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Biblioteca feminista Chicas Malas

4 May

Post 521 - Biblioteca Feminista Chicas Malas

Si quieres leer online o descargar los libros que te recomendamos en Prohibidoleer, los puedes encontrar aquí: en nuestra Biblioteca Feminista Chicas Malas.

Las aventuras literarias escritas y protagonizadas por mujeres están a sólo un clic de distancia. Atrévete a leerlas y a descubrir entre sus páginas las historias de mujeres que, como tú, habitan este mundo y lo recrean a través de las palabras.

FICCIÓN

Alice Sebold – Afortunada

Autoras Varias – Colorina colorada ¡yo no quiero ser un hada!

Federico Andahazi – El anatomista

Isabel Allende, La casa de los espíritus

Patricia Highsmith, El talento de Mr. Ripley

Simone de Beauvoir – La mujer rota

NO FICCIÓN

Ana García Mañas, La fantasía erótica de violación

Anne Wilson Schaef – Meditaciones para mujeres que hacen demasiado

Audre Lorde – La hermana, la extranjera

Beatriz Preciado, Manifiesto contra-sexual

Clarissa Pinkola Estés – Mujeres que corren con los lobos

Coral Herrera Gómez – Bodas diversas y amores queer

Christiane Northrup, Cuerpo de mujer, sabiduría de mujer

Fabi Tron y Valeria Flores – Chonguitas. Masculinidades de niñas

Gayle Rubin, El tráfico de mujeres: Notas sobre la economía política del sexo

Itziar Ziga – Devenir perra

Jean Shinoda Bolen – Las diosas de cada mujer

Ludditas Sexxxuales – Ética amatoria del deseo libertario y las afectaciones libres y alegres

Marcela Lagarde – Claves feministas para la negociación en el amor

Mariana Libertad Suárez, Ni Magdalena ni Clemencia Isaura

María Elena Olivera Córdova, Entre amoras:  lesbianismo en la narrativa mexicana

Pierre Bordieu – La dominación masculina

Robin Norwood – Las mujeres que aman demasiado

Virginia Woolf – Una habitación propia

PROYECTOS

Revista Chicas Malas # 0: Mi cuerpo es mío

50 libros, 50 mujeres: un desafío para lectoras atrevidas

10 Abr

Post 519 - 50 libros, 50 mujeres un desafío para lectoras atrevidas

Hace unas semanas atrás encontré este blog y leerlo fue suficiente para avivar aún más mi pasión por los libros. Se trata de un desafío de lectura que consiste en cumplir con 50 retos o categorías que van, por ejemplo, desde leer un libro que se convirtió en película o leer un libro escrito por alguien menor de 30 hasta leer un libro que poseas pero que nunca hayas leído.

No sabía que los desafíos de lectura eran tan populares, pero he podido encontrar algunos otros en varios blogs literarios, sin embargo he decidido que voy a cumplir con este, aunque le he hecho un pequeño pero importante cambio: cada uno de los libros que seleccionaré para cada una de las categorías serán obras escritas por mujeres. Sí, este año leeré 50 libros escritos por 50 mujeres.

Si eres, como yo, una lectora devoradora de libros que adora, quizás te animes a realizar el desafío tú también o al menos a ayudarme a encontrar algunos títulos para las categorías que aún tengo vacías.

Aquí está mi lista personal de libros seleccionados, algunos de los cuales podrás encontrar en nuestra biblioteca. A lo largo de este año, mes a mes, estaré actualizando este post, es decir, marcaré los libros que ya he leído y colocaré los nombres de los que estoy por leer.

Esta es una aventura literaria para lectoras atrevidas que están dispuestas a viajar entre las páginas de libros escritos por mujeres. Y tú, ¿aceptas el desafío?

(*) Puedes incluir los libros que ya leíste durante este año, sólo basta que vayan de acuerdo a algunas de las categorías del desafío. 😉

Pd: Las categorías que están tachadas son las que leí.

DESAFÍO DE LECTURA 2015

1. Un libro de más de 500 páginas: Cuerpo de mujer, sabiduría de mujer, Christiane Northrup.

2. Un romance clásico: Jane Eyre, Charlotte Brontë.

3. Un libro que se convirtió en película: La edad de la inocencia, Edith Wharton.

4. Un libro publicado este año: Indómitas, Macarena Moraña.

5. Un libro con un número en el título: Tres mujeres, Sylvia Plath.

6. Un libro escrito por alguien menor de 30: La amortajada, María Luisa Bombal.

7. Un libro con personajes no humanos: El conejo perico, Beatrix Potter.

8. Un libro de humor: Todas brujas, Ana von Rebeur

9. Un libro de autor hombre: El anatomista, Federico Andahazi.

10. Misterio o thriller: El talento de Mr. Ripley, Patricia Highsmith.

11. Un libro con una sola palabra en el título: Chéri, Colette.

12. Un libro de relatos cortos: Mujeres de ojos grandes, Ángeles Mastretta.

13. Un libro ambientado en otro país: Delirio, Laura Restrepo.

14. Un libro de no ficción: Devenir perra, Itziar Ziga.

15. El primer libro de una autora popular: Divergente, Verónica Roth.

16. Un libro que no hayas leído de una autora a la que adoras: La mujer rota, Simone de Beauvoir.

17. Un libro recomendado por una amiga: Teoría King Kong, Virginie Despentes.

18. Un libro ganador del Pulitzer: Matar un ruiseñor, Harper Lee.

19. Un libro basado en una historia real: Afortunada, Alice Sebold.

20. Un libro que esté al final de tu lista de lectura: El informe Hite. Estudio de la sexualidad femenina, Shere Hite.

21. Un libro que tu madre adora: La casa de los espíritus, Isabel Allende.

22. Un libro que te dé miedo: Frankenstein, Mary Shelley.

23. Un libro de más de 100 años: Orgullo y prejuicio, Jane Austen.

24. Un libro basado sólo en su portada: Kitchen, Banana Yoshimoto.

25. Un libro que se suponía que tenías que leer en el colegio pero no lo hiciste: Aves sin nido, Clorinda Matto de Turner.

