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«Marilyn Monroe, precursora del feminismo»

10 Ago

Post 563 - Marilyn Monroe, precursora del feminismo

Conocemos a la actriz Marilyn Monroe como estrella de cine y símbolo sexual, sin embargo, fue mucho más que eso, pues es considerada una de las precursoras de los movimientos feministas de los años 60.

Pese a quedar en la cultura popular como una mujer frívola de Hollywood, tuvo actitudes feministas muy adelantadas para su época: fue la primera mujer en crear y dirigir su compañía productora de cine, denunció los abusos sexuales que vivió durante su niñez y evidenció el acoso y trato sexista que recibían las mujeres en la industria del entretenimiento.

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FeminiCine: películas y documentales feministas

1 Abr

Post 507 - Feminicine películas y documentales feministas

En el cine las mujeres no sólo se lucen delante de las cámaras sino también detrás de ellas, no son sólo musas, también son creadoras; no sólo pueden realizar papeles secundarios, sino también encarnar los roles protagónicos. FeminiCine es una lista de películas y documentales feministas en los que las mujeres son las dueñas y señoras de la pantalla grande.

PELÍCULAS

A

Ágora (2009): Alejandro Amenábar, España.

Alicia en el País de las Maravillas (Alice in Wonderland, 2010): Tim Burton, Estados Unidos.

Annie (1982): John Huston, Estados Unidos.

A prueba de muerte (Death proof, 2007): Quentin Tarantino, Estados Unidos.

B

Billy Eliot (2000):  Stephen Daldry, Reino Unido.

C

Cambio de hábito (Sister act, 1992): Emile Ardolino, Estados Unidos.

D

Divergente (Divergent, 2014): Neil Burger, Estados Unidos.

E

El cisne negro (Black swan, 2010): Darren Aronofsky, Estados Unidos.

El laberinto del fauno (2006): Guillermo del Toro, España.

El sueño de Walt (Saving Mr. Banks, 2013): John Lee Hancock Estados Unidos.

Escritores de la libertad (Freedom writers, 2007): Richard LaGravenese, Estados Unidos.

F

Flashdance (1983): Adrian Lyne, Estados Unidos.

Frozen (2013): Chris Buck, Jennifer Lee, Estados Unidos

G

Gia (1998): Michael Cristofer, Estados Unidos.

Good hair (2009): Jeff Stilson, Estados Unidos.

Grietas (Cracks, 2009): Jordan Scott, Irlanda.

H

Hard candy (2005), David Slade, Estados Unidos.

Henry y June (Henry & June, 1990): Philip Kaufman, Estados Unidos

Historias cruzadas (The help, 2011): Tate Taylor, Estados Unidos.

I

Inocencia interrumpida (Girl, Interrupted, 1999): James Mangold, Estados Unidos.

J

Jackie Brown (1997): Quentin Tarantino, Estados Unidos.

Juno (2007): Jason Reitman, Estados Unidos.

K

Kill Bill I (2003): Quentin Tarantino, Estados Unidos.

Kill Bill II (2004): Quentin Tarantino, Estados Unidos.

L

La boda de Muriel (Muriel’s Wedding 1994): P.J. Hogan, Australia.

La mirada invisible (2010): Diego Lerman, Argentina.

La muerte le sienta bien (Death becomes her, 1992): Robert Zemeckis, Estados Unidos

La nana (2009): Sebastián Silva, Chile.

La pianista (La pianiste, 2001): Michael Haneke, Austria.

La sonrisa de Mona Lisa (Mona Lisa smile, 2003): Mike Newell, Estados Unidos.

Las malas intenciones (2011): Rosario García-Montero, Perú.

Las brujas de Eastwood (The witches of Eastwick, 1987): George Miller, Estados Unidos.

Las horas (The hours, 2002): Stephen Daldry, Estados Unidos.

Las mujeres perfectas (The Stepford wives, 2004): Frank Oz, Estados Unidos.

Leonera (2008): Pablo Trapero, Argentina.

Little Miss Sunshine (2006): Jonathan Dayton y Valerie Faris, Estados Unidos.

