatización, el rechazo, la hostilidad, pero también, y fundamentalmente, cargada de deseos. No buscábamos continuidades ni coherencias sino revelar señales, huellas, rastros, marcas, cortes, cicatrices, pistas, residuos, vestigios, como un trabajo arqueológico de masculinidades no hegemónicas.

+ Título: Voces de hombres por la igualdad. Compiladoras: Fabi Tron y Valeria Flores. Género: Ensayo. País: Argentina. Año: 2013.

El sadomasoquismo de los caracoles

16 Mar

 

¿Sabías que el caracol posee dos órganos sexuales? ¿O que le gusta golpear y ser golpeado mientras se aparea? En este video podrás conocer un poco más acerca de la excitante, hermafrodita y sadomasoquista vida sexual de los caracoles.

 

Un hombre de verdad

1 Mar

Post 199 - Un hombre de verdad

“Ser hombre es un lugar de sufrimiento inútil».
(Gunter Grass)
 

“Pelea como un hombre”, “Los hombres no lloran”, “No seas maricón”, “Los hombres sólo quieren sexo”, “Pórtate como un hombre”, son sólo algunas de las frases más comunes que los varones, desde temprana edad, escuchan constantemente como parte del entrenamiento social y cultural que hará de ellos unos representantes de ese modelo de masculinidad que el sistema patriarcal ha establecido como única posibilidad para ser hombre.

Hace unas semanas atrás, en la entrada de una estación de bus, vi a un niño que lloraba ruidosamente mientras su mamá trataba de calmarlo. Luego ella se acercó a la taquilla, ubicada a unos metros, para realizar un pago y el niño siguió llorando aún después de que el vigilante de la estación, que estaba parado a su lado, le dijo con una sonrisa incómoda: “No llores porque los hombrecitos no lloran”. En ese momento no pude evitar cierta molestia al notar el terrible significado de esa frase tan común y aparentemente inofensiva, pero no por eso menos atroz, que muestra cómo, desde pequeños, los varones viven día a día, durante todas sus vidas, un aprendizaje duro, agotador y doloroso, que busca convertirlos en hombres de verdad.

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Se busca un hombre masculino y viril

Es común pensar que la virilidad es una característica innata en el hombre, es decir, que ellos, por el solo hecho de tener pene y hormonas sexuales masculinas son dueños de rasgos tales como agresividad, fortaleza, poder, potencia o valor, los cuales, según el diccionario, son sinónimos de lo viril.

Sin embargo, la virilidad es, al igual que el género, una construcción histórica, ya que no existe un componente esencial en el interior del hombre, sino que la forma de serlo está determinada socialmente y va cambiando con el tiempo o varía de acuerdo a cada cultura.

Por un lado, esto explicaría por qué en las últimas décadas, han comenzado a aparecer grupos de hombres que critican el patriarcado y van creando formas alternativas, más justas y equitativas, de ser varón (repartición de las tareas del hogar, relaciones de pareja igualitarias y no violentas, participación activa en la crianza de los hijos, etc).

Por otro lado, un ejemplo de la masculinidad como creación cultural podría encontrarse en los rituales homosexuales que se practican en Melanesia en los que varones púberes mantienen contacto sexual con otros hombres adultos como parte de una ceremonia de iniciación. Al recibir el semen en sus cuerpos, son reconocidos como hombres, es decir, poseedores de una masculinidad que en su entorno es admirada, mientras que algo semejante en una cultura occidental sería asociado inmediatamente con la feminización del púber y descartado como un ritual de masculinización.

Según el sociólogo Michael S. Kimmel, esta nueva perspectiva con respecto a la virilidad, entendida como construcción histórica, abre una posibilidad que sigue siendo considerada imposible para muchos, pero que a nosotras nos resulta prometedora: “los hombres pueden cambiar, tanto individual como colectivamente”.

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Cómo ser un hombre de verdad en cuatro pasos

A pesar de los avances sociales y culturales que han abierto la posibilidad de nuevas formas de actuar y pensar para muchos representantes del sexo masculino, el modelo predominante de cómo ser hombre en nuestra cultura –es decir, la llamada masculinidad hegemónica occidental- sigue estando vigente en pleno siglo XXI.