26. Una autobiografía: Yo sé por qué canta el pájaro enjaulado, Maya Angelou.

27. Un libro que puedas acabar en un día: Colorina Colorada ¡Ya no quiero ser un hada!, Autoras varias.

28. Un libro con antónimos en el título: Chonguitas: masculinidades de niñas, Fabi Tron y Valeria Flores.

29. Un libro ambientado en un sitio al que siempre hayas querido ir: Habitaciones cerradas, Care Santos.

30. Un libro que salió el año en que naciste: La pianista, Elfriede Jelinek.

31. Un libro con malas críticas: Cincuenta sombras de Grey, E.L. James.

32. Una trilogía: El señor del tiempo, Louise Cooper.

33. Un libro de tu infancia: Mujercitas, Louisa M. Alcott.

34. Un libro con un triángulo amoroso: Henry y June, Anaïs Nin.

35. Un libro ambientado en el futuro:  La rueda celeste, de Ursula K. Le Guin.

36. Un libro ambientado en el colegio: Las poseídas, Betina González.

37. Un libro con un color en el título: El color púrpura, Alice Walker.

38. Un libro que te haga llorar: La hermana, la extranjera, Audre Lorde.

39. Un libro con magia: Lecciones para volar para una bruja moderna, Lilyán de la Vega.

40. Una novela gráfica: Persépolis, Marjane Satrapi.

41. Un libro de una autora a la que no hayas leído nunca: La mujer habitada, Gioconda Belli.

42. Un libro que poseas pero que nunca hayas leídoYo amo mi vulva, Silvia Maza, Dina Cedano y Liz Cabrel.

43. Un libro que tiene lugar en tu ciudad: Blanca Sol, Mercedes Cabello de Carbonera.

44. Un libro escrito originalmente en otro idioma: Una habitación propia, Virginia Woolf.

45. Un libro ambientado en Navidad: Navidades trágicas, Agatha Christie.

46. Un libro escrito por una autora con tus mismas inicialesLos juegos del hambre, Suzanne Collins.

47. Una obra de teatro: Monólogos de la vagina, Eve Ensler.

48. Un libro prohibido: La cabaña del tío Tom, Harriet Beecher Stowe.

49. Un libro basado o convertido en una serie de televisión: Sexo en Nueva York, Candace Bushnell.

50. Un libro que comenzaste pero nunca acabaste: El cuarto mundo, Diamela Eltit.

Pelea como una mujer y baila como un niño

27 Mar

Post 505 - Pelea como una mujer y baila como un niño

¿Qué tienen en común una mujer de 31 años que decide dedicarse al boxeo y un niño de 11 años que quiere bailar ballet? En Million dollar baby, Maggie es una mesera que ahorra todas las propinas que recibe para pagar su membresía en un gimnasio de boxeo, cuyo dueño se niega a entrenarla sólo porque es mujer. En Billy Elliot, Billy tiene que practicar ballet a escondidas de su padre y de su hermano mayor porque sabe que ellos se molestarán si descubren que a él le gusta bailar entre niñas vestidas con tutú.

En estas películas, ambos personajes tienen que enfrentarse a los estereotipos sexistas de ambientes que le son hostiles o que les resultan extraños sólo por el género al cual ellos pertenecen. Pero tanto Maggie como Billy no se rinden y, armados de su valentía y su rebeldía, rompen con los esquemas establecidos por los demás a la par que aprenden algunas lecciones sobre la persecución de los sueños y sobre la importancia de desobedecer cuando lo que se nos impone desde afuera es algo que va en contra de nosotros mismos.

Desde hace un par de años atrás, cuando comencé a admirar a Bruce Lee -tanto por su grandiosa destreza física como por su brillante inteligencia- no he vuelto a mirar ninguna disciplina física, sea artística o deportiva, de la misma manera.

Luego de ver algunas películas de Lee y algunos documentales sobre su vida, pude entender que él era mucho más que un extraordinario deportista, era también un destacado intelectual. Él era un sabio maestro del autoconocimiento. A través de las artes marciales había desarrollado su fuerza exterior y también su fuerza interior y cada enfrentamiento con uno o varios de sus contrincantes era una metáfora de los desafíos o dificultades que una persona tiene que enfrentar a lo largo de su vida.

Es así que sus aprendizajes a nivel físico se convertían en enseñanzas a nivel psíquico y creo que esto se aplica a cualquier otra disciplina deportiva o artística como el boxeo o el ballet por más distintas que estas puedan parecer entre sí.

Ser fuerte no es suficiente

Pelea como una mujer1

– Pensé que tal vez estaría interesado en entrenarme.

– Yo no entreno chicas.

– Tal vez debería hacerlo. Los que me ven pelear dicen que soy fuerte.

– Niña, ser fuerte no es suficiente.

Este diálogo inicial bastó para que no pudiera dejar de ver Million dollar baby. Cuando Frankie Dunn le dice -en torno burlón- a Maggie Fitzgerald: Niña, ser fuerte no es suficiente, esa frase resonó en mí de alguna manera que en ese momento no supe explicar, pero que al final de la película comprendí a qué se debía.

La historia de una mujer treintañera, pobre, solitaria y a quien su familia menosprecia puede resultar conmovedora pero si esa misma mujer tiene una meta en mente y no hay nadie que pueda convencerla de que no logrará lo que se propone, su historia ya no sólo es conmovedora sino que también resulta inspiradora.

Eso es lo que ocurre con Maggie: está decidida a convertirse en campeona de boxeo profesional pero para lograrlo tiene que aprender la primera lección que Frankie sintetiza en esa frase: ser fuerte no es suficiente. Pero no sólo no es suficiente para el boxeo, sino que no es suficiente para enfrentar la vida, menos aún si eres una mujer.

A lo largo de la cinta, la protagonista aprende a pelear, desarrolla técnicas, asimila estrategias que le servirán para moverse mejor, para atacar, para protegerse, para aceptar sus derrotas y para vencer. El boxeo, ese espacio masculino en el cual es recibida con hostilidad por los hombres que la rodean, es una metáfora del mundo en el que vivimos: un mundo que no está hecho para las mujeres y en donde es necesario ganar en el ring para obtener el respeto de tus oponentes.