Los hombres que no amaban a las mujeres (Män som hatar kvinnor, 2009): Niels Arden Oplev, Suecia.

Los juegos del hambre (The hunger games, 2012): Gary Ross

Los muchachos no lloran (Boys don’t cry, 1999): Kimberly Peirce, Estados Unidos.

M

Made in Dagenham (2010): Nigel Cole, Reino Unido.

Mad Max: Furia en el camino (Mad Max: Fury Road, 2015): George Miller, Australia.

Magnolias de acero (Steel Magnolias, 2012): Kenny Leon, Estados Unidos.

Maléfica (Maleficent, 2014): Robert Stromberg, Estados Unidos.

Mary Poppins (1964): Robert Stevenson, Estados Unidos.

Matilda (1996): Danny DeVito, Estados Unidos

Million dollar baby (2004): Clint Eastwood, Estados Unidos.

Mi primer beso (My girl, 1991): Howard Zieff, Estados Unidos.

Mi vida sin mí (My Life Without Me, 2003): Isabel Coixet, España

Mujercitas (Little women, 1994): Gillian Armstrong, Estados Unidos.

Mulan (1998): Barry Cook, Tony Bancroft, Estados Unidos.

N

Nunca más (Enough, 2002): Michael Apted, Estados Unidos.

Ñ

O

Ojos grandes (Big eyes, 2014): Tim Burton, Estados Unidos.

P

Perdida (Gone girl, 2014): David Fincher, Estados Unidos.

Philadelphia (1993): Jonathan Demme, Estados Unidos.

Polytechnique (2009): Denis Villeneuve, Canadá.

Q

R

Rosario Tijeras (2005): Emilio Maillé, Colombia.

S

Secretos peligrosos (The whistleblower, 2010): Larysa Kondracki, Canadá.

Somewhere (2010): Sofia Coppola, Estados Unidos.

T

Te doy mis ojos (2003): Icíar Bollaín, España.

Tenemos que hablar de Kevin (We need to talk about Kevin, 2011): Lynne Ramsay, Reino Unido.

Thelma y Louise (Thelma & Louise, 1991): Ridley Scott, Estados Unidos.

The Runaways (2010): Floria Sigismondi, Estados Unidos.

Transamérica (Transamerica, 2005): Duncan Tucker, Estados Unidos.

Triste San Valentín (Blue Valentine, 2010): Derek Cianfrance, Estados Unidos.

U

V

Valiente (Brave, 2012): Mark Andrews, Brenda Chapman y Steve Purcell, Estados Unidos.

W

X

XXY (2007): Lucía Puenzo, Argentina

Y

Z

DOCUMENTALES

Atraso menstrual

Brujas, cine y feminismo

El clítoris, ese gran desconocido

El feminismo me cagó la vida

Gordofobia

La escuela del silencio 

La guerra contra las mujeres

La luna en ti

La noche de Jhinna

Masturbación femenina

MIAU: Movimiento Insurrecto por la Autonomía de Una misma 

Miss Escaparate

Monthlies, tu primera luna

Regarding Susan Sontag

Vientre de mujer

Yo decido: El tren de la libertad

 

Pelea como una mujer y baila como un niño

27 Mar

Post 505 - Pelea como una mujer y baila como un niño

¿Qué tienen en común una mujer de 31 años que decide dedicarse al boxeo y un niño de 11 años que quiere bailar ballet? En Million dollar baby, Maggie es una mesera que ahorra todas las propinas que recibe para pagar su membresía en un gimnasio de boxeo, cuyo dueño se niega a entrenarla sólo porque es mujer. En Billy Elliot, Billy tiene que practicar ballet a escondidas de su padre y de su hermano mayor porque sabe que ellos se molestarán si descubren que a él le gusta bailar entre niñas vestidas con tutú.

En estas películas, ambos personajes tienen que enfrentarse a los estereotipos sexistas de ambientes que le son hostiles o que les resultan extraños sólo por el género al cual ellos pertenecen. Pero tanto Maggie como Billy no se rinden y, armados de su valentía y su rebeldía, rompen con los esquemas establecidos por los demás a la par que aprenden algunas lecciones sobre la persecución de los sueños y sobre la importancia de desobedecer cuando lo que se nos impone desde afuera es algo que va en contra de nosotros mismos.

