Tag Archives: masculinidades

A los hombres

10 Ago

Post 708 - A los hombres

Un proceso natural femenino como la menstruación provoca asco en los hombres, mientras que el terrorismo machista ejercido por ellos a través de la violación suele ser justificado al culpar a la víctima de la agresión sufrida.

La sangre que mancha es la que se produce por la violencia sexual de los hombres hacia las mujeres, la sangre menstrual es vida y sabiduría femenina mes a mes y gota a gota.

El triunfo de la masculinidad

8 Ene

Post 628 - El triunfo de la masculinidad

Es difícil hacer un análisis de cómo o cuándo perdimos las mujeres, cómo fuimos sometidas, cuándo fuimos narradas y colocadas en el ámbito cultural de las lecturas míticas, donde está instalada la idea de superioridad masculina en contrapartida a nuestra inferioridad.

Transitamos en el tiempo, en el olvido sadomasoquista que sostiene la sumisión de amar y admirar a quienes nos someten. El olvido radica en que esta cultura enajenada no asume la movilidad del cambio, pues el sistema se modifica sólo para perfeccionarse, proceso en que afina y refina su cultura de dominio. Instalarse fuera de la cultura no es posible si nos aferramos a las ideologías producidas por el hombre, al orgullo de pertenecer a una cultura pervertida como sinónimo de humanidad. El triunfo de la masculinidad revela una mirada crítica y sin concesiones a la cultura que estamos viviendo y su incapacidad de generar otra.

Ser macho

29 Jun

Post 546 - Ser macho

Nada más aburrido que ser un macho, ser un hombre -que cuestiona sus privilegios y que lucha contra la violencia de género- es más divertido.

Ser un hombre

15 May
Post 526 - Ser hombre no me da derecho

SER UN HOMBRE NO ME DA EL DERECHO DE CONTROLAR A LAS MUJERES

Ser un hombre no te da el derecho de creer que una mujer te pertenece.

Ser un hombre no te da el derecho de decirle a una mujer qué es lo que debe o no debe hacer.

Ser un hombre no te da el derecho de creer que una mujer es inferior a ti sólo por el hecho de ser mujer.

Ser un hombre no te da el derecho de insultar, golpear, violar o matar a una mujer cuando ella no se comporta como tú deseas.

Porque ser un hombre no te da el derecho de controlar a las mujeres.

 

«Todas deberíamos ser feministas»

13 May

Post 525 - Todas deberíamos ser feministas

¿Qué significa ser feminista hoy en día? Esta es la pregunta central que se hace Chimamanda Ngozi Adichie, una escritora nigeriana que, a través de experiencias personales narradas con humor, nos muestra una definición certera del feminismo del siglo XXI.

Usando ejemplos de la vida cotidiana y de acuerdo a su experiencia como mujer africana residente en los Estados Unidos, Chimamanda explica de qué manera las mujeres son discriminadas alrededor del mundo en todos los ámbitos -desde el hogar y la escuela hasta el matrimonio y el mundo laboral y político. Convencida de que los roles de género dividen a las mujeres y a los hombres, ella propone una solución a la desigualdad: todas las personas deberíamos ser feministas.

10 escritoras que se hicieron pasar por hombres

8 May

J. T. Leroy

 “Los hombres miran a las literatas peor que mirarían al diablo”.

(Rosalía de Castro)

Hace varias semanas atrás fui al cine a ver Ojos grandes (Big eyes) y quedé fascinada con la historia de la más reciente película de Tim Burton. En ella se narra un episodio de la vida de Margaret Keane, una pintora norteamericana que solía crear retratos de niñas cuyos ojos grandes reflejaban una profunda tristeza y una desgarradora soledad.

Tras casarse en 1955, Margaret fue testigo de cómo su esposo Walter Keane -de quien adoptó el apellido- comenzó a atribuirse la autoría de los cuadros que ella pintaba. A medida que la popularidad de su obra crecía, su marido le exigía que cumpliera con largas horas de trabajo, encerrada bajo siete llaves en una habitación de la casa en la que vivían con el fin de que nadie descubriera que era Margaret y no él quien pintaba los famosos cuadros.

