Tag Archives: homofobia

«Matacabros»

15 Oct

 

Cuatro amigos no encuentran mejor manera de disfrutar de sus noches que dar rienda suelta a su homofobia: son un grupo de matacabros que limpian la ciudad y arrasan con cuanto travesti encuentran a su paso.

Si leíste este cuento, ahora podrás ver las aventuras homofóbicas de Kurt, Polo, Apache y Lagarto, convertidas en un cortometraje. A ver si encuentras las siete diferencias entre el relato de Sergio Galarza y esta adaptación de José Fernández del Río.

No a la homofobia

18 Ago

Post 410 - No a la homofobia

Su amor es más fuerte que tu odio. Su valentía es más grande que tu miedo.

Sus derechos y los tuyos deberían ser los mismos.

A quién amar

2 Jun

Post 377 - A quien amar

Las leyes del patriarcado no gobiernan en mi cuerpo ni en mi corazón.

Bajo la mirada de otros

11 Dic
The bath (Boris Ignatovich, 1935)

The bath (Boris Ignatovich, 1935)

“Las vidas de la mayoría de los hombres están limitadas y sus intereses son diariamente mutilados por la necesidad constante de probar a sus compañeros, y a sí mismos, que no son afeminados ni homosexuales”.
(Geoffrey Gorer)
 

Hace un tiempo atrás, en setiembre del 2012, en Lima se desató la polémica en torno al comediante peruano Carlos Álvarez que apareció en un show de variedades imitando al futbolista, también peruano, Paolo Guerrero. Como se puede apreciar en este video se hacen continuas referencias a la supuesta homosexualidad del jugador. Luego de este suceso, en un noticiero local, un enfurecido Paolo Guerrero tilda de “maricón” al comediante, a lo que éste responde con una amenaza de denuncia por difamación. Finalmente, el asunto no llegó a mayores y  todo se solucionó  pacíficamente.

Pero lo que me llama la atención del caso no es la parodia del  cómico (que tiende a imitar a todos sus personajes como amanerados o afeminados) sino el significado que cobra ser acusado o señalado como homosexual en nuestra sociedad. Especialmente si eres una figura pública y un sujeto que representa la masculinidad hegemónica en su más pura esencia como es el caso de Guerrero.

Por otro lado, desde hace un par de años que pertenezco a una asociación universitaria que se encarga de difundir animación japonesa. Hace algunas semanas, me reuní con  algunos miembros de este grupo para decidir qué series se proyectarán el próximo ciclo. Lo que me pareció curioso es que a cada título que recomendaba, un compañero siempre me preguntaba si sucedía algo “raro” entre los protagonistas que eran hombres.

Sin duda, este compañero tiene actitudes homofóbicas, y no es la primera vez que las demuestra, pero este evento en particular me hizo cuestionarme un par de cosas: ¿por qué alguien que afirma ser heterosexual estaría tan obsesionado con la homosexualidad? Ni siquiera yo, que estoy interesada en el tema, me la paso tanto tiempo pensando o hablando sobre homosexualidad. La pregunta rondó en mi cabeza por varios días hasta que finalmente hallé un texto que disiparía todas mis dudas.

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Entre machos

A diferencia de las mujeres, a las cuales se nos considera “naturalmente” femeninas, los hombres tienen que probar continuamente su virilidad. Viven su masculinidad de acuerdo a las exigencias y siempre bajo la constante mirada de otros hombres, quienes actúan como jueces y verdugos de sus pares y de sí mismos.

La búsqueda desesperada e incesante de aprobación por parte de los otros hombres con los que se relacionan, en cualquier tipo de contexto (familia, trabajo, amistad), es lo que conduce sus vidas. Para demostrarse a sí mismos, y a los demás que son “hombres de verdad” de acuerdo a los indicadores de virilidad que ya hemos mencionado en un post anterior: repudio de lo femenino; poder, éxito, riqueza, posición social y mujeres atractivas; prohibición en torno a mostrar las emociones; osadía varonil y agresividad.