Desde hace un par de años atrás, cuando comencé a admirar a Bruce Lee -tanto por su grandiosa destreza física como por su brillante inteligencia- no he vuelto a mirar ninguna disciplina física, sea artística o deportiva, de la misma manera.

Luego de ver algunas películas de Lee y algunos documentales sobre su vida, pude entender que él era mucho más que un extraordinario deportista, era también un destacado intelectual. Él era un sabio maestro del autoconocimiento. A través de las artes marciales había desarrollado su fuerza exterior y también su fuerza interior y cada enfrentamiento con uno o varios de sus contrincantes era una metáfora de los desafíos o dificultades que una persona tiene que enfrentar a lo largo de su vida.

Es así que sus aprendizajes a nivel físico se convertían en enseñanzas a nivel psíquico y creo que esto se aplica a cualquier otra disciplina deportiva o artística como el boxeo o el ballet por más distintas que estas puedan parecer entre sí.

Ser fuerte no es suficiente

Pelea como una mujer1

– Pensé que tal vez estaría interesado en entrenarme.

– Yo no entreno chicas.

– Tal vez debería hacerlo. Los que me ven pelear dicen que soy fuerte.

– Niña, ser fuerte no es suficiente.

Este diálogo inicial bastó para que no pudiera dejar de ver Million dollar baby. Cuando Frankie Dunn le dice -en torno burlón- a Maggie Fitzgerald: Niña, ser fuerte no es suficiente, esa frase resonó en mí de alguna manera que en ese momento no supe explicar, pero que al final de la película comprendí a qué se debía.

La historia de una mujer treintañera, pobre, solitaria y a quien su familia menosprecia puede resultar conmovedora pero si esa misma mujer tiene una meta en mente y no hay nadie que pueda convencerla de que no logrará lo que se propone, su historia ya no sólo es conmovedora sino que también resulta inspiradora.

Eso es lo que ocurre con Maggie: está decidida a convertirse en campeona de boxeo profesional pero para lograrlo tiene que aprender la primera lección que Frankie sintetiza en esa frase: ser fuerte no es suficiente. Pero no sólo no es suficiente para el boxeo, sino que no es suficiente para enfrentar la vida, menos aún si eres una mujer.

A lo largo de la cinta, la protagonista aprende a pelear, desarrolla técnicas, asimila estrategias que le servirán para moverse mejor, para atacar, para protegerse, para aceptar sus derrotas y para vencer. El boxeo, ese espacio masculino en el cual es recibida con hostilidad por los hombres que la rodean, es una metáfora del mundo en el que vivimos: un mundo que no está hecho para las mujeres y en donde es necesario ganar en el ring para obtener el respeto de tus oponentes.

Pelea como una mujer2

Siendo Maggie una extraña a quien nadie en el gimnasio recibe con los brazos abiertos, es Frankie quien le enseña las reglas del juego. Él es una figura paternal, cuyas enseñanzas le ayudan a ella a sobrevivir en un ambiente que le es adverso, esas enseñanzas se podrían resumir en otra frase suya, que aparece en el siguiente diálogo:

– Has olvidado la regla. ¿Cuál es la regla?

– ¿Moverme hacia la izquierda?

– La regla es protegerte a ti misma todo el tiempo. ¿Cuál es la regla?

– Protegerme a mí misma todo el tiempo.

Esa es la más grande lección que Maggie aprende y que todas deberíamos aprender porque ser fuerte no es suficiente, chicas.

 ¡Baila, marica!

Baila como un niño1

Esto es lo que le grita Tony a Billy Elliot cuando descubre que su hermano menor está preparándose para una audición en una importante escuela de ballet: ¡Baila, marica! Ni Tony ni Jackie -el padre de ambos- pueden comprender por qué Billy ha decidido abandonar el boxeo para dedicarse a bailar ballet, actividad artística que ellos asocian como algo exclusivamente femenino, una disciplina propia de las niñas, no de los niños. Aunque Billy intenta explicarle a su familia que no es homosexual -para aplacar así de la homofobia que esto genera en su padre y a su hermano- nadie en casa entiende al muchacho y le advierten que se olvide del ballet para siempre.

