Tag Archives: denuncia

No me gusta cuando callas

23 Dic

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No me gusta cuando callas porque estás como ausente, me gusta cuando gritas con alegría o con furia, cuando dices lo que piensas, me gusta cuando hablas fuerte y claro porque entonces sé que estás presente.

«Mujer mutilada»

19 Jun

Post 541 - Mujer mutilada

Nos cortaron la cabeza 
por ser insumisas.

Las manos, ya que armas
no sabíamos manejar.

Nos extirparon el clítoris
para que no pudiéramos gozar.

La lengua
para no poder denunciar.

A algunas nos quemaron con ácido
por no querer ser propiedad.

Nos cosieron los labios
para que mantuviéramos la virginidad.

Nos dejaron rajarnos hasta el ano
en el famoso parto natural.

Y así nos han ido mutilando poco a poco
¿y todavía hay algunos que osan decir
que existe la igualdad?

Silvia Cuevas Morales
(Chile, 1962)

Eres más valiente de lo que piensas

26 Nov

Estas mujeres han roto el silencio y tienen algo que decirte: eres más valiente de lo que piensas y puedes salir adelante y dejar atrás la violencia que sufres por parte de tu pareja.

Ellas lo saben porque fueron víctimas de maltrato y hoy en día son mujeres sobrevivientes, empoderadas y libres de violencia doméstica por eso quieren compartir contigo este mensaje de apoyo para que tú también digas ¡basta! y comiences a tomar las riendas de tu vida.

El machismo también mata

26 May

Post 374 - El machismo también mata

El cigarro te enferma y contamina el ambiente, el machismo mata a las mujeres y contamina tu mente.

Pasajeras de segunda categoría

30 Jun

Post 229 - Pasajeras de segunda categoría

Hace unas semanas atrás, luego de una agotadora jornada laboral  y de varias horas de clases universitarias, regresaba a casa cerca de medianoche. Luego de bajar en el paradero final de la estación de buses, cansada y somnolienta, supe que no tendría otra opción que subirme a una combi para recorrer el último tramo de mi viaje diario.

Desde la década de los 90, la combi (conocida en otros países como furgoneta o van) es el transporte público más común y numeroso en Lima. Su reducido espacio, en el que los pasajeros suelen viajar sentados y de pie, apretados unos contra otros; es compensado por la gran velocidad de tan ligero vehículo y por la facilidad que estos tienen para sortear cualquier obstáculo que se les presente, ya que gracias a las maniobras de muchos de sus conductores -quienes inspirados quizás en la saga de Rápidos y furiosos-, suelen pasar por alto veredas, semáforos en rojo y, por supuesto, peatones.

Combi asesina

Es tan notoria su colorida y ruidosa presencia en las calles de la capital peruana, que  ha dado paso al nacimiento de la llamada cultura combi, que en el transporte público de este tipo se manifiesta principalmente en la falta de respeto hacia las señales de tránsito y hacia los pasajeros, lo cual genera no sólo un caos vehicular permanente en las avenidas principales de la ciudad sino una constante tensión entre el chofer o el cobrador -empleados a cargo de este servicio de transporte- y los usuarios del mismo.

Después de esta breve presentación sobre lo que es una combi limeña, podemos regresar a la noche aquella en que me subí a uno de estos vehículos para regresar a casa y, al sentarme, me encontré cara a cara con un sticker (pegatina o calcomanía) pegado en la ventana que decía lo siguiente: Chicas feas pagan doble, chicas gorditas pagan por kilos, chicas bonitas no pagan. Atte: La empresa

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No tardé en sentirme incómoda y molesta por el mensaje que supuestamente tendría que haberme parecido gracioso. Entonces le dije al cobrador: ¿No te parece que esto es una falta de respeto contra las mujeres? Él, desconcertado por mi pregunta, me dijo que no era su carro, que él no tenía nada que ver, a lo que yo le respondí: tú trabajas para esta empresa y mensajes como estos son ofensivos para las mujeres. Él no me quiso contestar, actitud común ya que, en la mayoría de casos, quienes trabajan en las combis no suelen ser conscientes de que están brindando un servicio, sino que creen que les están haciendo un favor a los pasajeros al dejarlos subir al vehículo.