Pelea como una mujer2

Siendo Maggie una extraña a quien nadie en el gimnasio recibe con los brazos abiertos, es Frankie quien le enseña las reglas del juego. Él es una figura paternal, cuyas enseñanzas le ayudan a ella a sobrevivir en un ambiente que le es adverso, esas enseñanzas se podrían resumir en otra frase suya, que aparece en el siguiente diálogo:

– Has olvidado la regla. ¿Cuál es la regla?

– ¿Moverme hacia la izquierda?

– La regla es protegerte a ti misma todo el tiempo. ¿Cuál es la regla?

– Protegerme a mí misma todo el tiempo.

Esa es la más grande lección que Maggie aprende y que todas deberíamos aprender porque ser fuerte no es suficiente, chicas.

 ¡Baila, marica!

Baila como un niño1

Esto es lo que le grita Tony a Billy Elliot cuando descubre que su hermano menor está preparándose para una audición en una importante escuela de ballet: ¡Baila, marica! Ni Tony ni Jackie -el padre de ambos- pueden comprender por qué Billy ha decidido abandonar el boxeo para dedicarse a bailar ballet, actividad artística que ellos asocian como algo exclusivamente femenino, una disciplina propia de las niñas, no de los niños. Aunque Billy intenta explicarle a su familia que no es homosexual -para aplacar así de la homofobia que esto genera en su padre y a su hermano- nadie en casa entiende al muchacho y le advierten que se olvide del ballet para siempre.

Pero este niño de apenas 11 años comete el que quizás sea el mayor acto de desobediencia de su vida, sin imaginar que su actitud rebelde va a cambiar su futuro inmediato. En este caso, la situación es a la inversa de la historia de la protagonista de Million dollar baby, aquí es un niño el que ingresa a un espacio exclusivamente femenino. Pero Billy no está solo, también tiene alguien que lo guía: la señora Wilkinson que, al igual que Frankie hace con Maggie, no se muestra condescendiente con su nuevo púpilo sino que, por el contrario, le exige cada vez más dedicación y esfuerzo a la par que le ayuda a librarse de sus prejuicios y temores y le ofrece la oportunidad de hacer lo que le gusta, a pesar de la oposición de su familia.

Baila como un niño2

Es en medio de sus clases de baile que vamos descubriendo que la pasión de Billy por el ballet tiene que ver más con lo emocional que con lo físico: bailar para él es una manera de poder expresar lo que siente. En un hogar en el que la muerte reciente de su madre ha dejado un profundo vacío en el corazón de su familia, Billy encuentra un refugio en el movimiento rítmico de su cuerpo. La rabia, la tristeza, la impotencia, el miedo o la soledad son sentimientos que él libera en cada paso que da guiado por la música que habita en su corazón.

Porque en este mundo heteropatriarcal en el que vivimos -plagado de discursos machistas y de innumerables estereotipos sexistas- a las mujeres no se les enseña a defenderse a sí mismas sino a buscar la protección masculina –ya sea el padre, el hermano o la pareja- en caso de verse en peligro y a los hombres no se les enseña a demostrar sus sentimientos si no es a través de la ira y la violencia. Por eso quizás una buena manera de vivir de forma consciente y desobediente sea pelear como una mujer y bailar como un niño: Maggie y Billy lo hicieron, nosotras también podemos hacerlo.

La menstruación no es una maldición

20 Mar
Post 502 - La menstruación no es una maldición

Escena de la película “Carrie” (Brian de Palma, 1976)

Para la gran mayoría de mujeres la regla es el peor momento del mes. Esperamos su llegada como si se tratara de un mal irremediable del cual no nos podemos librar y durante los días que dura el sangrado sentimos que somos otras, una versión deteriorada de nosotras mismas. Pero, ¿qué pasaría si descubrieras que todo lo (poco) que sabes de la menstruación es mentira? ¿Qué ocurriría si te dijeran que menstruar es una de las mejores cosas que te podría pasar?

Todavía recuerdo la primera vez que al secarme la vulva, luego de orinar, vi una mancha roja en medio del pedazo de papel higiénico que llevaba en una de mis manos. Tenía 12 años y una mezcla de sorpresa y miedo me hizo llamar a mi mamá entre gritos.

Cuando ella se acercó a mí, sólo atiné a decirle con voz trémula que me había salido sangre. Mi mamá me abrazó y, entre lágrimas de emoción, me dijo ya eres una mujer. Luego me explicó que eso era mi regla, que me iba a venir cada mes y me enseñó cómo se usaban las toallas higiénicas.

Eso fue todo lo que supe de la menstruación durante 20 años, hasta hace dos meses atrás, cuando comencé un taller de ciclo menstrual en el que descubrí que la regla es mucho más que la sangre que cada mes expulso de mi cuerpo.

Una revolución llamada menstruación

Menstruación maldición - Imagen 2

Menstrúa con orgullo (Menstruate with pride, Sarah Maple)

Cuando le preguntaron a Stephen King cómo se le ocurrió el argumento de su famosa novela Carrie, el popular escritor norteamericano dijo que quería contar una historia sobre mujeres y que una de las primeras ideas que se le vino a la mente es que la protagonista sería una chica que es víctima de sus compañeras de escuela -quienes se burlan de ella- y que, cuando comienza a menstruar, sus hormonas liberan sus poderes destructivos y con ellos ataca a quienes la han agredido.

Nunca me hubiera imaginado que una película de terror como esa tuviera algo que ver con la regla, pero ahora que lo sé, no puedo dejar de relacionar la mítica escena en la que Carrie está bañada en sangre (y su posterior furia vengativa) con la manera cómo he vivido mi menstruación durante las dos últimas décadas.

La regla siempre ha sido el momento incómodo del mes, en el que sentía que en cada movimiento que hacía estaba el riesgo de terminar con los pantalones manchados de sangre. La regla eran esos 5 o 7 días en los que me sentía cansada o malhumorada, en los que no quería ver a nadie y en los que estaba más emotiva que de costumbre. Me sentía extraña, no entendía por qué mi cuerpo y mi mente experimentaban cambios tan drásticos durante esa semana. La regla era eso que, apenas comenzaba, ya quería que terminara.