Pero tras 10 años de anonimato y al cansarse de los abusos de Walter, ella decidió separarse de él y decir la verdad, por eso inició una demanda en contra de su ex pareja para reclamar lo que era suyo: la autoría de su obra.

Margaret y Walter Keane (1955)

La historia de esta pintora inevitablemente me hizo pensar en todas aquellas mujeres artistas, cuyas obras no pudieron disfrutar del reconocimiento que merecían y que tuvieron que vivir bajo la sombra de algún hombre debido al sexismo que ha caracterizado desde siempre el mundo del arte y de la cultura en general.

Una historia similar a la de Keane es, por ejemplo, la de Camille Claudel, una escultora francesa que en vida no gozó del reconocimiento que caracterizó a la obra de su maestro y amante Auguste Rodin. El extraordinario talento de esta joven artista de finales del siglo XIX era innegable, sin embargo su vínculo tan cercano con Rodin hizo que muchos creyeran que la obra de ella había sido realizada por él.

Pero casos como este no sólo se dan en las artes plásticas, sino también en el mundo de las letras. Desde sus orígenes, la literatura ha sido una labor considerada masculina por excelencia y debido a que aún persiste la idea de que escribir es cosa de hombres, he hecho esta lista de 10 escritoras que, en diferentes épocas –desde la victoriana hasta nuestros días- y por diferentes motivos, se hicieron pasar por hombres, ocultas bajo un seudónimo masculino, para poder publicar sus obras o para evitar los prejuicios sexistas del público lector.

En estos casos, podríamos reescribir el dicho popular que dice que “detrás de cada gran hombre hay un gran mujer”: aquí detrás de la obra literaria de un gran escritor estaba una escritora y fue ella quien realmente escribió el libro.

 J.T. Leroy

A Jeremiah Terminator Leroy le bastó la publicación en 1999 de su primera novela titulada Sarah para convertirse no sólo en un autor famoso sino en toda una celebridad de la movida cultural y artística neoyorkina. Sus libros autobiográficos en los que la drogadicción y la prostitución daban cuenta de una vida difícil hicieron de este joven autor veinteañero uno de los más populares de fines de los noventa.

Sus apariciones en público comenzaron a ser cada vez más comunes hasta que en 2005 se descubrió que la verdadera escritora de las 4 novelas que lo lanzaron a la fama era Laura Albert, una mujer de 41 años. Ella confesó que creó a este personaje de un joven escritor desdichado -que encuentra en la literatura el refugio perfecto- porque estaba convencida de que nadie querría leer los libros de una cuarentona.

Para engañar a todos, Albert recurrió a su cuñada Savannah Knopp, quien vestida con un look andrógino encarnó a J.T. Leroy durante los 6 años que duró esta farsa literaria.

Las hermanas Brontë

Las hermanas Brontë

Cuando en 1847 se publicó Jane Eyre, la autoría de la obra estaba a nombre de Currer Bell, un seudónimo literario que ocultaba la identidad de quien había escrito una de las mejores novelas románticas de la literatura inglesa.

Por un momento se pensó que el autor de dicha obra maestra era William Makepeace Thackeray, quien ya había publicado varios libros por ese entonces. Pero poco tiempo después se reveló el misterio: una joven y novel escritora llamada Charlotte Brontë era la artífice de Jane Eyre, un éxito literario que hoy en día es considerado un clásico de la literatura.

Emily y Anne, las dos hermanas de Charlotte, también tuvieron que recurrir a seudónimos masculinos para poder publicar sus obras: Cumbres borrascosas y Agnes Grey, respectivamente.

J.K. Rowling J.K. Rowling

Eran mediados de los 90 cuando Joanne Rowling -una madre soltera desempleada- terminó de escribir su primera novela: Harry Potter y la piedra filosofal. Por ese entonces, la flamante escritora inglesa no podía imaginar que esa obra se convertiría de inmediato en un éxito de ventas en el mundo entero.

Al parecer la editorial que publicó por primera vez su libro tampoco creía posible que Rowling se convirtiera en un fenómeno literario y, convencida de que el público infantil y adolescente no estaría dispuesto a comprar un libro escrito por una mujer, la empresa le pidió que empleara un seudónimo que ocultara su género.

