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Estas 14 feministas tienen algo que decirte sobre el amor

13 Feb

Post 486 - Estas 14 feministas tienen algo qué decirte sobre el amor

El amor romántico ha sido y sigue siendo uno de los temas de los que más hablan y escriben feministas del mundo entero. Ya sean africanas, europeas, afroamericanas o latinoamericanas, todas ellas son conscientes de la importancia de romper con los mitos románticos para luchar contra la violencia de género.

Estas 14 frases son de feministas que tienen algo importante que decirte sobre el amor, la pareja y el matrimonio.

1. «El día que una mujer pueda no amar con su debilidad sino con su fuerza, no escapar de sí misma sino encontrarse, no humillarse sino afirmarse, ese día el amor será para ella, como para el hombre, fuente de vida y no un peligro mortal».

(Simone de Beauvoir)

 2. «“Por amor” aguantamos insultos, violencia, desprecio. Somos capaces de humillarnos “por amor”, y a la vez de presumir de nuestra intensa capacidad de amar. “Por amor” nos sacrificamos, nos dejamos anular, perdemos nuestra libertad, perdemos nuestras redes sociales y afectivas. “Por amor” abandonamos nuestros sueños y metas, “por amor” competimos con otras mujeres y nos enemistamos para siempre, “por amor” lo dejamos todo… Por eso este “amor” no es amor. Es dependencia, es necesidad, es miedo a la soledad, es masoquismo, es fantasía mitificada, pero no es amor».

(Coral Herrera Gómez)

3. «En el amor seguimos siendo muy idealistas. Somos supermodernas, con todos los elementos de la modernidad -pensamiento crítico, principio de realidad, análisis concreto-, pero en el amor nos perdemos, y seguimos queriendo amar y que nos amen según los mitos tradicionales, universales y eternos que han alimentado nuestras fantasías».

(Marcela Lagarde)

4. «El amor ha sido el opio de las mujeres, como la religión el de las masas. Mientras nosotras amábamos, los hombres gobernaban».

(Kate Millet)

 5. «Como soy una mujer, se espera que yo quiera casarme, se espera que en todas las decisiones de mi vida siempre tenga en mente que el matrimonio es lo más importante. El matrimonio puede ser una fuente de alegría, amor y apoyo mutuo pero ¿por qué se enseña a las chicas a que deseen casarse y no se enseña lo mismo a los chicos?».

(Chimamanda Ngozi Adichie)

 6. «Cada una de nosotras ha estado tan hambrienta de amor por tanto tiempo que queremos creer que el amor, una vez que lo hayamos encontrado, será todopoderoso».

(Audre Lorde)

7. «Nunca ofrezcas tu corazón a alguien que come corazones, alguien que cree que la carne de corazón es deliciosa y no rara, alguien que succiona los líquidos gota a gota y que, con el mentón ensangrentado, te sonríe».

 (Alice Walker)

8. «Si las mujeres pudieran contemplar con mayor serenidad la posibilidad de una vida sin pareja, sin sentirse por ello solas o fracasadas, o con una pareja mujer, sin sentirse por ello abyectas y rechazadas, no aguantarían tanto la violencia de los machos».

(Itziar Ziga)

9. «No voy a decir que haya que suprimir el amor de nuestra vida, sino que hay que introducir otras cosas en ella, para equilibrarlo. La gente dice que el amor es lo más importante de la vida, pero yo no estoy de acuerdo. Creo que la libertad es muy importante, así como la justicia, la solidaridad… Puede que el amor sea una de las cosas más importantes, pero no la única, ni la principal».

(Mari Luz Esteban)

 10. «Es muy común que las mujeres piensen que soportar el maltrato y la crueldad y luego perdonar y olvidar es una muestra de compromiso y amor. Pero cuando amamos bien sabemos que la única respuesta sana y amorosa al abuso es alejarnos de quien nos hace daño».

(Bell Hooks)

11. «Es más fácil vivir a través de alguien más que convertirte en una persona completa tú misma».

(Betty Friedan)

12. «Para entender cómo funciona cualquier sociedad debemos entender la relación entre los hombres y las mujeres».

(Angela Davis)

13. «Tú piensas que si él no te ama entonces tú no vales nada. Piensas que si él ya no te quiere él tiene razón, crees que su opinión sobre ti debe ser correcta. Piensas que si él te desecha es porque eres basura. Tú piensas que él te pertenece a ti porque tú sientes que le perteneces a él. No. “Pertenecer” es una mala palabra, especialmente cuando la usas con alguien que amas. El amor no debería ser así».