Pero este niño de apenas 11 años comete el que quizás sea el mayor acto de desobediencia de su vida, sin imaginar que su actitud rebelde va a cambiar su futuro inmediato. En este caso, la situación es a la inversa de la historia de la protagonista de Million dollar baby, aquí es un niño el que ingresa a un espacio exclusivamente femenino. Pero Billy no está solo, también tiene alguien que lo guía: la señora Wilkinson que, al igual que Frankie hace con Maggie, no se muestra condescendiente con su nuevo púpilo sino que, por el contrario, le exige cada vez más dedicación y esfuerzo a la par que le ayuda a librarse de sus prejuicios y temores y le ofrece la oportunidad de hacer lo que le gusta, a pesar de la oposición de su familia.

Baila como un niño2

Es en medio de sus clases de baile que vamos descubriendo que la pasión de Billy por el ballet tiene que ver más con lo emocional que con lo físico: bailar para él es una manera de poder expresar lo que siente. En un hogar en el que la muerte reciente de su madre ha dejado un profundo vacío en el corazón de su familia, Billy encuentra un refugio en el movimiento rítmico de su cuerpo. La rabia, la tristeza, la impotencia, el miedo o la soledad son sentimientos que él libera en cada paso que da guiado por la música que habita en su corazón.

Porque en este mundo heteropatriarcal en el que vivimos -plagado de discursos machistas y de innumerables estereotipos sexistas- a las mujeres no se les enseña a defenderse a sí mismas sino a buscar la protección masculina –ya sea el padre, el hermano o la pareja- en caso de verse en peligro y a los hombres no se les enseña a demostrar sus sentimientos si no es a través de la ira y la violencia. Por eso quizás una buena manera de vivir de forma consciente y desobediente sea pelear como una mujer y bailar como un niño: Maggie y Billy lo hicieron, nosotras también podemos hacerlo.

Las princesas son unas tontas

25 Feb

En tan sólo dos minutos, esta niña de 7 años nos explica lo tontas (boludas) que son las princesas de los cuentos de hadas al esperar por su príncipe azul en vez de hacerse cargo de sí mismas.

«Brujas, cine y feminismo»

23 Feb

491 - Brujas, cine y feminismo

Las brujas son viejas, feas -o diabólicamente bellas- y malvadas, así es como el cine y la televisión la representan desde una perspectiva patriarcal. Pero, desde una mirada feminista, ellas representan a mujeres independientes, poderosas y sabias,  todas aquellas que se niegan a someterse al poder masculino.  Brujas, cine y feminismo es un mini documental que nos muestra cuál es la relación entre las brujas y el feminismo y en cómo se representa esta conexión en el cine y la televisión.

Maltrátame suavemente: la violencia como arma de seducción

6 Feb

Post 483 - Maltrátame suavemente

Desde las películas de Disney, pasando por las comedias románticas de Hollywood y los dramas españoles hasta los filmes de acción asiáticos, en muchas de las historias de amor que nos muestra la gran pantalla hay un elemento recurrente que es común a ellas: el uso de la violencia –física, psicológica o verbal-por parte de los personajes masculinos hacia las protagonistas femeninas, quienes a pesar del maltrato -o precisamente debido a este- caen rendidas a los pies de sus victimarios. ¿Es que acaso en el cine la violencia es un arma de seducción? ¿Los golpes, los gritos y las amenazas son sexys?

“Es posible e incluso necesario que al mismo tiempo que disfrutamos de los videojuegos podamos también ser críticos con respecto a sus aspectos más problemáticos o dañinos”.

(Anita Sarkeesian)

Desde que soy feminista -hace apenas 4 años atrás- son cada vez más las situaciones en las que se me viene a la mente esta frase de Anita Sarkeesian, una amante de los videojuegos que analiza los estereotipos sexistas que existen en estos productos de entretenimiento. Y es que ponerte las gafas violetas -es decir, adherirte al feminismo- te da una nueva perspectiva en la que la violencia de género o la representación sexista de las mujeres es algo que no puedes pasar por alto ni siquiera cuando estás viendo las películas que más te gustan.