Pero esa no ha sido la única vez que Rowling ha usado un seudónimo. Luego de publicar su primera novela para adultos en 2012 y recibir en su mayoría muy malas críticas por ella, la popular escritora decidió al año siguiente publicar su segunda novela para adultos bajo el nombre de Robert Galbraith. Unos meses después, tras ser testigo de la buena acogida de su reciente obra, J.K. Rowling decidió reconocer públicamente que era ella la autora de la misma.

George Eliot

George Eliot

Cuando a finales de 1850, Mary Anne Evans decidió publicar su primera novela, no dudó en emplear un seudónimo masculino: George Eliot. De igual manera que había ocurrido con las hermanas Brontë -Charlotte, Anne y Emily- Evans creía que ese seudónimo haría que su obra fuese tomada en serio. Por ese entonces pocas mujeres escritoras publicaban con sus nombres verdaderos por temor a que sus escritos no fuesen valorados en sí mismos y pasen a ser catalogados como textos inferiores sólo por haber sido escritos por una mujer.

Colette

Colette

Sidonie Gabrielle Colette tenía tan sólo 20 años cuando en 1893 se casó con el escritor Henry Gauthier Villars, un hombre 15 años mayor que ella. Su flamante esposo no tardaría en notar el talento literario de la joven Sidonie y sin dudarlo le pidió que escribiera una serie de novelas inspiradas en los recuerdos que ella tenía de su niñez y su adolescencia, la cual se titularía Claudine y sería firmada por Gauthier.

La primera obra de la serie, publicada en 1900, se convirtió en un éxito inmediato y fue considerada un fenómeno editorial cuyas ventas sobrepasaron las expectativas del mismísimo Gauthier, quien se llevó los elogios de la crítica y del público. Deseoso de seguir obteniendo ganancias, él -con la excusa de facilitar la concentración de su esposa- decidió encerrar a Colette en la casa que ambos compartían para forzarla a escribir más novelas.

Luego de más de una década en un matrimonio infeliz, Colette decidió divorciarse de Gauthier y al año siguiente publicó Diálogos de animales, el primer libro firmado por ella.

  Cecilia Böhl de Faber

Fernán Caballero

Cuando a mediados de 1800, Cecilia Böhl de Faber y Larrea quiso publicar sus primeras novelas supo que tendría que usar un seudónimo masculino. En la España de ese entonces no era fácil publicar bajo el nombre de una mujer y por eso ella firmaba sus obras como Fernán Caballero.

Desde su juventud e incluso dentro de su familia, Böhl había tenido que hacer frente al machismo: su padre le había dicho que no perdiera el tiempo escribiendo porque esa era una labor masculina ya que, según él, las mujeres no tenían la capacidad intelectual para realizarla.

Sin embargo, nada pudo evitar que ella, aún oculta bajo su seudónimo, se convirtiera no sólo en una de las pioneras de la narrativa femenina española sino también en la dueña de un brillante legado periodístico.

Caterina Albert

Caterina Albert

La primera creación literaria de Caterina Albert titulada La infanticida (1898) fue suficiente para que ella conociera de cerca el conservadurismo y el sexismo que caracterizaba al mundo editorial de su época.

Esta obra suya fue duramente criticada debido al polémico tema que abordaba sumado al hecho de que era una mujer quien lo había escrito. Fue entonces que Albert continuó escribiendo pero haciendo uso del seudónimo Víctor Catalá, con el fin de ocultar su verdadera identidad y no ser víctima de las críticas despiadadas de sus contemporáneos.

Goerge Sand

George Sand

Aunque nació con el nombre de Amandine Dupin, antes de cumplir 30 años, esta joven francesa se cambió el nombre para su debut literario en 1831. A partir de entonces sería conocida como George Sand.

Su inicio en las letras coincidió con su divorcio y con una nueva apariencia: George usaba ropa masculina para moverse con libertad por París y para que se le permitiera entrar en espacios públicos reservados para hombres y en los que el ingreso de mujeres era algo prohibido. Aunque no dejó de usar prendas femeninas, sólo las llevaba puesta en algunas reuniones sociales.

La dominación masculina

6 Abr

Post 509 - La dominación masculina

El orden de las cosas no es un orden natural contra el que nada puede hacerse, sino que es una construcción mental, una visión del mundo con la que el hombre satisface su sed de dominio. Una visión que las propias mujeres, sus víctimas, han asumido, aceptando inconscientemente su inferioridad.