Este es uno de los aspectos centrales de la masculinidad y también una de las principales razones por la cual ésta es tan frágil. No sólo se debe a los altos estándares que se tienen sobre lo viril, que rayan en lo utópico, sino a que en cualquier momento puedes ser señalado como no suficientemente masculino por tus pares.  Ante esa situación solo queda redimirse de algún modo, ya sea alardeando sobre una nueva conquista o hablando sobre un posible ascenso en el trabajo. Pero el fracaso previo no quedará en el olvido. En este sistema de calificación de la masculinidad cada “éxito” y “fracaso” quedan grabados en un expediente ficticio.

Bajo el esquema en el cual se configura la masculinidad, la búsqueda del modelo ideal (utópico) que se intenta alcanzar a toda costa y la vigilancia de los otros hombres quienes cumplen la función de “policía de género”, ésta se torna en una competencia implacable e intensa, de la que finalmente nadie va a salir vencedor.

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La homofobia es gay

En el 2006, en Gran Bretaña se inició una campaña para combatir la homofobia y el bullying en las escuelas. Se hizo uso del eslogan “Homophobia is gay” (La homofobia es gay), jugando con el doble significado que tiene la palabra gay en inglés, que también significa  “bazofia o escoria” y es empleada usualmente con denotaciones peyorativas entre los jóvenes.

Aunque aquí, en Latinoamérica, la palabra gay posee un solo significado pienso que no hay ninguna frase que defina mejor la homofobia, especialmente después de leer a Michael S. Kimmel. Para este sociólogo, la homofobia es el miedo a ser percibido como gay. Mientras que la RAE (Real Academia Española) define la homofobia como una “aversión obsesiva hacia los homosexuales”, es en realidad un fenómeno mucho más complejo cuya característica más representativa es el miedo. Miedo de no ser un “verdadero hombre”, miedo de que descubran que en realidad eres un farsante, miedo de que descubran que tienes miedo.

Es este miedo el que domina todos los patrones de la masculinidad hegemónica, tal como podemos observar en este comercial de cerveza.

La definición actual de masculinidad hace que cualquier gusto, afición o comportamiento que se considere femenino sea descartado para que los hombres puedan cumplir con los estándares de virilidad y puedan ser reconocidos por sus pares como “hombres de verdad”. Bajo este concepto, al ser concebido el deseo homoerótico como el deseo por otros hombres, actitud exclusivamente femenina, tiene que ser desechado. La homofobia es el esfuerzo por suprimir ese deseo.

Prueba de ello son algunos estudios psicológicos, la mayoría realizados en Estados Unidos, que afirman que un alto porcentaje de homofóbicos sienten deseos homosexuales. Sin duda alguna, esta nueva definición de homofobia nos permite tener una visión mucho más adecuada para abordar esta problemática.

+Homofobia, temor, vergüenza y silencio en la identidad masculina. Michael S. Kimmel. Theorizing masculinities, editado por Harry Brod y Michael Kaufman. California (Estados Unidos), 1994.

¡Supéralo!

12 Jul

Post 236 - Supéralo

La abuela no tiene ningún problema con la orientación sexual de su nieta y con este cartel nos dice ¡alto a la lesbofobia!

 

Un hombre de verdad

1 Mar

Post 199 - Un hombre de verdad

“Ser hombre es un lugar de sufrimiento inútil”.
(Gunter Grass)
 

“Pelea como un hombre”, “Los hombres no lloran”, “No seas maricón”, “Los hombres sólo quieren sexo”, “Pórtate como un hombre”, son sólo algunas de las frases más comunes que los varones, desde temprana edad, escuchan constantemente como parte del entrenamiento social y cultural que hará de ellos unos representantes de ese modelo de masculinidad que el sistema patriarcal ha establecido como única posibilidad para ser hombre.

Hace unas semanas atrás, en la entrada de una estación de bus, vi a un niño que lloraba ruidosamente mientras su mamá trataba de calmarlo. Luego ella se acercó a la taquilla, ubicada a unos metros, para realizar un pago y el niño siguió llorando aún después de que el vigilante de la estación, que estaba parado a su lado, le dijo con una sonrisa incómoda: “No llores porque los hombrecitos no lloran”. En ese momento no pude evitar cierta molestia al notar el terrible significado de esa frase tan común y aparentemente inofensiva, pero no por eso menos atroz, que muestra cómo, desde pequeños, los varones viven día a día, durante todas sus vidas, un aprendizaje duro, agotador y doloroso, que busca convertirlos en hombres de verdad.