(Toni Morrison)

14 «Amar demasiado no significa amar a demasiados hombres, ni enamorarse con demasiada frecuencia, ni sentir un amor genuino demasiado profundo por otro ser. En verdad, significa obsesionarse por un hombre y llamar a esa obsesión “amor”, permitiendo que esta controle nuestras emociones y gran parte de nuestra conducta y, si bien comprendemos que ejerce una influencia negativa sobre nuestra salud y nuestro bienestar, nos sentimos incapaces de librarnos de ella. Significa medir nuestro amor por la profundidad de nuestro tormento».

(Robin Norwood)

Abajo el amor (romántico)

14 Feb
Abajo el amor.

Abajo el amor.

El amor romántico nos ha invadido. Desde hace más de dos siglos se inmiscuye en nuestras relaciones de pareja y no nos permite establecer vínculos más libres.  Nos impone roles represivos (tanto para mujeres como para hombres), nos incita a abandonar lo que somos y en lo que creemos, nos ata a una sola persona para toda la vida, nos obliga a creer en los cuentos de hadas y en el final feliz, cuando en realidad las relaciones humanas son mucho más complejas y presentan infinitos matices.

Pero, ¿cuáles son las características del amor romántico? ¿Cuáles son los mitos que los fundamentan? ¿Cómo es que llegó a convertirse en el modelo de amor más aceptado hoy en día?

Estas dudas que rondaban en mi cabeza se resolvieron cuando leí a Coral Herrera y rápidamente me convertí en una de sus seguidoras desde que tuve la suerte de tropezar con su blog El rincón de Haika.

Nunca me he enamorado antes y creo que soy una persona bastante afortunada por eso, pues cuando era adolescente el único modelo de amor que conocía es el romántico. Realmente creía que esa era la única forma de amar y que definitivamente así es cómo debía ser el amor, tal como lo describían las canciones, las películas y las novelas que consumí en mi niñez y en mi adolescencia.

Ahora, que ya soy adulta, el feminismo y los estudios de género me han ofrecido una percepción más clara del amor romántico y una visión más amplia de las relaciones humanas. Poco a poco me siento más preparada para poder llevar una relación igualitaria y libre. Me siento capaz de disfrutar más el momento, sin ataduras. Mi mirada se ha agudizado, y ahora es más sencillo para mí reconocer ciertos patrones de conducta fomentados por el amor romántico y por los mitos en los que éste se basa, los cuales abordaré en este artículo.

Estar enamorado es…

Princesa y principe

Si bien el amor romántico se establece como modelo ideal recién en el siglo XIX, ya en el siglo XII se podían observar sus primeros indicios como una variación del amor cortés. Éste se caracteriza por estar protagonizado por miembros de la nobleza, es decir, sólo los aristocráticos podían aspirar al amor. Usualmente el enamoramiento se iniciaba de manera unilateral por parte del caballero: él admiraba a la distancia a su amada, quien comúnmente estaba casada.

Varios siglos después, en el XIX, cuando surge el romanticismo se comienza a ligar el amor,  la sexualidad y el matrimonio como elementos inseparables entre sí.  El amor romántico es una mezcla de deseo emocional y sexual, y se caracteriza por la renuncia  y el olvido de uno mismo, la exclusividad emocional y sexual, y el carácter incondicional y de durabilidad (es para toda la vida). Cabe mencionar que el amor romántico influenció de manera más intensa a las mujeres, porque les ofrecía una forma de liberación dado que representaba la promesa de la felicidad eterna al lado de la pareja perfecta.

Aunque ambos tipos de amor mantienen algunos puntos en común me gustaría centrarme en uno de ellos: la pasividad de la mujer. En el amor cortés, ella es una noble quien representa la perfección física y moral, la que espera que su caballero realice hazañas para ganar sus afectos. En el amor romántico, ella es la princesa sumisa, débil y dulce, cuyo mayor sueño es casarse y ser feliz para siempre.

Los ingredientes mágicos del amor

Para Herrera el amor romántico se ha configurado de acuerdo a ocho mitos, que han resistido el paso del tiempo y en la actualidad se utilizan como “reglas” para establecer nuestras relaciones de pareja. Para analizar este tema pensé en utilizar diversos tipos de material artístico (series, películas, novelas, etc.), pero al final me decidí por las baladas y el pop en español que escuchaba en mi niñez y en mi adolescencia. Los invito a escuchar atentamente estas canciones e identificar cuántos mitos logran hallar en cada una de ellas.