En La dominación masculina, Pierre Bourdieu, con su descripción etnográfica de la sociedad cabileña, auténtica reserva del inconsciente mediterráneo, ofrece un instrumento extremadamente poderoso para disolver las evidencias y explorar las estructuras simbólicas de ese inconsciente androcéntrico, que sobrevive en los hombres y mujeres de hoy.

Género: Ensayo. País: Francia. Año: 1998.

Pelea como una mujer y baila como un niño

27 Mar

Post 505 - Pelea como una mujer y baila como un niño

¿Qué tienen en común una mujer de 31 años que decide dedicarse al boxeo y un niño de 11 años que quiere bailar ballet? En Million dollar baby, Maggie es una mesera que ahorra todas las propinas que recibe para pagar su membresía en un gimnasio de boxeo, cuyo dueño se niega a entrenarla sólo porque es mujer. En Billy Elliot, Billy tiene que practicar ballet a escondidas de su padre y de su hermano mayor porque sabe que ellos se molestarán si descubren que a él le gusta bailar entre niñas vestidas con tutú.

En estas películas, ambos personajes tienen que enfrentarse a los estereotipos sexistas de ambientes que le son hostiles o que les resultan extraños sólo por el género al cual ellos pertenecen. Pero tanto Maggie como Billy no se rinden y, armados de su valentía y su rebeldía, rompen con los esquemas establecidos por los demás a la par que aprenden algunas lecciones sobre la persecución de los sueños y sobre la importancia de desobedecer cuando lo que se nos impone desde afuera es algo que va en contra de nosotros mismos.

Desde hace un par de años atrás, cuando comencé a admirar a Bruce Lee -tanto por su grandiosa destreza física como por su brillante inteligencia- no he vuelto a mirar ninguna disciplina física, sea artística o deportiva, de la misma manera.

Luego de ver algunas películas de Lee y algunos documentales sobre su vida, pude entender que él era mucho más que un extraordinario deportista, era también un destacado intelectual. Él era un sabio maestro del autoconocimiento. A través de las artes marciales había desarrollado su fuerza exterior y también su fuerza interior y cada enfrentamiento con uno o varios de sus contrincantes era una metáfora de los desafíos o dificultades que una persona tiene que enfrentar a lo largo de su vida.

Es así que sus aprendizajes a nivel físico se convertían en enseñanzas a nivel psíquico y creo que esto se aplica a cualquier otra disciplina deportiva o artística como el boxeo o el ballet por más distintas que estas puedan parecer entre sí.

Ser fuerte no es suficiente

Pelea como una mujer1

– Pensé que tal vez estaría interesado en entrenarme.

– Yo no entreno chicas.

– Tal vez debería hacerlo. Los que me ven pelear dicen que soy fuerte.

– Niña, ser fuerte no es suficiente.

Este diálogo inicial bastó para que no pudiera dejar de ver Million dollar baby. Cuando Frankie Dunn le dice -en torno burlón- a Maggie Fitzgerald: Niña, ser fuerte no es suficiente, esa frase resonó en mí de alguna manera que en ese momento no supe explicar, pero que al final de la película comprendí a qué se debía.

La historia de una mujer treintañera, pobre, solitaria y a quien su familia menosprecia puede resultar conmovedora pero si esa misma mujer tiene una meta en mente y no hay nadie que pueda convencerla de que no logrará lo que se propone, su historia ya no sólo es conmovedora sino que también resulta inspiradora.

Eso es lo que ocurre con Maggie: está decidida a convertirse en campeona de boxeo profesional pero para lograrlo tiene que aprender la primera lección que Frankie sintetiza en esa frase: ser fuerte no es suficiente. Pero no sólo no es suficiente para el boxeo, sino que no es suficiente para enfrentar la vida, menos aún si eres una mujer.

A lo largo de la cinta, la protagonista aprende a pelear, desarrolla técnicas, asimila estrategias que le servirán para moverse mejor, para atacar, para protegerse, para aceptar sus derrotas y para vencer. El boxeo, ese espacio masculino en el cual es recibida con hostilidad por los hombres que la rodean, es una metáfora del mundo en el que vivimos: un mundo que no está hecho para las mujeres y en donde es necesario ganar en el ring para obtener el respeto de tus oponentes.