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Se busca un hombre masculino y viril

Es común pensar que la virilidad es una característica innata en el hombre, es decir, que ellos, por el solo hecho de tener pene y hormonas sexuales masculinas son dueños de rasgos tales como agresividad, fortaleza, poder, potencia o valor, los cuales, según el diccionario, son sinónimos de lo viril.

Sin embargo, la virilidad es, al igual que el género, una construcción histórica, ya que no existe un componente esencial en el interior del hombre, sino que la forma de serlo está determinada socialmente y va cambiando con el tiempo o varía de acuerdo a cada cultura.

Por un lado, esto explicaría por qué en las últimas décadas, han comenzado a aparecer grupos de hombres que critican el patriarcado y van creando formas alternativas, más justas y equitativas, de ser varón (repartición de las tareas del hogar, relaciones de pareja igualitarias y no violentas, participación activa en la crianza de los hijos, etc).

Por otro lado, un ejemplo de la masculinidad como creación cultural podría encontrarse en los rituales homosexuales que se practican en Melanesia en los que varones púberes mantienen contacto sexual con otros hombres adultos como parte de una ceremonia de iniciación. Al recibir el semen en sus cuerpos, son reconocidos como hombres, es decir, poseedores de una masculinidad que en su entorno es admirada, mientras que algo semejante en una cultura occidental sería asociado inmediatamente con la feminización del púber y descartado como un ritual de masculinización.

Según el sociólogo Michael S. Kimmel, esta nueva perspectiva con respecto a la virilidad, entendida como construcción histórica, abre una posibilidad que sigue siendo considerada imposible para muchos, pero que a nosotras nos resulta prometedora: “los hombres pueden cambiar, tanto individual como colectivamente”.

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Cómo ser un hombre de verdad en cuatro pasos

A pesar de los avances sociales y culturales que han abierto la posibilidad de nuevas formas de actuar y pensar para muchos representantes del sexo masculino, el modelo predominante de cómo ser hombre en nuestra cultura –es decir, la llamada masculinidad hegemónica occidental- sigue estando vigente en pleno siglo XXI.

¿Pero cuáles son esas características que debe poseer uno para ser considerado un hombre de verdad? Según el psicólogo Robert Brannon el modelo de masculinidad hegemónica se puede resumir en base a cuatro características:

1) La masculinidad es un repudio de lo femenino.

2) La masculinidad se mide por el poder, el éxito, la riqueza, la posición social y las mujeres atractivas (quienes también son vistas como bienes o posesiones) con las que uno se relaciona.

3) La masculinidad prohíbe mostrar emociones o sentimientos.

4) La masculinidad se basa en la osadía varonil y en la agresividad.

Aunque parezca increíble todos estos rasgos podemos encontrarlos repetidamente en productos de la cultura popular y la industria del entretenimiento como comerciales, series de televisión, canciones, y demás.

#1: No seas maricón

La masculinidad dominante podría resumirse en una consigna básica y elemental: ser hombre significa no ser una mujer, esto quiere decir no actuar, pensar o hablar como alguien del mal llamado “sexo débil” lo haría. Por supuesto, bajo esta perspectiva, una mujer es identificada en base a un estereotipo según el cual ella es dueña de una sensibilidad a flor de piel, capaz de brindar ternura y cuidados, un ser modesto y cortés, tímido y limpio.  Si el mandato fundamental para todo hombre es no ser como una mujer, él no debe mostrar, bajo ninguna circunstancia, estas cualidades pues de hacerlo pondría en duda su masculinidad.

 

De este repudio de lo femenino, se deriva la homofobia porque el hombre gay es asumido como un ser feminizado, o alguien que siente deseo por otros hombres y que quisiera ser mujer, por lo tanto se comporta como tal y por ende, debe ser repudiado por los hombres ya que encarna todos los miedos de éstos.  Aquí encontramos nuevamente que el estereotipo domina la percepción masculina: el gay es amanerado o afeminado y su existencia es una amenaza que atenta contra la hombría colectiva de los hombres de verdad.