¿Pero cuáles son esas características que debe poseer uno para ser considerado un hombre de verdad? Según el psicólogo Robert Brannon el modelo de masculinidad hegemónica se puede resumir en base a cuatro características:

1) La masculinidad es un repudio de lo femenino.

2) La masculinidad se mide por el poder, el éxito, la riqueza, la posición social y las mujeres atractivas (quienes también son vistas como bienes o posesiones) con las que uno se relaciona.

3) La masculinidad prohíbe mostrar emociones o sentimientos.

4) La masculinidad se basa en la osadía varonil y en la agresividad.

Aunque parezca increíble todos estos rasgos podemos encontrarlos repetidamente en productos de la cultura popular y la industria del entretenimiento como comerciales, series de televisión, canciones, y demás.

#1: No seas maricón

La masculinidad dominante podría resumirse en una consigna básica y elemental: ser hombre significa no ser una mujer, esto quiere decir no actuar, pensar o hablar como alguien del mal llamado “sexo débil” lo haría. Por supuesto, bajo esta perspectiva, una mujer es identificada en base a un estereotipo según el cual ella es dueña de una sensibilidad a flor de piel, capaz de brindar ternura y cuidados, un ser modesto y cortés, tímido y limpio.  Si el mandato fundamental para todo hombre es no ser como una mujer, él no debe mostrar, bajo ninguna circunstancia, estas cualidades pues de hacerlo pondría en duda su masculinidad.

 

De este repudio de lo femenino, se deriva la homofobia porque el hombre gay es asumido como un ser feminizado, o alguien que siente deseo por otros hombres y que quisiera ser mujer, por lo tanto se comporta como tal y por ende, debe ser repudiado por los hombres ya que encarna todos los miedos de éstos.  Aquí encontramos nuevamente que el estereotipo domina la percepción masculina: el gay es amanerado o afeminado y su existencia es una amenaza que atenta contra la hombría colectiva de los hombres de verdad.

La homofobia, el miedo de verse como una mujer o como un hombre gay, está presente de manera constante y latente en las relaciones que los hombres establecen entre ellos. Cada uno de los representantes del sexo masculino necesita sentir que sus pares lo reconocen como un hombre de verdad, por eso la masculinidad es una aprobación homosocial, es decir que se desarrolla entre hombres en su interacción social, por ejemplo, entre los amigos, los compañeros de trabajo y las figuras de autoridad como los padres y los jefes. Es así que los hombres cumplen un rol de “policía de género” y ponen a prueba, todo el tiempo, la hombría de sus pares.

 

#2: Hombre todopoderoso

Otro de los requisitos esenciales de la masculinidad se basa en el poder, el éxito, la riqueza, la posición social y las mujeres atractivas que uno conquista.

Pero el poder de un hombre de verdad, con respecto a otros hombres, también se mide por cuán cerca se está del modelo ideal masculino: blanco, heterosexual, joven o adulto de clase media. En sólo 32 segundos, este comercial de Paco Rabanne resume al hombre todopoderoso en su máxima expresión.

 

Otro ejemplo más local es el caso de muchos videos musicales de reggaeton, como este de Wisin y Yandel, en donde ambos ostentan todas las cualidades que un hombre todopoderoso posee.

 

#3: Los hombres no lloran

Un verdadero representante del sexo masculino jamás muestra debilidad, flaqueza o fragilidad, ya que eso sería comportarse como una mujer, es decir, ser un afeminado. Así que por más que se encuentren ante eventos de gran tensión emocional, como una ruptura amorosa, es preferible fingir una sonrisa para ocultar las lágrimas, tal como ocurre en esta popular canción de The Cure.

 

#4: Pórtate como un hombre

La osadía, la agresividad y la competitividad son las características fundamentales de la virilidad. Sin ellas, cualquier hombre corre el riesgo de ser visto por sus pares como gay. Por eso un verdadero hombre, por ejemplo, debe ser atrevido en su acercamiento a las mujeres (como se muestra en este comercial de Brahma) y además debe competir de manera agresiva contra cualquier otro hombre que se cruce en su camino (como podemos ver en los comerciales de Burger King y Coca Cola).

 

 

 

+ Homofobia, temor, vergüenza y silencio en la identidad masculina. Michael S. Kimmel. Theorizing masculinities, editado por Harry Brod y Michael Kaufman. California (Estados Unidos), 1994.