1. Mito de la media naranja

Es uno de los mitos más difundidos, se basa en la creencia de que hay alguien predestinado para cada uno de nosotros y que sólo con esa persona nos sentimos completos.

En este tema de los 90, Fey nos enseña algunos de los sinónimos para referirse a su media naranja (mi complemento, mi otra mitad). Aunque le faltaron un par: alma gemela y el indicado para mí, supongo que no podía emplear tantos sinónimos en el estribillo de esta canción.

Tú, mi complemento, mi media naranja.
Yo te quiero sin cruzar palabra.
Si esto no es un sueño, eres mi otra mitad.
 

2. Mito de la exclusividad

Es la creencia de que el amor sólo se puede sentir por una sola persona pues vemos a nuestras parejas como propiedades privadas.

En esta canción, Paulina Rubio sabe que comparte un hombre con otra mujer, pero a pesar de esto aclara que él le pertenece, aunque sea a medias. Lo más sabio aquí sería aplicar la ley salomónica. ¿Qué mitad de tu amante prefieres, Paulina?

Mío, ese hombre es mío.
A medias pero mío, mío, mío.
Para siempre mío.
Ni te le acerques, es mío.
Con otra pero mío, mío, mío.
Ese hombre es mío.
 
3. Mito de la fidelidad
 

Tal como lo define Coral Herrera, este mito se basa en la “creencia de que todos los deseos pasionales, románticos y eróticos deben satisfacerse exclusivamente con una única persona”.

En esta balada, una sufrida Alejandra Guzmán lamenta haber mantenido relaciones sexuales con un muchacho paliducho y escuálido, todo lo contrario a su antiguo amante, quien por lo visto era un típico ejemplo del macho latino. Según ella, sólo su ex puede satisfacerla sexualmente.

 

Hacer el amor con otro, no, no, no.
No es la misma cosa, no hay estrellas de color rosa.
No destilan los poros del cuerpo,
ambrosía salpicada de te quiero.
Hacer el amor con otro no, no, no.
Es como no hacer nada, falta fuego en la mirada,
falta dar el alma en cada beso
y sentir que puedes alcanzar el cielo.

4. Mito de la perdurabilidad

Este mito se basa en la creencia de que el amor es eterno y que resiste el paso del tiempo.

Ricardo Montaner está tan enamorado que cree que seguirá amando a su pareja hasta después de la muerte. Su amor incluso va en contra de las leyes del  tiempo y del espacio.

Y te haré compañía
más allá de la vida,
yo te juro que arriba
te amaré más.
 

5. Mito del matrimonio o convivencia

Este mito se fundamenta en la idea de que el matrimonio es la última y la más grande prueba de amor. Si realmente estás enamorado no tienes otra opción más que casarte.

En este tema, Reyli nos muestra de manera explícita cómo el mito del matrimonio abarca varios de los ya mencionados antes (fidelidad, exclusividad y perdurabilidad). No hay duda de que Reyli cree en el amor romántico como base para el matrimonio tal como lo expresa en esta canción en la que el romanticismo está presente en todo su esplendor.

Cásate conmigo, amor. 
Caminemos de la mano,
cásate conmigo hoy,
quiero estar siempre a tu lado.
Eres el amor de mi vida,
cásate conmigo. 

6. Mito de la omnipotencia

Según este mito, el amor lo puede todo. A menudo se utiliza este recurso en las películas clásicas de Disney: la princesa sólo podrá ser salvada de una terrible maldición si recibe un beso de “verdadero amor”.

Laura Pausini está convencida de que su amor incondicional es lo único que necesita para regresar con su ex. Aunque en ningún momento sepamos cómo se siente el susodicho al respecto, ella sabe que volverán a ser pareja.

Volveré junto a ti, pues te quise y te quiero.
Volveré junto a ti, para siempre hasta el fin,
volveré porque en ti queda parte de mí.
 
7. Mito del libre albedrío
 

Este mito se fundamenta en la creencia de que nuestros sentimientos no son influenciados por la sociedad en la que vivimos, como si el amor no fuese una construcción cultural. Establece además el amor como un sentimiento incontrolable que sobrepasa la voluntad humana.

Para Alejandro Sanz no hay fuerza más grande que la del corazón, la cual se clava en el pecho de los enamorados cual flecha de Cupido: el sentimiento amoroso es espontáneo, inevitable e inmediato.

