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«Tú no conoces a la Prinz»

16 Dic

Tú no conoces a La Prinz

Si no conoces a la Prinz, en esta canción, que es un testimonio lleno de impotencia y dolor, podrás escuchar parte de la historia de su vida como joven madre soltera de un niño autista.

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Durmiendo con el enemigo

25 Oct

Post 283 - Durmiendo con el enemigo

“La gente tiende a creerse el mito que las mujeres son las culpables
por la violencia que los hombres perpetran contra ellas.
Es por eso que hombres abusivos afirman que sus víctimas femeninas
lo merecían, lo querían o lo estaban pidiendo”.
(Anita Sarkeesian)
 

Llevábamos aproximadamente seis meses viviendo juntos la noche que él me golpeó. Durante un buen rato habíamos estado discutiendo a oscuras en la cama de nuestro dormitorio hasta que él, al parecer cansado de verme llorar, se dio media vuelta y se quedó en silencio. Desde el borde de la cama vi cómo me daba la espalda, ignorando así lo triste que yo me sentía. Ese gesto suyo de indiferencia me dolió muchísimo y la rabia escondida dentro de ese dolor me llevó a insultarlo -algo que entre nosotros no ocurría-. Eres un huevón (palabra que acá en Perú tiene significado de cobarde o pusilánime), le dije, y luego me acosté al otro lado de la cama, dándole la espalda.

Fue entonces cuando comenzó mi pesadilla: él volteó bruscamente y estiró sus brazos hacia mi espalda, empujándome con tal fuerza que, envuelta en la sábana, caí al piso con las rodillas y las manos en el suelo. Así, estando yo en cuatro patas, él se colocó sobre mí, con sus piernas a cada lado de mi espalda y, agachándose, me cogió del cabello y comenzó a empujar mi cabeza como si quisiera golpearla contra el piso. En medio del aturdimiento, con el corazón sobresaltado, mantuve mi cuello lo más rígido que pude y él, luego de empujar varias veces mi cabeza sin lograr golpearla contra el suelo, se detuvo y me dejó sola en la habitación.

Temblando y sollozando, en pleno shock, me quedé quieta ahí durante unos minutos, sin saber qué hacer. No podía entender cómo el chico más tierno y cariñoso que yo había conocido podía haberme golpeado. Y tampoco entendí, en ese entonces, cómo -luego de verlo llorar arrepentido y prometer que jamás volvería a lastimarme- pude perdonarlo por lo que hizo y seguir a su lado.

Durante mucho tiempo he ocultado este episodio de mi vida, él y yo decidimos guardarlo como un secreto, de esos terribles que nunca se cuentan a nadie: ni a mamá ni a las mejores amigas. Y quizás lo hubiera mantenido bajo siete llaves si no fuera porque hace unos meses atrás, en una de las últimas conversaciones que tuve con él -luego de nuestra separación- me culpó por su violencia. “Me puse así porque tú me provocaste. Ahora sé que con ella (su nueva pareja, persona con la cual me fue infiel) jamás lo volveré a hacer”, esas fueron sus palabras. Es decir que su ira era culpa mía, su falta de autocontrol era mi responsabilidad, sus golpes y sus gritos los provoqué yo, por eso me los merecía.

En ese momento fue cuando me di cuenta que -a diferencia de mí- él no había aprendido nada de lo ocurrido. Mientras sigue evadiendo la responsabilidad sobre sus acciones y continúa mirando hacia afuera para encontrar un culpable a quien acusar por lo que hizo, yo he asumido el error que representó permanecer en una relación con un hombre violento y cobarde como él y he mirado dentro de mí misma para encontrar a esa mujer que ahora sabe que jamás volverá a permitir que ni su pareja ni nadie cometa alguna agresión contra ella. Mientras él sigue siendo un ejemplo del machismo y seguirá utilizando su fuerza bruta para ejercer su dominio sobre las mujeres, yo soy una activista feminista que hoy se atreve a confesar que fue agredida física y verbalmente, pero que sabe que no es una víctima sino una sobreviviente de la violencia de género: una mujer que ya no tiene miedo, que ya no calla, una mujer que cuida de sí misma y que se ama.

 

Ella baila sola

18 Ago
Post 253 - Ella baila solaCuando corría no tenía que hablar con nadie ni que escuchar a nadie.
Bastaba con contemplar el paisaje que me rodeaba y mirar hacia mi interior.
Eran momentos preciosos e insustituibles.
(Haruki Murakami, De qué hablo cuando hablo de correr).
 

