Tag Archives: tercera edad

«Sabor de vendimia»

27 May

Post 676 - Sabor de vendimia

Recuerdo el terror de las primeras arrugas.
Pensar: Ahora sí. Ya me llegó la hora.
Las líneas de la risa marcadas sobre mi cara
aun en medio de la más absoluta seriedad.

Yo, frente al espejo,
intentando disolverlas con mis manos,
alisándome las mejillas, una y otra vez,
sin resultado.

Luego fue la mirada furtiva de mi reflejo
en los escaparates
preguntarme si la luz del día las haría más evidentes,
si el que me observaba desde la otra acera
estaría censurando mi incapacidad de mantenerme joven,
incólume ante el paso del tiempo.

Viví esas primeras marcas de la edad
con la vergüenza de quien ha fallado.
Como una estudiante que reprueba el examen
y debe caminar por la calle
con las malas notas expuestas ante todos.

Las mujeres nos sentimos culpables
por envejecer,
como si pasada la juventud de la belleza,
apenas nos quedara que ofrecer,
y debiéramos hacer mutis;
salir y dejar espacio a las jóvenes,
a los rostros y cuerpos inocentes
que aún no han cometido el pecado
de vivir más allá de los treinta o los cuarenta.

No sé cuándo dispuse rebelarme.
No aceptar que sólo se me concedieran como válidos
los diez o veinte años con piel de manzana;
sentirme orgullosa de las señales
de mi madurez.

Ahora,
gracias a estos razonamientos
cada vez me detengo menos
frente al espejo.
Paso por alto
la aparición de
inevitables líneas
en el mapa de vida del rostro.

Después de todo,
el alma,
afortunadamente,
es como el vino.
Que me beba quien me ame,
que me saboree.

Gioconda Belli
(Nicaragua, 1948)

Anuncios

Las brujas no se quejan

1 Feb

Post 638 - Las brujas no se quejan

La etapa de la vejez es una época de «maduración» en la que las mujeres pueden consagrar su tiempo, energía y creatividad a lo que en realidad les importa. En Las brujas no se quejan. Un manual de sabiduría concentrada, Jean Bolen nos obsequia con su proyecto: las ancianas no se quejan. Al contrario, las ancianas son atrevidas y confían en sus propios instintos.

No imploran; en cambio, sí meditan. Eligen su camino con el corazón. Poseen la fiereza del que defiende lo que más le importa. Dicen la verdad con compasión. Escuchan su cuerpo, se reinventan a sí mismas en función de sus necesidades y saborean la parte positiva de sus vidas.

«Cogería más margaritas»

4 Nov

Post 600 - Cogería más margaritas

Si pudiese volver a vivir mi vida,
procuraría equivocarme más a menudo.
No me esforzaría tanto. Sería más flexible.
Haría más insensateces de las que hice en este viaje.
Sería más alocada. Y menos escrupulosa.
Me arriesgaría más. Viajaría más.
Escalaría más montañas, nadaría en más ríos, contemplaría más puestas de sol.

Gastaría más gasolina. Comería más helados y menos frejoles. Tendría más preocupaciones reales y menos imaginarias. Porque yo soy una de esas personas que viven de manera previsora, con cordura y sensatez,
a todas horas, día tras día.

Oh, desde luego, también he tenido mis momentos buenos
y, si volviera a nacer, tendría más.
En realidad, procuraría tener sólo eso, momentos buenos y nada más, uno tras otro.
En vez de vivir cada día con la mirada puesta en los años venideros.
Yo he sido una de esas personas que no van a ninguna parte sin un termómetro, una bolsa de agua caliente, un producto para hacer gárgaras, un impermeable y un paracaídas.

Si tuviese que repetirlo todo de nuevo, iría a otros lugares y haría cosas
y viajaría más ligera de equipaje.
Si tuviera que volver a vivir mi vida, empezaría a andar descalza
desde los primeros días de la primavera y no me calzaría hasta bien entrado el otoño.
Faltaría a la escuela más a menudo. No sacaría tan buenas notas,
salvo por casualidad.
Me montaría en más carruseles.

¡Cogería más margaritas!

Nadine Stair

«Advertencia»

5 Ago

Post 561 - Advertencia

Cuando sea vieja, vestiré de morado,
con un sombrero rojo que ni haga juego,
ni me quede bien,
y me gastaré el dinero de mi jubilación
en coñac y guantes de verano,
y sandalias de raso.
Y diré que no hay dinero para mantequilla.
Me sentaré en el pavimento
cuando esté cansada
y devoraré muestras de las tiendas
y oprimiré los botones de alarma
y rasparé con mi bastón los barandales de las calles.
Y compensaré la austeridad de mi lejana juventud.
Saldré a caminar bajo la lluvia en zapatillas,
y arrancaré flores de jardines ajenos
y aprenderé a escupir…
Pero, tal vez debiera practicar un poco todo eso desde ahora.
Así la gente que me conoce no se asombrará,
ni se escandalizará al ver que, de pronto,
soy vieja y me empiezo a vestir de morado.

Jenny Joseph
(Estados Unidos, 1932)

 

«Trenzaré mi tristeza»

6 Jul

Post 548 - Trenzaré mi tristeza

Decía mi abuela que cuando una mujer se sintiera triste lo mejor que podía hacer era trenzarse el cabello; de esta manera el dolor quedaría atrapado entre los cabellos y no podría llegar hasta el resto del cuerpo; había que tener cuidado de que la tristeza no se metiera en los ojos pues los haría llover, tampoco era bueno dejarla entrar en nuestros labios pues los obligaría a decir cosas que no eran ciertas,  que no se meta entre tus manos– me decía-  porque puedes tostar de más el café o dejar cruda la masa; y es que a la tristeza le gusta el sabor amargo. Cuando te sientas triste niña, trénzate el cabello; atrapa el dolor en la madeja y déjalo escapar  cuando el viento del norte pegue con fuerza.

Nuestro cabello es una red capaz de atraparlo todo, es fuerte como las raíces del ahuehuete y suave como la espuma del atole.

Que no te agarre desprevenida la melancolía mi niña,  aun si tienes el corazón roto o los huesos fríos por alguna ausencia. No la dejes meterse en ti con tu cabello suelto, porque fluirá en cascada  por los canales que la luna ha trazado entre tu cuerpo. Trenza tu tristeza, decía,  siempre trenza tu tristeza

Y mañana que despiertes con el canto del gorrión la encontrarás pálida y desvanecida entre el telar de tu cabello.

Paola Klug

(México, 1980)

¡Supéralo!

12 Jul

Post 236 - Supéralo

La abuela no tiene ningún problema con la orientación sexual de su nieta y con este cartel nos dice ¡alto a la lesbofobia!

 

«Desafío a la vejez»

11 Ene
Fotografía de Sandy Powers

Fotografía de Sandy Powers

 

Cuando yo llegue a vieja
-si es que llego-
y me mire al espejo
y me cuente las arrugas
como una delicada orografía
de distendida piel.
Cuando pueda contar las marcas
que han dejado las lágrimas
y las preocupaciones,
y ya mi cuerpo responda despacio
a mis deseos,
cuando vea mi vida envuelta
en venas azules,
en profundas ojeras,
y suelte blanca mi cabellera
para dormirme temprano
-como corresponde-,
cuando vengan mis nietos
a sentarse sobre mis rodillas
enmohecidas por el paso de muchos inviernos,
sé que todavía mi corazón
estará -rebelde- tictaqueando
y las dudas y los anchos horizontes
también saludarán
mis mañanas.

Gioconda Belli

(Nicaragua, 1948)