Pelea como una mujer2

Siendo Maggie una extraña a quien nadie en el gimnasio recibe con los brazos abiertos, es Frankie quien le enseña las reglas del juego. Él es una figura paternal, cuyas enseñanzas le ayudan a ella a sobrevivir en un ambiente que le es adverso, esas enseñanzas se podrían resumir en otra frase suya, que aparece en el siguiente diálogo:

– Has olvidado la regla. ¿Cuál es la regla?

– ¿Moverme hacia la izquierda?

– La regla es protegerte a ti misma todo el tiempo. ¿Cuál es la regla?

– Protegerme a mí misma todo el tiempo.

Esa es la más grande lección que Maggie aprende y que todas deberíamos aprender porque ser fuerte no es suficiente, chicas.

 ¡Baila, marica!

Baila como un niño1

Esto es lo que le grita Tony a Billy Elliot cuando descubre que su hermano menor está preparándose para una audición en una importante escuela de ballet: ¡Baila, marica! Ni Tony ni Jackie -el padre de ambos- pueden comprender por qué Billy ha decidido abandonar el boxeo para dedicarse a bailar ballet, actividad artística que ellos asocian como algo exclusivamente femenino, una disciplina propia de las niñas, no de los niños. Aunque Billy intenta explicarle a su familia que no es homosexual -para aplacar así de la homofobia que esto genera en su padre y a su hermano- nadie en casa entiende al muchacho y le advierten que se olvide del ballet para siempre.

Pero este niño de apenas 11 años comete el que quizás sea el mayor acto de desobediencia de su vida, sin imaginar que su actitud rebelde va a cambiar su futuro inmediato. En este caso, la situación es a la inversa de la historia de la protagonista de Million dollar baby, aquí es un niño el que ingresa a un espacio exclusivamente femenino. Pero Billy no está solo, también tiene alguien que lo guía: la señora Wilkinson que, al igual que Frankie hace con Maggie, no se muestra condescendiente con su nuevo púpilo sino que, por el contrario, le exige cada vez más dedicación y esfuerzo a la par que le ayuda a librarse de sus prejuicios y temores y le ofrece la oportunidad de hacer lo que le gusta, a pesar de la oposición de su familia.

Baila como un niño2

Es en medio de sus clases de baile que vamos descubriendo que la pasión de Billy por el ballet tiene que ver más con lo emocional que con lo físico: bailar para él es una manera de poder expresar lo que siente. En un hogar en el que la muerte reciente de su madre ha dejado un profundo vacío en el corazón de su familia, Billy encuentra un refugio en el movimiento rítmico de su cuerpo. La rabia, la tristeza, la impotencia, el miedo o la soledad son sentimientos que él libera en cada paso que da guiado por la música que habita en su corazón.

Porque en este mundo heteropatriarcal en el que vivimos -plagado de discursos machistas y de innumerables estereotipos sexistas- a las mujeres no se les enseña a defenderse a sí mismas sino a buscar la protección masculina –ya sea el padre, el hermano o la pareja- en caso de verse en peligro y a los hombres no se les enseña a demostrar sus sentimientos si no es a través de la ira y la violencia. Por eso quizás una buena manera de vivir de forma consciente y desobediente sea pelear como una mujer y bailar como un niño: Maggie y Billy lo hicieron, nosotras también podemos hacerlo.

Maltrátame suavemente: la violencia como arma de seducción

6 Feb

Post 483 - Maltrátame suavemente

Desde las películas de Disney, pasando por las comedias románticas de Hollywood y los dramas españoles hasta los filmes de acción asiáticos, en muchas de las historias de amor que nos muestra la gran pantalla hay un elemento recurrente que es común a ellas: el uso de la violencia –física, psicológica o verbal-por parte de los personajes masculinos hacia las protagonistas femeninas, quienes a pesar del maltrato -o precisamente debido a este- caen rendidas a los pies de sus victimarios. ¿Es que acaso en el cine la violencia es un arma de seducción? ¿Los golpes, los gritos y las amenazas son sexys?

“Es posible e incluso necesario que al mismo tiempo que disfrutamos de los videojuegos podamos también ser críticos con respecto a sus aspectos más problemáticos o dañinos”.