Acabo de descubrir que la palabra soltera, además de significar “no casada”, también significa “suelta o libre” y desde hace varios meses –luego de haber terminado una larga relación de pareja- yo ando suelta y libre disfrutando de lo mejor de estar soltera: el haber recuperado y redescubierto mi soledad.

Quizás a veces sólo hace falta mirar las mismas cosas con otros ojos para tener una nueva perspectiva de lo que ocurre dentro y fuera de nosotras. Digo esto porque si bien mi triste soledad –acompañada de literatura, música y cine- durante mi adolescencia fue sinónimo de refugio contra el mundo exterior; ahora mi alegre soledad –acompañada de literatura, música y cine- es sinónimo de hogar en el que exploro mi mundo interior.

La idea de escribir acerca de estar sola vino a mí de repente en las últimas semanas, y es que sucede que –mientras meditaba al amanecer, corría por el parque de mi casa, escribía poemas en el microbús, leía a Murakami echada en mi cama, disfrutaba de mis encuentros sexuales conmigo misma, caminaba por las calles vespertinas, bailaba como loca en el baño o paseaba en bicicleta bajo la lluvia nocturna- la soledad me asaltaba de pronto y fue entonces cuando comencé a preguntarme qué significaba para mí estar sola ahora y por qué, para sorpresa mía, lo disfrutaba tanto.

Creo que tiene que ver esencialmente con la época que estoy viviendo, una en la que, luego de la tormenta propia de una ruptura sentimental, he encontrado la calma que me ha permitido enfocarme nuevamente en mis tres autos favoritos: el autoconocimiento, la autoestima y la autonomía. Ahora el eje de mi vida es la creación artística y el desarrollo de mis dos proyectos (Chicas Malas y otro blog -lleno de amor propio femenino- que pronto estrenaré) y la prioridad de mis días es, como diría Murakami, “repartir ordenadamente el tiempo y las energías” para hacer realidad mis sueños y, por supuesto, para darle a mi cuerpo, mi mente y mi espíritu todo el cuidado y cariño que se merecen.

Tal vez ese sea el motivo por el cual las actividades que realizo acompañada de mí misma se multiplican a medida que me doy cuenta de cuánto disfruto estando sola. El silencio y la ausencia de otra persona alrededor me da el poder de conectarme con mis pensamientos, mis deseos y mis emociones sin testigo alguno: libre de otras miradas puedo desnudarme en cuerpo y alma ante mí misma. Y aunque parezca contradictorio, a medida que disfruto más de mi soledad, me gustan más los momentos que comparto con otras personas. Y es que me gusta bailar sola a mi propio ritmo, pero también me gusta danzar con otros y aprender nuevos pasos.

Mi grito no es de dolor

21 Jul

Post 241 - Mi grito no es de dolor

Con amor para todas las mujeres que están aprendiendo a amarse a sí mismas.

“Yo no sufro, no se crea,
mi grito no es de dolor,
voy a agarrar a las penas
y voy a cambiarles el color”.
(Paloma del Cerro)
 

No es la primera vez que al conversar con algún amigo sobre mi reciente ruptura sentimental (con una persona con la que compartí mi vida durante los últimos seis años), note cierto tono condescendiente o incrédulo en él cuando le digo que el término de esa relación fue lo mejor que pudo pasarme. Esto ocurre cuando hablo con hombres sobre el tema, mas no cuando lo hago con mujeres, quienes usualmente -quizás inspiradas en sus propias experiencias- suelen creer en mi palabra.

Esta actitud masculina me hizo pensar en que quizá el motivo de la desconfianza de ellos esté relacionado con la razón de la ruptura: la infidelidad de mi ex pareja. Y es que en una sociedad machista como la nuestra se premia socialmente la infidelidad masculina -cosa muy opuesta a lo que ocurre con la femenina-, se valora positivamente al hombre infiel por su supuesta capacidad viril para estar con dos mujeres al mismo tiempo o por la facilidad con que -una vez puesto al descubierto- parece reemplazar a una por otra, como si nosotras fuésemos objetos o trofeos que determinan el valor que él tiene ante la mirada de sus pares masculinos.