Así fue, hasta que descubrí  El camino rubí y entonces algo cambió dentro de mí con respecto a la regla, fue más que un descubrimiento corporal, conocer mi menstruación fue toda una revolución.

Primavera, verano, otoño, invierno… y otra vez primavera

Menstruación maldición Imagen 3

Hace dos años atrás tuve la suerte de encontrar -en medio de la maraña de blogs y sitios web feministas que me encanta leer- a Erika Irusta Rodríguez. Ella es una inteligente y divertida experta en ciclo menstrual y corporalidad femenina (y feminista, diría yo).

Desde Barcelona y a través de El camino rubí, Erika escribe, da videoconferencias y ofrece talleres online para todas las mujeres interesadas en conocer esa cosa extraña llamada menstruación. Luego de leer a la Irusta durante un buen tiempo, me animé a inscribirme en uno de sus talleres online pues quería saber más acerca de la idea principal a través de la cual ella explica la regla: durante el ciclo menstrual -el cual tiene una duración aproximada de un mes- y debido a los cambios hormonales que se producen en nuestro cuerpo y que afectan nuestro estado físico y psíquico, atravesamos por cuatro fases que se asemejan a las estaciones del año.

La fase menstrual es la que corresponde a los días en que se produce el sangrado y viene a ser como el invierno. El cansancio físico es la señal con la que nuestro cuerpo nos pide descanso ya que el útero está haciendo un trabajo intenso al expulsar el endometrio (por medio del sangrado). Este es el momento para buscar la calma.

Luego, la semana siguiente, llega la fase preovulatoria, que se corresponde con la primavera de nuestro cuerpo. La energía activa regresa a nosotras y estamos más dispuestas, por ejemplo, a practicar algún deporte.

Después alcanzamos la fase ovulatoria, en la que nos encontramos rebosantes de carisma y atractivo sexual. Es el momento ideal para establecer o mejorar nuestras relaciones personales.

Por último, llegamos a la fase más temida de todas: la premenstrual. Pero a pesar de la mala fama que tenga, es una fase poderosa en la que la rabia que sentimos se convierte en un indicador de aquello que queremos cambiar en nuestras vidas para así renovarnos y comenzar de nuevo.

Es entonces cuando, al término de la fase premenstrual, el ciclo vuelve a repetirse al iniciarse una nueva fase menstrual. Conocer nuestro ciclo implica comprender qué es lo que nos sucede corporal y mentalmente y ¿acaso existe arma más poderosa que el autoconocimiento?

Pero además de estas estaciones que atraviesan nuestro cuerpo semana a semana y mes a mes, nuestro ciclo menstrual se explica también a través de la presencia de arquetipos femeninos con los cuales nos podemos sentir identificadas en cada una de las cuatro fases. Todas estas mujeres son distintas entre sí, pero todas ellas forman parte de nosotras.

La revolución de las (4) mujeres salvajes

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En cada fase de nuestro ciclo menstrual emerge una mujer distinta dentro de cada una de nosotras, es decir que yo soy una y soy cuatro.  Para comprender mejor los 4 arquetipos femeninos que nos habitan, en el taller Erika nos pidió a todas las participantes que le pusiéramos un nombre a cada una de nuestras mujeres y que buscáramos una canción para cada una de ellas. Así que, a continuación, además de hacer una breve descripción de cada arquetipo, les presento –acompañadas de música- a las 4 mujeres que soy.

 Sofía, la sabia

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Si la fase menstrual es el invierno, la mujer que aflora en mí (y en todas) durante esta semana no podría ser otra que la anciana, la sabia, la bruja. Aquella que en medio de la calma emplea su instinto para entender el mundo que la rodea. Es la que está a punto de morir y que luego renacerá en plena primavera.

Avalanches es una hermosa canción de A fine frenzy que habla de vencer el miedo que sentimos ante los momentos difíciles de nuestra vida y de la importancia de seguir adelante a paso lento pero seguro: No temas a las avalanchas, yo te protegeré en mi refugio nevado. Miraremos cómo danzan los lobos grises, tú traerás luz y segundas oportunidades y yo te mantendré a salvo.

En el videoclip de esta canción, Alison Sudol -la vocalista de este proyecto musical- me recuerda también a la mujer salvaje y sabia que tan bien describe Clarissa Pinkola Estés en Mujeres que corren con los lobos.

Sandra, la rebelde

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La primavera es la fase preovulatoria y su arquetipo es la joven, la adolescente, la rebelde. A mí me pasa que me pongo muy locuaz y me encuentro en el esplendor de mi capacidad intelectual, además me siento segura de mí misma y plenamente confiada en mi talento creativo. ¿Te has sentido alguna vez así?

Janelle Monáe me encanta desde que escuché esta canción suya: Q.U.E.E.N, es un tema que no sólo te da ganas de bailar sino que contiene una letra poderosísima en la que el amor propio y la rebeldía son los ingredientes principales: Aun si le incomoda a otros, yo amo quien soy / Me podrás quitar las alas, pero aún así voy a volar / Voy por las calles porque quiero y porque puedo. 

Lena, la sensual

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Pero luego de tanto pensar, lo mejor es dejarse llevar por lo que una siente. Por eso durante la siguiente fase -la ovulatoria-emerge en mí (y quizás también en ti) la lujuriosa. Esta mujer es pura sensualidad y voluptuosidad. Mi deseo sexual hacia mí misma -y también hacia otras personas- se intensifica en estos días y es el momento ideal para acariciarme hasta descubrir nuevos rincones de mi cuerpo que a veces no suelo tocar, pero sobre todo es el momento perfecto para masturbarme.

Desde el título, Treat me like fire (Trátame como si fuese fuego) lo dice todo: esta canción tanto en su interpretación vocal como corporal -llevadas a cabo ambas por Jillian Hervey- la convierten en uno de mis temas sensuales preferidos, precisos para compartir apasionados encuentros sexuales a solas o en compañía. En cuanto a la letra de la canción, una de las partes que más me gusta es:  Hey chico, me gusta tu estilo. Ven aquí y hablemos un rato. Me da curiosidad pensar en lo que podríamos hacer tú y yo, ¿qué te gustaría hacer? Mira mis ojos, mis labios, mi cabello, si eres bueno conmigo podemos comenzar por ahí.