Y es la fuerza que te lleva,
que te empuja y que te llena,
que te arrastra y que te acerca a Dios.
Es un sentimiento, casi una obsesión
si la fuerza es del corazón.
Es algo que te lía, una descarga de energía
que te va quitando la razón,
te hace tropezar, te crea confusión,
seguro que es la fuerza del corazón.

8. Mito del emparejamiento

Mediante este mito se establecen las relaciones de pareja, es decir, de dos en dos, como algo natural.

El amor que siente Gianmarco es tan grande que sólo tiene ojos para su pareja, como si no existiese nadie más en el mundo.

Somos dos:
yo, el mar; y tú, la luna,
descubriendo
amor en la penumbra.
Somos dos
en un mismo universo,
compartiendo los dos el mismo sueño.
 

+ Los mitos del amor romántico en la cultura occidental. Coral Herrera Gómez.

Tres canciones de amorror

13 Feb

Esto es lo que pasa cuando el amor es sinónimo de horror: se convierte en amorror. Lana del Rey, Lady Gaga y Rihanna nos muestran cómo amar y sufrir al ritmo de sus amorrorosas canciones.

Lana del Rey sabe que el chico con el que anda no es bueno para ella, pero aún así lo quiere. Y mientras le pregunta si su amor será eterno, nos deja bien claro que ella realmente no sabe elegir bien a sus parejas en esta canción llamada “Diet Mountain Dew”.

A Lady Gaga no le importa si el chico con el que anda es malo y vengativo, sólo necesita estar con él porque, según ella, una mala relación es mejor que estar sola. Parece que la nueva reina del pop no cree en dichos populares como “mejor sola que mal acompañada”. ¿Te gusta la letra de “Bad romance“?

Rihanna y Eminem nos cuentan una terrible historia en la que el amor romántico y la violencia de género son los ingredientes de una combinación fatal. Envueltos en una relación de pareja llena de celos, golpes y amenazas, ambos nos muestran qué pasa cuando el amor se ha convertido en horror en “Love the way you lie“.

El amor después del amor

11 Feb

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Mientras que, desde hace varios años, las comedias románticas hollywoodenses siguen llenando la cartelera de historias color de rosa en donde el amor eterno y el final feliz son ingredientes obligatorios; un drama protagonizado por Ryan Gosling y Michelle Williams nos muestra el transcurso entre el enamoramiento y la ruptura amorosa y qué es lo que pasa cuando el amor de pareja no basta para ser felices por siempre.

Triste San Valentín es una de las pocas películas que he visto que, si bien parece tener todos los elementos propios de las comedias románticas, es diferente, principalmente por tres razones: primero, los personajes se alejan de los estereotipos de género (chica soñadora en busca del amor y chico mujeriego que huye del amor) tantas veces repetidos en filmes como  El diario de Bridget JonesLa cruda verdad y Contando a mis ex; en segundo lugar, la historia expone los problemas cotidianos en los que se puede ver envuelta una pareja (conflictos familiares, embarazos no deseados y encuentros sexuales fallidos); por último, y una de las cosas que más llamó mi atención, es que esta cinta no cree en finales felices ni en amores eternos.

Post 185 - El amor después del amor

Realmente amor

Las comedias románticas del cine mainstream norteamericano tienen una fórmula sencilla que repiten una y otra vez, con leves variaciones, hasta el hartazgo: chica conoce chico, se enamoran, surge alguna dificultad que los separa, y en la escena final se reúnen para vivir felices y comer perdices. Triste San Valentín comienza a la inversa, en las primeras escenas del filme somos testigos de las discusiones cotidianas de un joven matrimonio y luego, en saltos al pasado, vamos descubriendo cómo se conocieron y se enamoraron, por qué se casaron y, sobre todo, cómo es que ahora parecen estar a punto de separarse. La historia regresa al presente y vuelve al pasado revisando los momentos más importantes de la relación de ambos para mostrarnos  cómo las consecuencias de sus decisiones han provocado que hoy se encuentren en crisis.

Dean (Ryan Gosling) es un muchacho que, aburrido de estudiar, ha abandonado la escuela secundaria para ponerse a trabajar en cualquier oficio que no requiera de preparación académica alguna. Es así cómo se convierte en embalador de mudanzas y, al realizar el traslado de un anciano a un asilo conoce a Cindy (Michelle Williams), una adolescente que está ahí visitando a su querida abuela. La atracción entre ambos es inmediata, aunque por más que él intenta invitarla a salir, Cindy parece estar preocupada por un incidente ocurrido con su enamorado.