En esta dinámica, las mujeres que somos engañadas pasamos a ser las víctimas: las que han sido lastimadas, abandonadas y reemplazadas; y por ello el paternalismo suele aflorar en los hombres, quienes nos ven como las que lo perdieron todo. Es verdad que el descubrir que él me era infiel fue algo doloroso y yo opté por hablar de mis pensamientos y sentimientos al respecto una y otra vez con las personas más cercanas a mí; es cierto que al inicio reprimí mi rabia por un tiempo hasta que decidí liberarla, corriendo el riesgo de convertirme en una histérica, ya que según el modelo patriarcal en el que vivimos es mejor que nosotras callemos y que experimentemos el dolor a solas y en silencio. Pero cuando por fin me di permiso para sentir lo que sentía, pude expulsar de mí la rabia contenida y llamar así a la calma que hoy siento.

Hablar sobre experiencias como ésta no nos hace más vulnerables, nos hace más honestas: verbalizamos nuestros pensamientos y le damos voz  a nuestras emociones. Hablar de ello no tiene nada de malo, el pasado es nuestro punto de referencia: de él aprendemos en qué nos equivocamos y qué cosas no queremos repetir en el futuro y, sobre todo, en el presente. Hablar abiertamente sobre el tema, si es que alguien lo pregunta o lo menciona, es aceptar que mi ex pareja traicionó mi confianza y que eso me dolió, pero que mi vida continúa y que mi historia de amor (propio) recién comienza.

Teniendo en cuenta que es la honestidad la cualidad que más valoro en mí y en los demás, yo no he perdido a nadie -o al menos no a nadie que valga la pena tener en mi vida- por el contrario, me he recuperado a mí misma. Él, con su traición, escribió el último capítulo de nuestra historia; pero yo, con mi amor propio, le puse el punto final.

En la filosofía zen se cree que cada persona que se cruza en nuestro camino es nuestro maestro, está ahí para enseñarnos algo. Al engañarme él me ha dado una gran lección -sobre la confianza y la honestidad- que me ha ayudado a fortalecerme y a madurar. Por eso, quizás algún día deba decirle: gracias por enseñarme lo que es la traición.

Ahora mi tiempo y mi espacio son míos y los empleo, entre otras cosas, en conocerme, disfrutarme y amarme, en dejar fluir mi energía creativa y en conectarme emocionalmente con las personas que me rodean.  Soy yo otra vez, llena de sonrisas, de buen humor, de proyectos que me entusiasman día y noche.  Ahora sé que esa persona honesta, inteligente, divertida, talentosa, guapa y maravillosa que me dijeron que iba a conocer después de él, soy yo.

Hoy, en la mitad de mi vida, puedo decir que soy consciente -ahora más que nunca- que he venido a este mundo para reír, para llorar, para amar, para luchar, para aprender y para crecer pero, sobre todo, para gozar hasta que me ausente.

Por eso si me oyes gritar, escucha bien: mi grito no es de dolor, es un grito de libertad.

«La noche de Jhinna»

29 Ago

La noche de Jhinna

Jhinna Pinchi es una joven peruana proveniente de la selva que, en el 2007, estaba en busca de trabajo para continuar sus estudios de Administración y así poder ayudar a sus padres con los gastos familiares.

Por ese entonces, un conocido cosmetólogo de su barrio le ofreció un trabajo como anfitriona en una empresa ubicada en Piura y ella aceptó viajar hasta allá sin imaginar que, al llegar a dicha ciudad, sería secuestrada, violada, drogada y embarazada, luego de haber sido obligada a prostituirse, convertida en una esclava más de Carlos Chávez, el dueño del night club La noche.

Casi tres años después, Jhinna logra escapar del infierno en el que vivía y, llena de valentía, va en busca de justicia. Ella es la primera mujer en el Perú que ha denunciado el tráfico humano y la explotación sexual a los que fue sometida. Por eso hoy en día es considerada un símbolo de la lucha contra la esclavitud del siglo XXI: la trata de personas.

 Nosotras también exigimos Justicia para Jhinna, ¿y tú?

+ Título: La noche de Jhinna. Directores: Jerónimo Centurión y Natalia Vizcarra. Género: Documental. País: Perú. Año: 2011.

 

Cría hijas y te sacarán los ojos

4 Mar

 

Sobre el escenario tres mujeres nos cuentan sus vidas, pero al hacerlo se narran a sí mismas; retroceden en el tiempo y recogen las memorias familiares más íntimas de abuelas, madres e hijas para reírse de la maternidad y otros males en Criadero, instrucciones para (NO) crecer, obra teatral escrita y dirigida por Mariana de Althaus.