Nina, la guerrera

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Después del disfrute, llega la fase premenstrual y las energías se dirigen hacia la destrucción y la creación de la mano de la guerrera, la arpía, quien en medio de la soledad y la oscuridad comienza a marcar los límites en sus relaciones personales, lo cual le permite dar por terminada relaciones dañinas y convertir la rabia propia de esta fase en la fuerza que necesitamos para cambiar esas cosas de nuestra vida que ya no nos gustan más.

Como buena chica mala que soy, Bad girls es parte de mis canciones favoritas. Es un himno a esa desobediencia que tan necesaria es para las mujeres en un mundo en el que se pone límites a nuestras libertades. Vivan rápido, mueran jóvenes. Chicas malas, háganlo bien, el mantra feminista que M.I.A. repite a lo largo de la canción, es una invitación a vivir con intensidad y sin miedo.

Confieso que esto es lo que más me gusta de conocer mi ciclo menstrual: que en cada fase aflora dentro de mí una mujer única, con fortalezas que me hacen sentir poderosa y también con debilidades que me hacen sentir vulnerable. Pero es gracias al conocimiento de estas 4 mujeres salvajes que he comenzado a conocerme: con ellas he emprendido el camino que recorro para llegar a mí misma.

Luego de 20 años de mucha sangre, sudor y lágrimas, perdida en medio de los vaivenes hormonales de mi ciclo menstrual, ahora estoy habitando mi cuerpo desde el autoconocimiento y con alegría, paciencia y cariño. Porque conocer tu ciclo menstrual es toda una revolución, una revolución llamada menstruación.

12 escritoras latinoamericanas a las que les importó un carajo el que dirán

6 Mar
Post 496 - 12 escritoras latinoamericanas a las que les importó un carajo el qué dirán

A Victoria le importa un carajo tu racismo porque ella está orgullosa de ser negra.

Inspirada en este post de Buzzfeed (cuya traducción puedes leer aquí) y como buena amante de las listas que soy, he creado esta en la que menciono a 12 escritoras latinoamericanas del siglo XX a las que les importó un carajo el qué dirán.

Algunas de ellas están entre mis favoritas y a otras todavía no he tenido el placer de leerlas pero su actitud rebelde y sus escritos transgresores son una invitación para navegar entre las páginas de sus libros y contagiarnos así de su arriesgada valentía y de su sabia desobediencia, ya sea en su vida personal o en su labor literaria.

1. Victoria Santa Cruz

Perteneciente a una talentosa familia de artistas afroperuanos, Victoria Santa Cruz fue una poeta que, dueña de una inteligencia fascinante y un espíritu contestatario, puso de manifiesto en sus versos el sentir y el vivir de una mujer negra en una sociedad racista como la de su país. A lo largo de su vida se dedicó a investigar y difundir la cultura afroperuana alrededor del mundo. Si quieres ver y escuchar a Victoria, Me gritaron negra es uno de sus mejores poemas.

2. María Luisa Bombal

2. María Luisa

¿Ser esposa y madre? No, María Luisa prefiere escribir.

En medio de la sociedad chilena conservadora de principios del siglo XX, María Luisa Bombal sólo podía ser considerada una loca: en vez de convertirse en una buena esposa y madre, ella decidió dedicarse a escribir narraciones extraordinarias y fascinantes protagonizadas por personajes femeninos con una voz erótica propia y capaces de experimentar el placer o la rabia, algo que, por ese entonces, era considerado prohibido para las mujeres de su época. Debido a su talento deslumbrante y a su narrativa transgresora, María Luisa es considerada hoy en día una de las más importantes escritoras latinoamericanas.

3. Clarice Lispector

3. Clarice

Así que las mujeres no somos capaces de renovar la narrativa, ¿no? Clarice te reta a que leas sus cuentos y novelas.

Tenía apenas 23 años cuando publicó su primera novela y se convirtió en una de las escritoras más innovadoras de Brasil. A través de sus obras y haciendo uso de un estilo que rompía los esquemas de la narrativa de ese entonces, Clarice Lispector describió experiencias humanas vitales con una habilidad magistral como nunca nadie lo había hecho antes. Pero además de hacer gala de un nuevo estilo narrativo, en sus obras ella creó personajes femeninos que contradecían el estereotipo de la mujer sumisa.

 4. Cristina Peri Rossi

4. Cristina Peri Rossi

Cristina sabía lo que quería y sabía el talento que poseía.

Cristina Peri Rossi tenía tan sólo 6 años cuando le dijo a su familia que quería ser escritora y aunque nadie la tomó en serio en ese entonces, ella hizo realidad su deseo cuando dos décadas después comenzó a publicar sus primeros libros.

Reconocida como una de las cuentistas y poetas más importantes de Latinoamérica, esta escritora uruguaya tuvo que hacer frente a la discriminación luego de declararse abiertamente lesbiana. En sus poemas ella desarrolla con maestría el erotismo femenino, un buen ejemplo de ello puedes encontrarlo en estos bellos versos de Ca foscari.

 5. Rosa María Roffiel

5. Rosa María Roffiel

Como no habían novelas de temática lésbica, Rosa María escribió la primera.

Cuando en 1989, Rosa María Roffiel publicó su novela Amora, esta se convirtió en la primera obra narrativa de temática lésbica no sólo en México –su país natal- sino probablemente también en Latinoamérica. Si bien ese fue su debut como narradora, Rosa María ya era conocida por sus poemas, en cuyos versos abordaba el amor y la amistad entre mujeres, lo cual convierte a su obra poética en una rica fuente de inspiración feminista.

A mí me gusta tanto ella que he publicado 4 poemas suyos: Sobrevivientes, Gioconda, Cántico Quise ser hombre.

6. Alejandra Pizarnik

6. Alejandra Pizarnik

Para Alejandra el lenguaje que existía no era suficiente así que se inventó uno nuevo.

Sin duda alguna, la argentina Alejandra Pizarnik es una de las poetas más importantes de Latinoamérica. Su brillante inteligencia y su profunda sensibilidad la llevaron a construir poemas en los que experimentaba con el lenguaje al mismo tiempo que expresaba sus más grandes temores.