Pero el carisma y la ternura de Dean no tardan en hacer que Cindy comience una relación con él. Rodeados de la música que él interpreta y los bailes que ella realiza en plena calle, ambos dan rienda suelta a su alegría compartida. Hasta ahí todo nos hace pensar que se trata de una comedia romántica más, pero la historia cambia cuando ella descubre que está embarazada. A partir de ese momento, Triste San Valentín se aleja del esquema típicamente romántico y aborda temas más complejos como el aborto, las familias disfuncionales y los desacuerdos y diferencias en la pareja.

Pero otro de los aspectos, además de las muy buenas actuaciones de Gosling y Williams, que logra una representación más cercana a la realidad, es que ambos personajes rompen con los esquemas: Dean es un hombre sensible que cree en el amor a primera vista, es un padre cariñoso y tiene una relación muy cercana con Frankie, la hija de ambos, no tiene interés alguno en ser exitoso económicamente y antes de conocer a su esposa era un chico solitario, lo más alejado del mujeriego empedernido que suele protagonizar las comedias románticas.  Por otro lado, Cindy no tenía como máximo sueño casarse y formar una familia, ella, desde muy joven, estuvo sumamente interesada en su desarrollo profesional. Ambos no concuerdan con el estereotipo masculino y femenino que las historias de amor cinematográficas replican una y otra vez.

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Final infeliz             

A través de escenas que tienen cierta conexión, la película logra una narración efectiva en la que un evento del presente trae a la memoria un suceso del  pasado y poco a poco vamos entendiendo mejor qué ocurre con este matrimonio en el que se percibe una tensión constante y una falta de contacto afectivo. Después de cinco años juntos, Dean es pintor de casas, Cindy trabaja como enfermera en un hospital y ambos se encargan de la crianza de su pequeña hija Frankie.

Para escapar de la rutina familiar, él decide invitar a su esposa a un motel y elige  una habitación que ofrece una decoración futurista. Este detalle resulta curioso, pues de alguna manera se muestran los tres tiempos: los recuerdos del pasado, las tensiones del presente y los conflictos que determinarán el futuro de la pareja. Entre las cuatro paredes de esa oscura habitación, saldrán a la luz los problemas que existen entre ambos y que irremediablemente harán que la separación sea la única salida para una relación que ya ha llegado a su fin.

+ Título: Triste San Valentín (Blue Valentine). Director: Derek Cianfrance. Guión: Derek Cianfrance, Cami Delavigne y Joey Curtis. Género: Drama.  País: Estados Unidos.  Año: 2010.

Ámate

7 Feb

El primer requisito indispensable para ser libre es el amor propio.

No San Valentín Edición 2013

6 Feb

Cuando la Bella se enamora de la Bestia

14 Feb

Bella es una humilde, hermosa y amable joven que, con tal de proteger la vida de su padre, sacrifica su libertad y sus sueños al convertirse en prisionera de la horrible, violenta y dominante Bestia. Pero la magia de Disney no tarda en convertir esta terrible historia en un cuento de hadas en el que ella, al parecer presa del síndrome de Estocolmo, se enamora de él.

Con el cine me pasa lo mismo que con la literatura: cuando vuelvo a ver una película o a leer un libro después de varios años encuentro cosas que antes ni siquiera había intuido que estaban ahí. Ahora que he vuelto a ver La Bella y la Bestia de Disney me ha pasado exactamente eso.

Hace más de dos décadas atrás mis ingenuos ojos de niña de 8 años sólo encontraron en esa historia la conocida moraleja que dice que la belleza está en el interior, pero ahora mi mirada de mujer al borde de los 30 años sólo encuentra algo inquietante que se repite a lo largo de toda la película: la violencia de género.

La belleza está en el interior

La Bella y la Bestia, al igual que otros cuentos de hadas tradicionales de Europa, posee muchas versiones, pero el filme de Disney se basa en una de las más difundidas, escrita por la francesa Jeanne-Marie Leprince de Beaumont en 1757.

Esta historia, aunque presenta ciertas variaciones, mantiene los elementos esenciales del cuento original: Bella es una joven de origen humilde y de espíritu soñador -que vive con Maurice, su padre, en un pequeño pueblo – y cuyos atributos más destacables son la gran belleza que posee y su gusto por la lectura.