Eso es lo que me pasó hace unos días atrás cuando volví a ver Oldboy, un fascinante drama surcoreano que narra la historia de un hombre en busca de venganza. El protagonista, en medio de su aventura, encuentra a una chica y tras intentar abusarla sexualmente, para luego atarla contra su voluntad y al final encerrarla en una habitación, termina descubriendo que la ama y que -lo que es más sorprendente- es correspondido por ella.

Aunque volví a disfrutar de esta extraordinaria película, este detalle -el de una relación amorosa en la que la violencia contra la mujer es uno de los ingredientes principales- siguió dándome vueltas en la cabeza durante varios días y, poco a poco, fui recordando, uno a uno, varios títulos de películas contemporáneas en las que la violencia masculina parece ser una peligrosa arma de seducción.

Imagen 2 - La Bella y la Bestia

Síndrome de amor

Cuando “la víctima de un secuestro, violación o retenida contra su voluntad, desarrolla una relación de complicidad y de un fuerte vínculo afectivo con quien la ha secuestrado” se produce una reacción psicológica conocida como el síndrome de Estocolmo, el cual hoy en día también es empleado para explicar el comportamiento de las mujeres que sufren maltratos por parte de sus parejas y los motivos por los cuales les resulta difícil romper el vínculo con sus agresores.

Como bien sabemos todas, la violencia contra la mujer es un mal que afecta a millones de nosotras en el mundo entero, a tal punto que es considerada un problema de salud que se reproduce como una epidemia en cada rincón del planeta: prueba de ello es que una de cada tres mujeres es víctima de agresiones físicas o sexuales por parte de su pareja.

Hace unos años atrás, escribí un post sobre La Bella y la Bestia en el cual describía cómo las agresiones verbales, físicas y psicológicas que la joven prisionera sufría en el castillo de su captor se justificaban detrás de la moraleja que el popular filme de Disney defendía: el de que la belleza está en el interior, a pesar de que la violencia de la Bestia era explícita: su agresividad era externa y tan temible como su apariencia física.

En ese entonces ya tenía la sospecha de que el “enamoramiento” de Bella estaba más relacionado con los efectos de su reclusión: ella era presa del síndrome de Estocolmo. Ahora estoy segura de que, desde una perspectiva feminista, esa es una interpretación certera, pero lamentablemente Bella no es la única, hay otros personajes femeninos de carne y hueso que también han cambiado la palabra captor (o agresor) por la palabra amor.

Imagen 2 - Átame

Secuéstrame si puedes

Era finales de 1989 cuando Pedro Almodóvar, quien estaba a punto de estrenar su más reciente película Átame, declaró a la prensa de su país que “Átame equivale a te quiero, con todo lo que ello conlleva, toda esa parte de las relaciones que no estamos dispuestos a aceptar pero que aceptamos porque no queremos ni podemos vivir sin amor”.

De esa manera el cineasta español resumía en buenas cuentas la historia de amor de su último filme en el cual una actriz porno llamada Marina era secuestrada por Ricky, un psicópata que -convencido de que la ama y que ella debería corresponder a sus sentimientos- la mantiene en cautiverio fuertemente atada a una cama.

Durante su secuestro, ella es primero golpeada hasta quedar inconsciente y luego maltratada psicológicamente de una y mil maneras y aunque llega a tener una oportunidad para escapar, prefiere quedarse al lado de su captor. Tal como el título lo dice, al final es la propia víctima quien exige ser atada para evitar así que sus ansias de libertad sean más fuertes y termine huyendo de su secuestrador.

Imagen 3 - Buffalo 66

Buffalo 66 también nos presenta una historia de amor nacida a partir de un secuestro: Layla es una estudiante de danza que es raptada por Billy, un hombre que acaba de salir de prisión. El único objetivo del flamante ex convicto es que su víctima se haga pasar por su novia para impresionar a sus padres.