7. Julia de Burgos

7. Julia-de-Burgos

Julia creía que la mejor compañera de la rebeldía femenina era la libertad de pensamiento de las mujeres.

Es considerada la poeta puertorriqueña más importante de todos los tiempos y una de las primeras escritoras feministas de Latinoamérica. En sus versos plasmó temas referentes a la condición de las mujeres de su país. Con una voz llena de rebeldía, Julia era una firme abanderada de la liberación femenina. Ella estaba convencida de que las mujeres debían luchar por sus derechos, reconocer su potencial, manejar sus propias vidas y dejar de sentirse inferiores con respecto a los hombres. Como buena feminista que era no dudaba en cuestionarse a sí misma tal como lo hace en este poema titulado A Julia de Burgos.

 8. Gioconda Belli

8. Gioconda Belli

¿Que las mujeres -además de escritoras- no podemos ser guerrilleras? A Gioconda eso le parece interesante, cuéntale más.

Eran los años 70 cuando Gioconda Belli comenzó a publicar sus primeros poemas en algunos diarios de su país y de inmediato generó polémica debido a la manera en que la poeta nicaragüense abordaba el cuerpo y la sensualidad femeninas.

Durante los primeros años de su carrera literaria, Gioconda combinó la pasión por la escritura con una agitada vida clandestina debido a su participación activa en el Frente Sandinista de Liberación Nacional, una organización de izquierda que luchaba contra la dictadura de Somoza.

Ese espíritu combativo también podemos encontrarlo en sus poemas, en cuyos versos resplandece una voz femenina con una gran conciencia feminista. Prueba de ello son Consejos para la mujer fuerte y Desafío a la vejez.

9. María Virginia Estenssoro

9. María Virginia Estenssoro

María Virginia le da las gracias a todos los que quisieron censurarla porque sólo lograron que más gente leyera sus libros.

El occiso (1971) fue el único libro de cuentos que la boliviana María Virginia Estenssoro publicó en vida y los 3 relatos que lo componen fueron suficientes para que por ese entonces se desatará una campaña en su contra. En uno de sus cuentos, María Virginia narraba una relación amorosa basada en el erotismo y en otro de ellos se describía un aborto voluntario. Ambos temas fueron la causa de que los sectores más conservadores de su país se unieran en contra de ella.

Sin embargo, el resultado fue el opuesto: la primera edición del libro se agotó rápidamente y María Virginia siguió escribiendo con las mismas ansias de convertir en palabras su espíritu libre.

10. Yolanda Oreamuno

10. Yolanda Oreamuno

Yolanda era una feminista feroz.

Yolanda Oreamuno estaba convencida de que era necesario un cambio en la vida privada y en la conciencia de las mujeres. Tenía tan sólo 22 años cuando comenzó a escribir sus primeros ensayos, textos en los cuales expresaba la importancia de que las mujeres pensaran por sí mismas y no en base al pensamiento masculino y patriarcal de la época.

Eran los años de la lucha por el voto femenino en Costa Rica y la feroz crítica de Yolanda al rol de las mujeres en la escuela y en la familia resuena aún hoy convirtiéndola en un referente de las primeras feministas latinoamericanas.

11. Antonia Palacios

11. Antonia Palacios

Antonia se ríe de tu canon literario masculino y patriarcal.

En 1976, la poeta, novelista y ensayista venezolana Antonia Palacios –dueña de una prosa elegante a través de la cual expresaba la subjetividad femenina de sus personajes- no dudó en afirmar que “la mujer ha contribuido a enriquecer la literatura venezolana con obras densas, de indudable calidad, que sin motivo alguno han sido ignoradas”. De esa manera ponía de manifiesto un problema aún vigente en el ámbito literario latinoamericano y mundial: la falta de difusión y valoración de las obras literarias escritas por mujeres.

12. Carmen Ollé

12. Carmen Ollé

Carmen hizo versos eróticos desde su propio cuerpo de mujer liberada.

En 1981 y de la mano de su primer libro Noches de adrenalina, el debut de Carmen Ollé no pudo ser más auspicioso. Esta obra suya marcó un antes y un después en la poesía peruana escrita por mujeres. La osadía en el lenguaje y su propuesta -en la que el placer era un elemento transgresor- dio inicio a una corriente de escritoras que se oponían al machismo de la sociedad de su país y que encontraron en el tema erótico el camino para expresarse libremente.

Estas 14 feministas tienen algo que decirte sobre el amor

13 Feb

Post 486 - Estas 14 feministas tienen algo qué decirte sobre el amor

El amor romántico ha sido y sigue siendo uno de los temas de los que más hablan y escriben feministas del mundo entero. Ya sean africanas, europeas, afroamericanas o latinoamericanas, todas ellas son conscientes de la importancia de romper con los mitos románticos para luchar contra la violencia de género.

Estas 14 frases son de feministas que tienen algo importante que decirte sobre el amor, la pareja y el matrimonio.

1. «El día que una mujer pueda no amar con su debilidad sino con su fuerza, no escapar de sí misma sino encontrarse, no humillarse sino afirmarse, ese día el amor será para ella, como para el hombre, fuente de vida y no un peligro mortal».

(Simone de Beauvoir)

 2. «“Por amor” aguantamos insultos, violencia, desprecio. Somos capaces de humillarnos “por amor”, y a la vez de presumir de nuestra intensa capacidad de amar. “Por amor” nos sacrificamos, nos dejamos anular, perdemos nuestra libertad, perdemos nuestras redes sociales y afectivas. “Por amor” abandonamos nuestros sueños y metas, “por amor” competimos con otras mujeres y nos enemistamos para siempre, “por amor” lo dejamos todo… Por eso este “amor” no es amor. Es dependencia, es necesidad, es miedo a la soledad, es masoquismo, es fantasía mitificada, pero no es amor».

(Coral Herrera Gómez)

3. «En el amor seguimos siendo muy idealistas. Somos supermodernas, con todos los elementos de la modernidad -pensamiento crítico, principio de realidad, análisis concreto-, pero en el amor nos perdemos, y seguimos queriendo amar y que nos amen según los mitos tradicionales, universales y eternos que han alimentado nuestras fantasías».