(Anita Sarkeesian)

Desde que soy feminista -hace apenas 4 años atrás- son cada vez más las situaciones en las que se me viene a la mente esta frase de Anita Sarkeesian, una amante de los videojuegos que analiza los estereotipos sexistas que existen en estos productos de entretenimiento. Y es que ponerte las gafas violetas -es decir, adherirte al feminismo- te da una nueva perspectiva en la que la violencia de género o la representación sexista de las mujeres es algo que no puedes pasar por alto ni siquiera cuando estás viendo las películas que más te gustan.

Eso es lo que me pasó hace unos días atrás cuando volví a ver Oldboy, un fascinante drama surcoreano que narra la historia de un hombre en busca de venganza. El protagonista, en medio de su aventura, encuentra a una chica y tras intentar abusarla sexualmente, para luego atarla contra su voluntad y al final encerrarla en una habitación, termina descubriendo que la ama y que -lo que es más sorprendente- es correspondido por ella.

Aunque volví a disfrutar de esta extraordinaria película, este detalle -el de una relación amorosa en la que la violencia contra la mujer es uno de los ingredientes principales- siguió dándome vueltas en la cabeza durante varios días y, poco a poco, fui recordando, uno a uno, varios títulos de películas contemporáneas en las que la violencia masculina parece ser una peligrosa arma de seducción.

Imagen 2 - La Bella y la Bestia

Síndrome de amor

Cuando “la víctima de un secuestro, violación o retenida contra su voluntad, desarrolla una relación de complicidad y de un fuerte vínculo afectivo con quien la ha secuestrado” se produce una reacción psicológica conocida como el síndrome de Estocolmo, el cual hoy en día también es empleado para explicar el comportamiento de las mujeres que sufren maltratos por parte de sus parejas y los motivos por los cuales les resulta difícil romper el vínculo con sus agresores.

Como bien sabemos todas, la violencia contra la mujer es un mal que afecta a millones de nosotras en el mundo entero, a tal punto que es considerada un problema de salud que se reproduce como una epidemia en cada rincón del planeta: prueba de ello es que una de cada tres mujeres es víctima de agresiones físicas o sexuales por parte de su pareja.

Hace unos años atrás, escribí un post sobre La Bella y la Bestia en el cual describía cómo las agresiones verbales, físicas y psicológicas que la joven prisionera sufría en el castillo de su captor se justificaban detrás de la moraleja que el popular filme de Disney defendía: el de que la belleza está en el interior, a pesar de que la violencia de la Bestia era explícita: su agresividad era externa y tan temible como su apariencia física.

En ese entonces ya tenía la sospecha de que el “enamoramiento” de Bella estaba más relacionado con los efectos de su reclusión: ella era presa del síndrome de Estocolmo. Ahora estoy segura de que, desde una perspectiva feminista, esa es una interpretación certera, pero lamentablemente Bella no es la única, hay otros personajes femeninos de carne y hueso que también han cambiado la palabra captor (o agresor) por la palabra amor.

Imagen 2 - Átame

Secuéstrame si puedes

Era finales de 1989 cuando Pedro Almodóvar, quien estaba a punto de estrenar su más reciente película Átame, declaró a la prensa de su país que “Átame equivale a te quiero, con todo lo que ello conlleva, toda esa parte de las relaciones que no estamos dispuestos a aceptar pero que aceptamos porque no queremos ni podemos vivir sin amor”.

De esa manera el cineasta español resumía en buenas cuentas la historia de amor de su último filme en el cual una actriz porno llamada Marina era secuestrada por Ricky, un psicópata que -convencido de que la ama y que ella debería corresponder a sus sentimientos- la mantiene en cautiverio fuertemente atada a una cama.

Durante su secuestro, ella es primero golpeada hasta quedar inconsciente y luego maltratada psicológicamente de una y mil maneras y aunque llega a tener una oportunidad para escapar, prefiere quedarse al lado de su captor. Tal como el título lo dice, al final es la propia víctima quien exige ser atada para evitar así que sus ansias de libertad sean más fuertes y termine huyendo de su secuestrador.

