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Sólo ellas en el escenario

16 Ene

En el año 1603, en el lejano Japón, la sacerdotisa Izumo no Okuni comenzó a realizar un nuevo estilo de danza dramática a orillas del río, marcando así la pauta para la creación de lo que se conocería como teatro Kabuki. Éste se popularizó con rapidez y comenzaron a surgir muchos grupos, todos compuestos por mujeres expertas en este arte que interpretaban tanto roles masculinos como femeninos.

Sin embargo, en el año 1629, el shogun Tokugawa Iemitsu prohibió que las mujeres participaran del teatro Kabuki para combatir la prostitución, debido a que gran parte de ellas se dedicaban a ofrecer servicios sexuales fuera de escena. Aunque la intención inicial era destruir esta forma de arte, su popularidad ya se había extendido, es por ello que desde esta fecha el elenco para las obras del teatro Kabuki está compuesto únicamente por hombres.

Casi tres siglos después, en el año 1914, Ichizo Kobayasahi, dueño de una importante compañía de ferrocarriles, funda el Takarazuka Revue -y más adelante, la escuela de música adjunta a ésta -modo de atracción para los turistas. Contraponiéndose al tradicional teatro Kabuki, Ichizo decide fundar esta compañía musical compuesta solo por mujeres.

Cada año la Escuela de Música Takarazuka acoge exclusivamente a jovencitas de 15 a 18 años y las entrena rigurosamente para que brillen en el escenario. Durante dos años se les instruye en diversos tipos de danza y demás artes escénicas. Al finalizar sus estudios se les asigna a una de las cinco compañías según sus habilidades (Flor, Luna, Nieve, Estrella y Cosmos).

Con trajes coloridos, maquillaje extravagante y bailes al más puro estilo de Hollywood, el Takarazuka Revue ha logrado capturar el corazón de muchas personas, mayoritariamente mujeres, tanto en su país natal como alrededor del mundo.

El amor romántico es una ficción

2 Jun

Cuando en 1950, una revista norteamericana le pidió, a Robert Doisneau, imágenes que retrataran a parejas de enamorados en París, al fotógrafo francés no se le ocurrió mejor idea que hacer una colección llamada Besos.

Doisneau tampoco pudo imaginar que El beso, una de las fotos que componía esta serie, se convertiría en la más importante de su carrera, no sólo por la popularidad que trajo consigo sino también por el juicio que cuatro décadas más tarde el artista galo tendría que enfrentar debido a ella.

Una pareja de jóvenes enamorados besándose en los labios, en la mejilla, con pasión o con ternura, en medio de las calles parisinas y ante la mirada curiosa de los transeúntes; así son las imágenes que Doisneau fotografió por ese entonces y El beso contiene los mismos elementos: un par de muchachos que interrumpe su caminar para unir sus labios, él gira su cabeza hacia ella, quien inclina el rostro para recibir ese beso apasionado que pasaría a la historia como una representación del amor romántico y de París como la ciudad del amor.

Y es que el plus adicional de esta imagen era que todos pensaron que esta foto había sido espontánea y Doisneau no lo negó: él había tenido la habilidad de capturar ese instante, ese beso “espontáneo” protagonizado por dos estudiantes de arte dramático, a quienes el fotógrafo había conocido en un café y que habían aceptado posar para él.  Ese era su más grande secreto profesional, que quedaría al descubierto años más tarde, desmitificando así el amor romántico que esta imagen representaba a la perfección.

Fue en 1993, cuando Françoise Bornet, la chica que aparece en la famosa foto, reclamó parte de las ganancias que este retrato había generado a lo largo de cuatro décadas. Sólo entonces, Doisneau confesó todo: no sólo presentó, ante un jurado, la serie de fotos tomada a la misma pareja en diferentes lugares de París, sino que comprobó que les había pagado a ambos actores por su trabajo.

Isla, mujeres y poesía

9 Mar

Safo (Amanda Brewster Sewell,1896)

Eran las primeras décadas del siglo V a. C.  cuando en la isla griega de Lesbos, la poetisa Safo fundó una escuela llamada Casa de las servidoras de las Musas y se convirtió en maestra de un grupo de jóvenes mujeres, a quienes les enseñaba poesía, música, danza y filosofía.

Inspirada por Afrodita, la diosa del amor, la poetisa, además de darles importantes lecciones a sus jóvenes alumnas, también se divertía con ellas enseñándoles el arte del placer.

A partir de los escritos poéticos que aún se conservan, en los que Safo hablaba, con intensidad y emoción, de la belleza de las mujeres y proclamaba su amor por ellas, se pudo deducir que la maestra mantenía relaciones íntimas con varias de sus discípulas.

Sensual, lírica y espiritual, hoy en día esta poetisa, dueña de una libertad creadora sin límites, es considerada la primera lesbiana de la Historia y un símbolo del amor entre mujeres.

Fue recién a finales del siglo XIX, cuando la palabra lésbico, lesbiano o lesbianismo, términos que derivan de Lesbos (el nombre de la isla), comenzó a emplearse para describir las relaciones sexuales o eróticas entre mujeres.