(Marcela Lagarde)

4. «El amor ha sido el opio de las mujeres, como la religión el de las masas. Mientras nosotras amábamos, los hombres gobernaban».

(Kate Millet)

 5. «Como soy una mujer, se espera que yo quiera casarme, se espera que en todas las decisiones de mi vida siempre tenga en mente que el matrimonio es lo más importante. El matrimonio puede ser una fuente de alegría, amor y apoyo mutuo pero ¿por qué se enseña a las chicas a que deseen casarse y no se enseña lo mismo a los chicos?».

(Chimamanda Ngozi Adichie)

 6. «Cada una de nosotras ha estado tan hambrienta de amor por tanto tiempo que queremos creer que el amor, una vez que lo hayamos encontrado, será todopoderoso».

(Audre Lorde)

7. «Nunca ofrezcas tu corazón a alguien que come corazones, alguien que cree que la carne de corazón es deliciosa y no rara, alguien que succiona los líquidos gota a gota y que, con el mentón ensangrentado, te sonríe».

 (Alice Walker)

8. «Si las mujeres pudieran contemplar con mayor serenidad la posibilidad de una vida sin pareja, sin sentirse por ello solas o fracasadas, o con una pareja mujer, sin sentirse por ello abyectas y rechazadas, no aguantarían tanto la violencia de los machos».

(Itziar Ziga)

9. «No voy a decir que haya que suprimir el amor de nuestra vida, sino que hay que introducir otras cosas en ella, para equilibrarlo. La gente dice que el amor es lo más importante de la vida, pero yo no estoy de acuerdo. Creo que la libertad es muy importante, así como la justicia, la solidaridad… Puede que el amor sea una de las cosas más importantes, pero no la única, ni la principal».

(Mari Luz Esteban)

 10. «Es muy común que las mujeres piensen que soportar el maltrato y la crueldad y luego perdonar y olvidar es una muestra de compromiso y amor. Pero cuando amamos bien sabemos que la única respuesta sana y amorosa al abuso es alejarnos de quien nos hace daño».

(Bell Hooks)

11. «Es más fácil vivir a través de alguien más que convertirte en una persona completa tú misma».

(Betty Friedan)

12. «Para entender cómo funciona cualquier sociedad debemos entender la relación entre los hombres y las mujeres».

(Angela Davis)

13. «Tú piensas que si él no te ama entonces tú no vales nada. Piensas que si él ya no te quiere él tiene razón, crees que su opinión sobre ti debe ser correcta. Piensas que si él te desecha es porque eres basura. Tú piensas que él te pertenece a ti porque tú sientes que le perteneces a él. No. “Pertenecer” es una mala palabra, especialmente cuando la usas con alguien que amas. El amor no debería ser así».

(Toni Morrison)

14 «Amar demasiado no significa amar a demasiados hombres, ni enamorarse con demasiada frecuencia, ni sentir un amor genuino demasiado profundo por otro ser. En verdad, significa obsesionarse por un hombre y llamar a esa obsesión “amor”, permitiendo que esta controle nuestras emociones y gran parte de nuestra conducta y, si bien comprendemos que ejerce una influencia negativa sobre nuestra salud y nuestro bienestar, nos sentimos incapaces de librarnos de ella. Significa medir nuestro amor por la profundidad de nuestro tormento».

(Robin Norwood)

Maltrátame suavemente: la violencia como arma de seducción

6 Feb

Post 483 - Maltrátame suavemente

Desde las películas de Disney, pasando por las comedias románticas de Hollywood y los dramas españoles hasta los filmes de acción asiáticos, en muchas de las historias de amor que nos muestra la gran pantalla hay un elemento recurrente que es común a ellas: el uso de la violencia –física, psicológica o verbal-por parte de los personajes masculinos hacia las protagonistas femeninas, quienes a pesar del maltrato -o precisamente debido a este- caen rendidas a los pies de sus victimarios. ¿Es que acaso en el cine la violencia es un arma de seducción? ¿Los golpes, los gritos y las amenazas son sexys?

“Es posible e incluso necesario que al mismo tiempo que disfrutamos de los videojuegos podamos también ser críticos con respecto a sus aspectos más problemáticos o dañinos”.

(Anita Sarkeesian)

Desde que soy feminista -hace apenas 4 años atrás- son cada vez más las situaciones en las que se me viene a la mente esta frase de Anita Sarkeesian, una amante de los videojuegos que analiza los estereotipos sexistas que existen en estos productos de entretenimiento. Y es que ponerte las gafas violetas -es decir, adherirte al feminismo- te da una nueva perspectiva en la que la violencia de género o la representación sexista de las mujeres es algo que no puedes pasar por alto ni siquiera cuando estás viendo las películas que más te gustan.

Eso es lo que me pasó hace unos días atrás cuando volví a ver Oldboy, un fascinante drama surcoreano que narra la historia de un hombre en busca de venganza. El protagonista, en medio de su aventura, encuentra a una chica y tras intentar abusarla sexualmente, para luego atarla contra su voluntad y al final encerrarla en una habitación, termina descubriendo que la ama y que -lo que es más sorprendente- es correspondido por ella.

Aunque volví a disfrutar de esta extraordinaria película, este detalle -el de una relación amorosa en la que la violencia contra la mujer es uno de los ingredientes principales- siguió dándome vueltas en la cabeza durante varios días y, poco a poco, fui recordando, uno a uno, varios títulos de películas contemporáneas en las que la violencia masculina parece ser una peligrosa arma de seducción.

Imagen 2 - La Bella y la Bestia

Síndrome de amor

Cuando “la víctima de un secuestro, violación o retenida contra su voluntad, desarrolla una relación de complicidad y de un fuerte vínculo afectivo con quien la ha secuestrado” se produce una reacción psicológica conocida como el síndrome de Estocolmo, el cual hoy en día también es empleado para explicar el comportamiento de las mujeres que sufren maltratos por parte de sus parejas y los motivos por los cuales les resulta difícil romper el vínculo con sus agresores.