Imagen 3 - Buffalo 66

Buffalo 66 también nos presenta una historia de amor nacida a partir de un secuestro: Layla es una estudiante de danza que es raptada por Billy, un hombre que acaba de salir de prisión. El único objetivo del flamante ex convicto es que su víctima se haga pasar por su novia para impresionar a sus padres.

La dinámica de esta pareja protagónica es diferente: además de la escena del secuestro en sí, Billy no hace uso de fuerza física para amedrentar a su prisionera, pero no porque no desee agredir a Layla sino porque esta, para sorpresa de todas, no opone resistencia alguna. Y no sólo eso, sino que a pesar del continuo maltrato verbal al que él la somete a lo largo de la cinta, ella termina siendo la única persona que realmente se interesa por conocer y comprender a Billy.

Imagen 4 - Oldboy

En comparación con las dos películas mencionadas, en Oldboy -filme cuyo argumento ya comenté al inicio de este post- la relación entre los protagonistas no se inicia con un secuestro sino más bien con una agresión sexual. Dae-Su se desmaya en un restaurante y Mido, la joven chef del lugar, lo lleva a su departamento y lo cuida hasta que él despierta.

Es entonces que, aprovechando la primera oportunidad que tiene, Dae-Su besa a la fuerza a Mido mientras levanta su falda. Si bien, Mido se defiende y logra detener a su agresor, a este intento fallido de violación, le suceden, como ya mencioné, el que ella sea atada y por último encerrada en una habitación por él. Pero nada de esto parece importarle a Mido, quien no duda en declarar su amor a Dae-Su.

Imagen 5 - Buffalo 66

“Sólo quiero que sepas que creo que eres el chico más dulce del mundo”.

Golpéame, mi amor

Quizás no sea casualidad que en 2 de las 3 películas que he elegido para mostrar este tipo de relaciones sentimentales marcadas por la violencia, las protagonistas sean mujeres secuestradas víctimas del “amor” que luego sienten por sus captores. Y es que para mí ese amor es en realidad una manifestación del síndrome de Estocolmo. Lo curioso es que en estos filmes en ningún momento se da a entender o se especifica que los personajes femeninos sufran algún trastorno psicológico.

Ellas son vistas más bien como la compañía perfecta para sus victimarios, ya que representan la esperanza que ellos necesitan para comenzar de nuevo o para seguir adelante. De esta manera se perpetúa la idea de que los cuidados y la actitud comprensiva de estas mujeres los harán cambiar porque amor es todo lo que ellos necesitan, aunque en este caso lo que en realidad les hace falta a Ricky, a Billy y a Dae-Su es ir a la cárcel por los delitos que cometen contra Marina, Layla y Mido, respectivamente.

En estos filmes -y en muchos otros como El guardaespaldas (1992) o El cazarrecompensas (2010)- la violencia masculina no es cuestionada, ni siquiera es mencionada de manera explícita: ninguno de los personajes femeninos hace referencia a los maltratos sufridos, estos parecen ser aceptados de antemano como algo propio del carácter de sus compañeros o como parte de la singular relación que han establecido con ellos. La violencia masculina ha sido normalizada a tal grado que las agresiones cometidas por los hombres no son vistas como algo más que un elemento que le añade intensidad a la dinámica del enamoramiento o de la seducción.

Si bien Átame, Buffalo 66 y Oldboy son algunas de mis películas favoritas, el disfrutar de ellas no significa que no pueda notar su aspecto problemático o dañino como el que he mencionado líneas arriba, el cual por cierto me recuerda un dicho popular limeño: “Más te pego, más te quiero”. Esta frase se emplea para hacer referencia a la dinámica de las parejas de la región andina, el llamado “amor serrano” -procedente de la región de la sierra peruana-, el cual en el imaginario colectivo se supone que está caracterizado por la violencia contra la mujer. Cierta o no, esta frase parece resumir muy bien la relación amorosa en una buena cantidad de películas del cine contemporáneo proveniente de diferentes partes del mundo.

Ni se te agranda ni se te achica

31 Oct

Post 442 - Ni se te agranda ni se te achica

Deja de acosarme y agredirme para probar cuán hombre eres, lo único que demuestras al hacer eso es cuán machista eres. El respeto hacia las mujeres es la mejor prueba de virilidad (fortaleza y valor) de un hombre.