Desde las inolvidables historias de las mujeres que las antecedieron, como sus abuelas; pasando por las aventuras prenatales que vivieron en el vientre de sus madres hasta el instante en que ellas mismas se convirtieron en mamás; Alejandra Guerra, Lita Baluarte y Sandra Requena nos envuelven en divertidos y conmovedores testimonios cotidianos, en un intento de desmitificar la maternidad a través de la mejor arma terapéutica: la risa.

 

A medida que avanza el llamado reloj biológico femenino, es cada vez más común escuchar la odiosa pregunta: “¿Y cuándo vas a tener hijos?, que ante la negativa o duda se convierte en “¿Por qué no quieres tener hijos?”; que a su vez,  frente a la explicación breve y firme de mis motivos personales (que con el paso del tiempo van multiplicándose velozmente) para no embarazarme, se transforma en una sentencia del tipo: “Pero una familia no está completa sin un hijo” o peor aún, la clásica frase “Una mujer sólo se siente completamente realizada cuando es madre”.

Lo cierto es que, a diferencia de, probablemente, la mayoría de mujeres (y hombres) que conozco, nunca he visto la maternidad como una experiencia de realización personal, sino más bien como una carga (física y emocional), muchas veces, innecesaria. Después de haber ayudado, desde pequeña, en el cuidado de mis tres hermanos menores, creo que tengo razones de sobra para pensar que criar hijos es una de las cosas más difíciles que existe. Y que por supuesto, casi nunca es un jardín de rosas sino más bien un camino lleno de espinas. Por eso mismo es que más que una obligación social, creo que convertirse en madre debería ser una elección muy bien pensada. Quizá esta perspectiva nada idealista acerca de tener hijos fue uno de los motivos personales que hicieron que me gustara Criadero, una obra de teatro en la que tres mujeres jóvenes abordan el lado oscuro de la maternidad, como malas buenas madres que son.

 

Tres tristes malcriadas se ríen de sí mismas

Criadero es un drama de la vida real o un biodrama salpicado de leche materna, como dice parte de la reseña de la obra. A través del teatro testimonial, y a manera de los populares e innumerables reality shows que existen hoy en día; Guerra, Baluarte y Requena cuentan, en primera persona, sus historias como mujeres, hijas y mamás, ahondando en el tema de la crianza y sin miedo a hablar de sus miedos maternos. Haciendo uso de diversos materiales para reafirmar la validez de sus relatos personales, como fotos familiares de sus abuelas y madres, y audios o videos caseros de sus hijos,  la puesta en escena convierte al público en testigo cercano de la niñez pasada y la maternidad (siempre) presente de las tres actrices.

En una hora y media vemos cómo estas mujeres se mueven sobre la delgada línea de la ficción y la realidad en un monólogo fascinante y perturbador. Ellas se transforman en niñas y luego en mujeres otra vez, para contarnos sus embarazos (planificados o inesperados), sus dramas infantiles,  su soledad en pareja, la relación (buena, mala o regular) con sus madres y con sus hijos, pero sobre todo, lo difícil que es ser mamá.

Sobre el escenario, en vez de llorar ellas bailan y se ríen de sus propios dramas: el dolor del parto, el estrés de cada día que provoca la crianza de sus hijos, la tristeza o frustración que a veces ocultan ante ellos, el intento de asumir la maternidad de una manera diferente a la que vivieron ellas como hijas, y la destrucción del mito de la mujer maravilla postmoderna que lo puede todo: ser una buena madre, una exitosa profesional y una escultural belleza… y no morir (de aburrimiento, angustia o ansiedad) en el intento.

*Después de haber sido estrenada originalmente el 17 de setiembre de 2011, esta obra fue re estrenada el 9 de noviembre de ese año y ha vuelto a ser puesta en escena en una breve temporada que va desde el 16 de febrero hasta el 5 de marzo.

 + Criadero, instrucciones para (NO) crecer. Escrita y dirigida por Mariana de Althaus. Actúan: Alejandra Guerra, Lita Baluarte y Sandra Requena. Teatro del Centro Cultural PUCP (Av. Camino Real 1075, San Isidro). De jueves a domingo: entrada general S/. 25, estudiantes S/.15 y estudiantes PUCP S/. 10. Lunes populares: entrada general S/. 20. Venta de entradas: Teleticket y taquilla del teatro.

«Por lo bajo»

29 Dic

Almen Amen tiene tan sólo 18 años y rapea como no te lo imaginas.Vive en Santa Catalina y, con la ayuda de su hermano Fénix, graba por lo bajo canciones llenas de locura, fe y rebeldía.

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