Como bien sabemos todas, la violencia contra la mujer es un mal que afecta a millones de nosotras en el mundo entero, a tal punto que es considerada un problema de salud que se reproduce como una epidemia en cada rincón del planeta: prueba de ello es que una de cada tres mujeres es víctima de agresiones físicas o sexuales por parte de su pareja.

Hace unos años atrás, escribí un post sobre La Bella y la Bestia en el cual describía cómo las agresiones verbales, físicas y psicológicas que la joven prisionera sufría en el castillo de su captor se justificaban detrás de la moraleja que el popular filme de Disney defendía: el de que la belleza está en el interior, a pesar de que la violencia de la Bestia era explícita: su agresividad era externa y tan temible como su apariencia física.

En ese entonces ya tenía la sospecha de que el “enamoramiento” de Bella estaba más relacionado con los efectos de su reclusión: ella era presa del síndrome de Estocolmo. Ahora estoy segura de que, desde una perspectiva feminista, esa es una interpretación certera, pero lamentablemente Bella no es la única, hay otros personajes femeninos de carne y hueso que también han cambiado la palabra captor (o agresor) por la palabra amor.

Imagen 2 - Átame

Secuéstrame si puedes

Era finales de 1989 cuando Pedro Almodóvar, quien estaba a punto de estrenar su más reciente película Átame, declaró a la prensa de su país que “Átame equivale a te quiero, con todo lo que ello conlleva, toda esa parte de las relaciones que no estamos dispuestos a aceptar pero que aceptamos porque no queremos ni podemos vivir sin amor”.

De esa manera el cineasta español resumía en buenas cuentas la historia de amor de su último filme en el cual una actriz porno llamada Marina era secuestrada por Ricky, un psicópata que -convencido de que la ama y que ella debería corresponder a sus sentimientos- la mantiene en cautiverio fuertemente atada a una cama.

Durante su secuestro, ella es primero golpeada hasta quedar inconsciente y luego maltratada psicológicamente de una y mil maneras y aunque llega a tener una oportunidad para escapar, prefiere quedarse al lado de su captor. Tal como el título lo dice, al final es la propia víctima quien exige ser atada para evitar así que sus ansias de libertad sean más fuertes y termine huyendo de su secuestrador.

Imagen 3 - Buffalo 66

Buffalo 66 también nos presenta una historia de amor nacida a partir de un secuestro: Layla es una estudiante de danza que es raptada por Billy, un hombre que acaba de salir de prisión. El único objetivo del flamante ex convicto es que su víctima se haga pasar por su novia para impresionar a sus padres.

La dinámica de esta pareja protagónica es diferente: además de la escena del secuestro en sí, Billy no hace uso de fuerza física para amedrentar a su prisionera, pero no porque no desee agredir a Layla sino porque esta, para sorpresa de todas, no opone resistencia alguna. Y no sólo eso, sino que a pesar del continuo maltrato verbal al que él la somete a lo largo de la cinta, ella termina siendo la única persona que realmente se interesa por conocer y comprender a Billy.

Imagen 4 - Oldboy

En comparación con las dos películas mencionadas, en Oldboy -filme cuyo argumento ya comenté al inicio de este post- la relación entre los protagonistas no se inicia con un secuestro sino más bien con una agresión sexual. Dae-Su se desmaya en un restaurante y Mido, la joven chef del lugar, lo lleva a su departamento y lo cuida hasta que él despierta.

Es entonces que, aprovechando la primera oportunidad que tiene, Dae-Su besa a la fuerza a Mido mientras levanta su falda. Si bien, Mido se defiende y logra detener a su agresor, a este intento fallido de violación, le suceden, como ya mencioné, el que ella sea atada y por último encerrada en una habitación por él. Pero nada de esto parece importarle a Mido, quien no duda en declarar su amor a Dae-Su.

Imagen 5 - Buffalo 66

“Sólo quiero que sepas que creo que eres el chico más dulce del mundo”.

Golpéame, mi amor

Quizás no sea casualidad que en 2 de las 3 películas que he elegido para mostrar este tipo de relaciones sentimentales marcadas por la violencia, las protagonistas sean mujeres secuestradas víctimas del “amor” que luego sienten por sus captores. Y es que para mí ese amor es en realidad una manifestación del síndrome de Estocolmo. Lo curioso es que en estos filmes en ningún momento se da a entender o se especifica que los personajes femeninos sufran algún trastorno psicológico.

Ellas son vistas más bien como la compañía perfecta para sus victimarios, ya que representan la esperanza que ellos necesitan para comenzar de nuevo o para seguir adelante. De esta manera se perpetúa la idea de que los cuidados y la actitud comprensiva de estas mujeres los harán cambiar porque amor es todo lo que ellos necesitan, aunque en este caso lo que en realidad les hace falta a Ricky, a Billy y a Dae-Su es ir a la cárcel por los delitos que cometen contra Marina, Layla y Mido, respectivamente.

En estos filmes -y en muchos otros como El guardaespaldas (1992) o El cazarrecompensas (2010)- la violencia masculina no es cuestionada, ni siquiera es mencionada de manera explícita: ninguno de los personajes femeninos hace referencia a los maltratos sufridos, estos parecen ser aceptados de antemano como algo propio del carácter de sus compañeros o como parte de la singular relación que han establecido con ellos. La violencia masculina ha sido normalizada a tal grado que las agresiones cometidas por los hombres no son vistas como algo más que un elemento que le añade intensidad a la dinámica del enamoramiento o de la seducción.

Si bien Átame, Buffalo 66 y Oldboy son algunas de mis películas favoritas, el disfrutar de ellas no significa que no pueda notar su aspecto problemático o dañino como el que he mencionado líneas arriba, el cual por cierto me recuerda un dicho popular limeño: “Más te pego, más te quiero”. Esta frase se emplea para hacer referencia a la dinámica de las parejas de la región andina, el llamado “amor serrano” -procedente de la región de la sierra peruana-, el cual en el imaginario colectivo se supone que está caracterizado por la violencia contra la mujer. Cierta o no, esta frase parece resumir muy bien la relación amorosa en una buena cantidad de películas del cine contemporáneo proveniente de diferentes partes del mundo.