Cierta noche, tras encontrarse perdido en medio del bosque, Maurice se refugia en un enorme castillo que parece estar abandonado.  Sin embargo, al entrar descubre que allí vive la Bestia, un horrible ser que de inmediato lo recluye en una celda. Bella no tarda en ir en busca de su padre y, al verlo encerrado en los calabozos del castillo, decide ofrecer su vida a cambio de la de él. Es así que ella se convierte en prisionera de la Bestia, que en realidad es un joven y apuesto príncipe, víctima de la maldición de una hechicera, que lo castigó por ser una persona egoísta y cruel.

La única manera de romper el hechizo es que el príncipe ame a alguien y que su amor sea correspondido, antes de que cumpla 21 años. ¿Pero quién podría amar a un ser tan monstruoso como él? ¿Quién podría ver que la belleza de la Bestia está en su interior? Pues nada más y nada menos que Bella, quien ha llegado justo a tiempo para convertirse en la salvación de la Bestia, y de paso para enseñarnos que el amor se forja en base a jaloneos, gritos, órdenes, amenazas y demás ejemplos de violencia verbal, física y psicológica.

La violencia está en el exterior

Sí, Disney nos vendió bien este cuento: La Bella y la Bestia era un ejemplo de que  la belleza está en el interior y -siendo niños-  creímos que esa era la gran moraleja oculta detrás de la película. Pero lo cierto es que no estábamos preparados para ver la violencia de género explícita que compone la base del argumento de esta supuesta historia de amor dirigida al público infantil. Ahora ya más grandes, podemos ver más allá de lo evidente, y encontrar escenas que se acercan más a las de un caso de abuso doméstico o de secuestro que a las de un cuento de hadas con final feliz.

Para comenzar, Bella es la representación de la mujer buena y sacrificada que siempre piensa en los demás antes que en ella misma: salva a su padre ofreciendo su propia libertad a cambio y luego, en un intento fallido por escapar del castillo, cura las heridas de la Bestia a pesar de los maltratos que ha sufrido por parte de este. Es decir, pierde la única oportunidad que tenía de huir para volver al encierro al que él la ha confinado. Es así que poco a poco, guiada por su irremediable bondad y su ilimitada paciencia, ella es capaz de ver en su captor la amabilidad y la generosidad que se esconden detrás de un ser malo y ruin, tal como lo expresa en esta canción:

¿Acaso Bella no es el ejemplo de muchas mujeres que creen que su amor es capaz de transformar a un ser brutal y agresivo, como sus parejas, en un ser bondadoso que aprende a amar?  Ella salva a la Bestia de la muerte, pidiéndole a gritos que no la abandone en un acto que parece guiado más por la necesidad de sentirse protegida –por la costumbre de ser maltratada o por el miedo a estar sola– que por amor.

Luego tenemos a la contraparte de esta historia: la Bestia, un ser iracundo y prepotente, cuya monstruosidad no se encuentra solo en su apariencia sino en su interior. ¿Cuál es la supuesta belleza que Bella tiene que encontrar en él si lo único que recibe de su captor –al menos durante la primera parte de la película- son agresiones de todo tipo, desde gritos hasta jaloneos y amenazas?

La Bestia es una representación acertada del hombre que, víctima de algún sufrimiento –en este caso una maldición- descarga su ira contra los demás -en especial contra su prisionera- y no se hace responsable por las consecuencias de su mal genio. Se supone que el público infantil debe sentir compasión y hasta simpatía por él. Porque después de todo, es un pobre príncipe convertido en monstruo, aislado del mundo y con graves problemas psicológicos.

La Bella y la Bestia no es más que una justificación de la violencia de género, tanto por parte del que la ejerce como de quien la sufre. Mientras el personaje masculino transforma su tristeza en una furia descontrolada, el carácter del personaje femenino raya en los extremos de la tolerancia y la devoción.

* Y si todavía no crees que La Bella y la Bestia es un ejemplo de violencia contra la mujer, después de escuchar esta canción de Porta -un rapero español que se inspiró en este cuento de hadas para contarnos una terrible historia de abuso y maltrato– prepárate para decirle adiós a una de las películas que marcaron tu niñez.

Aquí está la letra de la canción, que por cierto vale la pena leer.

+ Título: La Bella y la Bestia (Beauty and the Beast). Directores: Gary Trousdale y Kirk Wise. Guión: Linda Woolverton. Género: Animación/Infantil  País: Estados Unidos.  Año: 1991.