Pero el uso de stickers con mensajes sexistas como éste es bastante común en las combis. Todos ellos apelan al humor para reducir a la mujer a un objeto sexual hecho para el deleite visual del chofer y del cobrador. En estos se nos clasifican en dos categorías: las feas y las bonitas (“Las feas pagan en dólares”, “Las feas al fondo”), o se nos diferencia entre jóvenes o viejas (“Sólo nenas”, pegado en la puerta del copiloto, el cual es como una invitación para poner a la presa lo más cerca posible de su victimario, el cual literalmente tiene al alcance de la mano -y de la vista- a las mujeres que se sientan adelante) o simplemente se nos cosifica sexualmente a tal punto que los mensajes se tornan aún más agresivos (“Señora, usted decide si la embarazo” o “La virginidad produce cáncer. ¡Vacúnate ya! Unidad móvil de vacunación”).

combi peruana las feas pagan en dolares latinfail

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Aquella noche, luego de bajar de la combi y caminar hacia casa en medio de la oscuridad de las calles solitarias, el silencio indiferente del cobrador me recordó que lamentablemente las mujeres, al ser consideradas ciudadanas de segunda categoría, somos también pasajeras de segunda categoría. Lo único que me alegró es que mientras yo protestaba por el sticker sexista, una adolescente que vestía su uniforme escolar me miró con curiosidad y se detuvo a leer el mensaje que tanto me había molestado. Entonces pensé que quizá a ella tampoco le había gustado y que ahora sabía que otras mujeres, como yo, no nos quedamos calladas.

Las mujeres no somos costillitas

21 Ene

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En el lenguaje coloquial de Lima para denominar a la pareja femenina de alguien se suele emplear una palabra de origen religioso: sea su esposa, su enamorada o su novia, el hombre suele denominar a su compañera sentimental como “costilla”. Es común oír decir cosas como: “Ella es mi costilla”, en clara alusión a uno de los pasajes bíblicos más conocidos, el de la creación de Eva, la primera mujer que hubo sobre la tierra, surgida de una costilla de Adán.

Hace poco descubrí, al visitar uno de sus locales, que una cadena de restaurantes limeña llamada “Mis costillitas”, especializada en la preparación de costillas (o ribs, en inglés) y otros tipos de carnes a la parrilla, ha hecho uso de esta expresión en su material publicitario, desde su carta, sus afiches promocionales y los “ocurrentes” mensajes que suelen escribir en las pizarras colocadas en cada uno de sus establecimientos.

En todos ellos, la mujer es “la costilla” y entre sus mensajes podemos encontrar frases como: “porque no todos los días te puedes comer la misma costilla” ( “comer” para los limeños equivale, en lenguaje coloquial también, a tener relaciones sexuales con alguien) o “aquí sí está permitido meterle la mano a la costilla (pero a la del plato)” (coloquialmente “meter la mano” significa “tocar las nalgas de otra persona” y se aplica casi siempre a los casos de acoso sexual callejero.

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Esta expresión de violencia contra la mujer, enmascarada bajo una aparentemente inofensiva mezcla de humor y picardía limeña, no pasó desapercibida para el bloguero Roberto Bustamante, quien en 2011 denunció la publicidad radial de “Mis costillitas” en este post, la cual por cierto contenía mensajes similares a los ya mencionados líneas arriba: mujer igual a carne.

Sin embargo, para finales del 2012, cuando visité uno de los locales de dicha cadena de restaurantes, todo permanecía igual: la carta, los afiches promocionales y la pizarra tenían el mismo contenido de siempre. El único cambio que he notado es que parecen haberse eliminado los banners con dichos mensajes, pero en su página de Facebook, aún figuran fotos de las pizarras que invitan a meter la mano a la costilla.

Parece ser que los dueños de este negocio y los encargados de realizar la publicidad de su marca no son conscientes de la clara discriminación en la que están incurriendo: el discurso que emplean alrededor del nombre de su restaurante es un ejemplo de publicidad sexista y violencia simbólica, herramientas ambas empleadas para reproducir las relaciones de dominación, desigualdad y discriminación que justifican la violencia contra las mujeres.

Quizá sea hora no sólo de que dejen de lado este tipo de mensajes sino que comiencen a pensar en alguna nueva campaña publicitaria en la que las mujeres no seamos comparadas a la carne que los clientes y las clientas de dicho lugar consumen.