La dinámica de esta pareja protagónica es diferente: además de la escena del secuestro en sí, Billy no hace uso de fuerza física para amedrentar a su prisionera, pero no porque no desee agredir a Layla sino porque esta, para sorpresa de todas, no opone resistencia alguna. Y no sólo eso, sino que a pesar del continuo maltrato verbal al que él la somete a lo largo de la cinta, ella termina siendo la única persona que realmente se interesa por conocer y comprender a Billy.

Imagen 4 - Oldboy

En comparación con las dos películas mencionadas, en Oldboy -filme cuyo argumento ya comenté al inicio de este post- la relación entre los protagonistas no se inicia con un secuestro sino más bien con una agresión sexual. Dae-Su se desmaya en un restaurante y Mido, la joven chef del lugar, lo lleva a su departamento y lo cuida hasta que él despierta.

Es entonces que, aprovechando la primera oportunidad que tiene, Dae-Su besa a la fuerza a Mido mientras levanta su falda. Si bien, Mido se defiende y logra detener a su agresor, a este intento fallido de violación, le suceden, como ya mencioné, el que ella sea atada y por último encerrada en una habitación por él. Pero nada de esto parece importarle a Mido, quien no duda en declarar su amor a Dae-Su.

Imagen 5 - Buffalo 66

“Sólo quiero que sepas que creo que eres el chico más dulce del mundo”.

Golpéame, mi amor

Quizás no sea casualidad que en 2 de las 3 películas que he elegido para mostrar este tipo de relaciones sentimentales marcadas por la violencia, las protagonistas sean mujeres secuestradas víctimas del “amor” que luego sienten por sus captores. Y es que para mí ese amor es en realidad una manifestación del síndrome de Estocolmo. Lo curioso es que en estos filmes en ningún momento se da a entender o se especifica que los personajes femeninos sufran algún trastorno psicológico.

Ellas son vistas más bien como la compañía perfecta para sus victimarios, ya que representan la esperanza que ellos necesitan para comenzar de nuevo o para seguir adelante. De esta manera se perpetúa la idea de que los cuidados y la actitud comprensiva de estas mujeres los harán cambiar porque amor es todo lo que ellos necesitan, aunque en este caso lo que en realidad les hace falta a Ricky, a Billy y a Dae-Su es ir a la cárcel por los delitos que cometen contra Marina, Layla y Mido, respectivamente.

En estos filmes -y en muchos otros como El guardaespaldas (1992) o El cazarrecompensas (2010)- la violencia masculina no es cuestionada, ni siquiera es mencionada de manera explícita: ninguno de los personajes femeninos hace referencia a los maltratos sufridos, estos parecen ser aceptados de antemano como algo propio del carácter de sus compañeros o como parte de la singular relación que han establecido con ellos. La violencia masculina ha sido normalizada a tal grado que las agresiones cometidas por los hombres no son vistas como algo más que un elemento que le añade intensidad a la dinámica del enamoramiento o de la seducción.

Si bien Átame, Buffalo 66 y Oldboy son algunas de mis películas favoritas, el disfrutar de ellas no significa que no pueda notar su aspecto problemático o dañino como el que he mencionado líneas arriba, el cual por cierto me recuerda un dicho popular limeño: “Más te pego, más te quiero”. Esta frase se emplea para hacer referencia a la dinámica de las parejas de la región andina, el llamado “amor serrano” -procedente de la región de la sierra peruana-, el cual en el imaginario colectivo se supone que está caracterizado por la violencia contra la mujer. Cierta o no, esta frase parece resumir muy bien la relación amorosa en una buena cantidad de películas del cine contemporáneo proveniente de diferentes partes del mundo.

Más auténtica

19 Ene

La Agrado es una mujer transexual que, de pie frente a un público inesperado, se decide a hablar de ella misma, sobre todo del rasgo que la define por excelencia: su autenticidad. Porque como ella misma afirma “una es más auténtica cuanto más se parece a lo que ha soñado de sí misma“.

Este fragmento de la película Todo sobre mi madre (1999) de Pedro Almodóvar se ha convertido en uno de los mejores monólogos del cine contemporáneo. La Agrado es no sólo un personaje inolvidable de la filmografía almodovariana sino también un ejemplo de que no hay nada mejor que encontrarte a ti misma y construir tu propia identidad.