La homofobia, el miedo de verse como una mujer o como un hombre gay, está presente de manera constante y latente en las relaciones que los hombres establecen entre ellos. Cada uno de los representantes del sexo masculino necesita sentir que sus pares lo reconocen como un hombre de verdad, por eso la masculinidad es una aprobación homosocial, es decir que se desarrolla entre hombres en su interacción social, por ejemplo, entre los amigos, los compañeros de trabajo y las figuras de autoridad como los padres y los jefes. Es así que los hombres cumplen un rol de “policía de género” y ponen a prueba, todo el tiempo, la hombría de sus pares.

 

#2: Hombre todopoderoso

Otro de los requisitos esenciales de la masculinidad se basa en el poder, el éxito, la riqueza, la posición social y las mujeres atractivas que uno conquista.

Pero el poder de un hombre de verdad, con respecto a otros hombres, también se mide por cuán cerca se está del modelo ideal masculino: blanco, heterosexual, joven o adulto de clase media. En sólo 32 segundos, este comercial de Paco Rabanne resume al hombre todopoderoso en su máxima expresión.

 

Otro ejemplo más local es el caso de muchos videos musicales de reggaeton, como este de Wisin y Yandel, en donde ambos ostentan todas las cualidades que un hombre todopoderoso posee.

 

#3: Los hombres no lloran

Un verdadero representante del sexo masculino jamás muestra debilidad, flaqueza o fragilidad, ya que eso sería comportarse como una mujer, es decir, ser un afeminado. Así que por más que se encuentren ante eventos de gran tensión emocional, como una ruptura amorosa, es preferible fingir una sonrisa para ocultar las lágrimas, tal como ocurre en esta popular canción de The Cure.

 

#4: Pórtate como un hombre

La osadía, la agresividad y la competitividad son las características fundamentales de la virilidad. Sin ellas, cualquier hombre corre el riesgo de ser visto por sus pares como gay. Por eso un verdadero hombre, por ejemplo, debe ser atrevido en su acercamiento a las mujeres (como se muestra en este comercial de Brahma) y además debe competir de manera agresiva contra cualquier otro hombre que se cruce en su camino (como podemos ver en los comerciales de Burger King y Coca Cola).

 

 

 

+ Homofobia, temor, vergüenza y silencio en la identidad masculina. Michael S. Kimmel. Theorizing masculinities, editado por Harry Brod y Michael Kaufman. California (Estados Unidos), 1994.

«No hay nada natural en la familia»

19 Dic

 

En apenas dos minutos, la socióloga Ana María Rivas se trae abajo uno de los conceptos más importantes de la sociedad occidental: la familia nuclear.

Según ella, esta institución tal como la conocemos hoy compuesta por padre, madre e hijos, surgió recién en el siglo XIX como modelo ideal que la clase burguesa promovió para moralizar al proletariado.

Descubre, en este video, por qué no hay nada natural en la familia.

+ Título: No hay nada natural (en la familia). Producción: Cenicientas 3.0 Género: Entrevista. País: España. Año: 2012.

«Matacabros»

14 Sep

Fotografía de Nan Goldin

 

No importaba el día que fuera, pero mejor si era viernes o sábado. El grupo se reunía en la misma esquina de siempre, a esperar a que Polo, el único con carro, pasara a recogerlos. ¿Para qué? ¿Para ir a huevear a Barranco o a Miraflores, dando vueltas como unos fracasados? ¿Para ruquear? No, muy pasado de moda. ¿Para hacer alarde de que ellos ya andaban sobre cuatro ruedas, mientras que los demás seguían a pie? Menos. ¿Entonces? Pues para levantar cabros, ¿y culeárselos?, nada que ver, ni que fueran unos degenerados. Ellos se los levantaban para darles un escarmiento.

Eran como la Hermandad de la Justicia. Polo se parecía bastante a Keanu Reeves, con esa cara de chico bueno e inocentón que les fascinaba a las hembras de quince para abajo, aunque él no era el jefe. El jefe era Kurt, el enigmático del grupo, siempre vestido de negro y con la cabeza rapada en forma de una esvástica, al estilo skinhead. Su rostro denotaba dureza y cuando decía algo, jamás lo repetía dos veces. Lagarto y Apache completaban el cuarteto. De éstos no había mucho que decir, salvo que eran fumones, les jodía el estudio y el riesgo los atraía, sólo con la fuerza que puede ejercer el vacío sobre un suicida.

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